Iba dejando caer las virutas en un tarro de cristal y sonreía.
El lápiz rosa.

El lápiz rojo.

El lápiz marrón.

El lápiz blanco.
Y por eso ahora la niña afilaba sus lápices de colores y sonreía.
Porque alguien, no se sabe quién, le había contado que si guardaba las virutas de los lápices de colores en un tarro y lo deseaba con mucha, mucha fuerza, al día siguiente se habrían convertido en preciosas mariposas de colores.
Uno por uno los afilaba y trataba de imaginar cómo serían las mariposas en que se transformarían.
La niña afilaba sus lápices de colores y sonreía.
Mariposas y Virutas
…En el dormitorio de Aura, a la luz de la luna, el Hada del Sueño arropó a la niña, acarició sus párpados cerrados, sonrió ante su sonrisa y, silenciosamente, se marchó dejándola a solas con sus ovejas, sus wombats, sus hadas y sus elfos.

Fin
Y entre risas, saltos y bailes se fue, siguiendo sus pasos, por el camino azul…
Siguió contemplando el fantástico desfile hasta que alguien la tomó de la mano y la animó a unirse a ellos.
-Un duende, dos gnomos, tres hadas, cuatro brujas, cinco elfos, seis ogros, siete princesas, ocho príncipes, nueve magos, diez elfos… Esto de contar es muy aburrido – dijo Aura con un bostezo.
Miró a la izquierda, miró a la derecha, miró al frente y vio acercarse un curioso cortejo. Aura contó:
-Nada, que esta noche no voy a dormir -pensó- ¿Qué otra cosa podré contar?
Hasta que se dio cuenta de que no tenía por qué ir tras ellos y se sentó al borde de un camino de color azul.
La niña los siguió, los persiguió, corrió, casi galopó tras los canguros fugitivos.