Tras vencer al enemigo, se separaba la cabeza del cuerpo usando un cuchillo de bambú.
Después hacían un incisión vertical en la nuca y despegaban la piel de la carne y el cráneo.
Cosían los labios y los párpados.
Sumergían la piel resultante en una olla con
agua del
río, mezclada con hojas y cortezas trituradas, ricas en taninos, durante 15 o 30 minutos. Este baño contraía el tejido hasta reducirlo a la mitad de su tamaño.
Después introducían
piedras y arenas muy calientes dentro de la cavidad para ir secando y contrayendo la piel y moldeando el rostro para conservar las facciones originales.
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Fuente: Google)