Si quereis que os publiquen fotos poner de San Antonio.
Eso, eso.
Si quereis que os publiquen fotos poner de San Antonio.
Los franciscanos –herederos San Francisco- fueron los primeros impulsores de la devoción. Ya en aquella época, en monasterios y palacios nobles se empezaron a hacer representaciones escenográficas del Belén, con sus piezas clásicas.
San Antonio pertenecia a la orden franciscana de San Francisco de Asis.
Ya aquí aparecen definidas las tipologías de los personajes reales: tres Reyes Magos, uno sin barba, otro con barba negra y un tercero con ésta canosa, estableciendo una diferenciación de edad, simbolizando las edades del hombre: juventud, madurez y senectud.
En San Apolinar el Nuevo, de Rávena, Italia, hay una bellísima pieza del siglo VI, una joya musivaria, en la que aparecen los tres Reyes Magos, lujosamente vestidos y sobre un fondo de palmeras, portando unas ricas bandejas plateadas para obsequiar al niño, que está en brazos de la madre.
Los asuntos vinculados al nacimiento continuaron interesando. El Papa Sixto III (432-440) encargó una reproducción de la “cueva” de Belén, en recuerdo pío del lugar del nacimiento de Jesús.
El algún sepulcro del IV se pueda ver también al niño Jesús en el pesebre, entre un buey y un asno, tema que tenía relación con el arte sepulcral, pues sirve para aludir al inicio de la vida, al paso del tiempo.
Ya en las catacumbas se hicieron imágenes en las que aparece la Virgen con su hijo en brazos, y unos magnates, los magos, ataviados a la usanza persa.
Hace mil años, poco margen quedaba a los humildes para pensar en artes. Sólo con la superación de las estrecheces medievales, se pudo pensar en hacer un arte popular y sencillo para conmemorar la Epifanía.
Ni el abad ni el siervo pensaban aún en belenismos de ninguna clase.
Allá por el medievo, mientras el abad presidía en Navidad las solemnidades liturgicas del monasterio, el campesino se contentaba con un condumio sencillo, algo más notable que otros días: alguna gallofa, castañas asadas, requesón y vino. …Y canciones, muchas canciones, que esas salían gratis.
Hasta hace casi mil años, cada individuo conmemoraba a su forma y según sus posibilidades la buena nueva del nacimiento del Salvador.
Pero, contrariamente a lo que piensa la generalidad de las gentes, la popularización del Nacimiento o Belén, no ocurrió ya en los primeros tiempos del cristianismo.
Y tal impacto ha repercutido de forma directa en todos los ámbitos: la gastronomía, la fiesta, las canciones, las ceremonias …y el arte.
El nacimiento de Jesús, en Belén, es uno de esos temas emblemáticos que más ha impresionado en la mente del hombre cristiano de todas las épocas.