EL membrillo en la antigua Grecia era el símbolo del amor y fecundidad, los membrilleros estaban consagrados a Afrodita, la diosa del amor. Los recién casados debían de comer uno antes de entrar en la habitación nupcial.
Parece ser que el árbol del membrillo se llama Cydonia oblonga. El nombrecito se las trae.
Este año mi Cydonia oblonga ha dado su fruto que son los membrillo y como parece ser que esta fruta no se come cruda, por ser muy seca y dura, he buscado la receta para hacer carne de membrillo.
" ¡Castañas! ¡Castañas!
¡Castañas asadas!
¡Castañas! ¡Castañas!
¡Castañas tostadas!
¡Castañas! ¡Castañas!
¡Calientes y sanas!"
Y los niños que salían de la escuela, fueron corriendo
y muchos se quemaron por no esperar un momento.
Cuando terminó de cantarla dijo:
¿No sacas los cuernos? –Pues entonces castañas- y la echaba a la cesta. - ¿No sacas los cuernos? –Pues entonces castañas- y otra a la cesta. Esta vez no se equivocó, volvió a su casa muy contenta con la cesta llena y empezó a asarlas, mientras gritaba:
“Caracol, col, col,
saca los cuernos al sol
que tu madre y tu padre
ya los sacó”
¿Un caracol debajo de un botón,…? - ¡No, así no!- ¿Un caracol se comió una col…? -No, así tampoco- ¿Un caracol en un cajón…? -No, así no- Un caracol se rompió el pantalón…? -No, así tampoco- Hasta que la final se acordó de la canción:
Se dio cuenta que en lugar de castañas había cogido caracoles. Había por todos los sitios: en la mesa, en el suelo, en la pared, y… hasta en el techo… Volvió corriendo al bosque para buscar castañas. Pero… ¿cómo haría para no volver a equivocarse? Pensó, pensó y pensó, hasta que se acordó de una canción que le cantaba su abuela sobre los caracoles, pero no se acordaba:
Empezó a llover y entre las gotas que caían al suelo, la castañera vio una castaña que andaba. - ¿Cómo puede ser?- pensó. - ¡Las castañas no andan!-. Pero… - ¡si tienen cuernos!- gritó. - ¡Las castañas no tiene cuernos!- pensó de nuevo.
Un día vio que había muchas y empezó a recogerlas. - ¡Castaña… a la cesta!– decía muy contenta. - ¡Castaña… a la cesta!– al coger otra. Cuando tuvo la cesta bien llena, se fue a su casa y encendió el fuego para asar las castañas. Pero, … - ¡Ay! ¿Y las castañas? ¿Dónde están?- La cesta estaba completamente vacía. No quedaba ni una.
CALANDRIA LA CASTAÑERA
Calandria, la castañera, vivía en una casa del bosque. No oía bien y no tenía buena vista porque tenía muchos años. Llevaba siempre un gran delantal, un pañuelo en la cabeza, una toquilla de lana y una cesta en la mano. Cuando comenzaba el otoño iba por el bosque recogiendo castañas.
Y a mi el otro día todo lo que puse sobre el partido de la semana
Con lo que te gusta a tí el futbol y te los quitaron.
No jorobes, con el trabajo que me ha costado.
Y a mi el otro día todo lo que puse sobre el partido de la semana
J. A, te dejo me tengo que ir.
Y los chistes como no le gusten al moderador, tambien te los quital