Cada vez que veo esta foto no puedo evitar un cierto sentimiento de culpa. Recuerdo que cuando era un niño, siete u ocho años, junto a mis compañeros de escuela, fuimos utilizados por el cura y el maestro de la época a lijar con trozos de cristal la pintura de las paredes para su posterior dado de yeso. Los tonos eran los que se observan en el altar y aunque no estaban en perfecto estado seguro que con el mismo esfuerzo económico que se hizo se podrian haber salvado. En fin en mi defensa diré que ... (ver texto completo)