Gracias a ello, Tiberio fue adoptado oficialmente por el Cesar en el año 4 d. C, que era el modo de decir que le nombraba heredero. Así continuó su ya de por si meteórica carrera política y militar, aunque ya contaba con más de 45 años.
Livia realizó todo cuanto estuvo en su mano para su hijo mayor; Tiberio, llegara a gobernar el Imperio, llegando incluso a envenenar o “accidentar” a todos cuantos se interponían en su objetivo.
Por ello Tiberio creció como hijo adoptivo del Cesar, resentido con su nuevo padre por el trato infringido a su progenitor y protegido por su madre, la intrigante Livia.
Nació en el año 42 a. C. siendo su padres dos importantes nobles (patricios) de la sociedad romana. Su padre sufrió el destierro y su madre tuvo que plegarse a los deseos de Cesar Augusto y casarse en segundas nupcias con él.
Por desgracia se trataba del hombre más poderoso de su tiempo y sus decisiones afectaban a millones de personas
Por todo ello, el juicio que la Historia ha hecho de Tiberio, le ha condenado a ser visto como un viejo verde despótico y con manía persecutoria.
El Emperador Romano Tiberio llegó al cargo de Cesar con más de 55 años, una edad a la que la mayoría de ciudadanos del Imperio ya habían muerto. A esto debemos sumar la acusación de practicar actos lujuriosos, obscenos y tiránicos a la avanzadísima edad de 70 años.
Tiberio; ¿emperador o viejo verde?.
Solo con la llegada del racionalismo y la ilustración del siglo XVIII, fueron superadas las verdades teológicas de Santo Tomás de Aquino. Más de cuatro siglos después de su muerte, ocurrida en el año 1274.
Sus teorías fueron la doctrina oficial de la iglesia cristiana durante siglos, de ello se cuidaron mucho la orden dominica, autodenominados “perros de Dios”, por su lealtad ciega. Esta orden sería la encargada de dirigir el tribunal de Inquisición, de tan odioso recuerdo
Así, el conocimiento de Grecia y Roma pudo llegar de nuevo a Occidente.
Con gran maestría logró imponer sus tesis moderadas frente a los teólogos tradicionalistas, así como frente a los radicales. En ellas apuntaba a la existencia de dos verdades: la de la razón, defendida por Aristóteles y la de la fe, argumentada por la iglesia y la Biblia. Ambas según Santo Tomas eran independientes, y no se excluían la una a la otra.
Gracias a la ayuda papal, partidario de las nuevas instituciones religiosas, consigue ir a estudiar a la Universidad de París. Allí estudiará con grandes profesores que le muestran las recién descubiertas obras del filósofo griego Aristóteles.
Tomás se decantó por incorporarse a esta última, a pesar de la negativa de su familia. Tanto se negaron que llegaron a secuestrarle y llevarle de vuelta a casa cuando planeaba abandonar Italia para ingresar en un colegio francés.
Frente al rígido sistema impuesto en los monasterios, se constituyeron dos nuevas órdenes religiosas que se acercaban mucho más al pueblo llano, tanto por su comportamiento como por sus razonamientos: la orden franciscana y la dominica.