A raíz de estos rumores sobre presuntos fenómenos sobrenaturales un grupo de investigadores se trasladó al lugar e instaló sensores para registrar cualquier movimiento en sus dependencias. El popular periodista Antonio José Alés captó con su cámara una “evanescencia” que hizo saltar todos los dispositivos de alarma y que dejó confuso al equipo.
Por este motivo, la mesa “maldita” desapareció consumida por las llamas. En 1982 el castillo volvió a convertirse en la comidilla del pueblo cuando se corrió la voz de que en su interior se oían extraños lamentos. En aquel año se comenzó a hablar de una mujer, apodada La Manuela, que vivió en la fortaleza durante la Edad Media y que encontró la muerte después de un largo asedio.
Las pintadas que han dejado en sus muros algunos de estos ocasionales visitantes han hecho pensar que durante esa época se celebraron rituales satánicos. Para ello utilizaban una gran mesa redonda sobre la que habían pintado un pentagrama y en cuyos vértices podían verse restos de velas consumidas. En esa misma etapa el recinto también sufrió un incendio provocado por personas que, para calentarse, quemaban el escaso mobiliario que aún quedaba intacto
El descubrimiento de un pequeño arsenal con el que, al parecer, los miembros de la secta desarrollaban prácticas paramilitares precipitó que la organización abandonara el edificio. A partir de la década de 1980 el castillo se convirtió en un lugar lúgubre y solitario, visitado solo por curiosos que intentaban invocar a las “fuerzas ocultas”.
Invocando a las fuerzas ocultas
Desde tiempos inmemoriales a la senda que bordea haciendo un círculo la abrupta montaña sobre la que está situado el fortín se la conoce como “subida de los muertos”. Al poco de instalarse Chao, más conocido como El guardián del castillo o Hachado mayor, tanto él como su mujer comenzaron a escuchar gritos y lamentos y, según han explicado, tenían la sensación de que alguien los tocaba o empujaba cuando se encontraban en determinados lugares.
A partir de ese momento fue ocupado por una supuesta organización de carácter “esotérico”, que lo restauró y lo utilizó como cuartel general. Debido a sus oscuras actividades, hay quienes piensan que el castillo fue utilizado para celebrar extraños rituales. El propietario nunca vivió allí de manera permanente, aunque sí lo hizo Tony Chao, considerado el guardián de la fortaleza entre los habitantes de La Riba, la pequeña población alcarreña que duerme a sus pies
De planta irregular y alargada, su silueta está marcada por tres torreones que destacan con elegancia del resto de la estructura y desde los que se divisa una gran panorámica. En 1973 Enrique Calle Donoso compró el castillo en subasta por el ridículo precio de 130.000 pesetas (781 euros).
Posteriormente fue abandonada y cayó en el olvido, lo que propició su estado ruinoso. La especial ubicación del fortín en la cúspide de un oscuro y gigantesco risco de afilados peñascos resulta turbadora y seductora al mismo tiempo.
L as primeras referencias al castillo de Riba de Santiuste (Guadalajara) nos hablan de que fue una propiedad musulmana reconquistada por
Alfonso VI a finales del siglo XI. Durante la Edad Media mantuvo su importancia estratégica y a mediados del siglo XV fue objeto de un largo y cruel asedio.
Un pequeño castillo medieval situado en el norte de la provincia de Guadalajara ocupa la atención de los expertos en fenómenos extraños debido a las supuestas manifestaciones paranormales que se producen en su interior. ¿Qué ocurre en esta vieja fortaleza?
Gracias a todos por las felicitaciones. Javier
Riba de Santiuste: Voces en la oscuridad
Ami ni una. En vez de fotos de paisajes voy a mandar fotos de Navidad.
has visto mmj, en minutos tiene las fotos disponible.