En Roma, el Papa se hallaba recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa victoria para los cristianos. El poder de los turcos en el
mar se había disuelto para siempre. El Papa salió de su
capilla y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima
Virgen había otorgado la victoria. Semanas mas tarde llegó el
mensaje de la victoria de parte de Don Juan, quién. desde un principio, le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de Nuestra Señora
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