Los propios frailes hispanos aprovecharon este sistema iconográfico para enseñar a los naturales del otro lado del Atlántico el misterio de la Navidad.
La costumbre pasó de Italia a Francia y España, donde tuvo un gran desarrollo, que se amplificó con la llegada de los españoles a América.
Carlos III, monarca de Nápoles y más tarde de España, fue tal vez el mayor impulsor del arte belenista, y empleó a grandes artistas para hacer piezas preciosistas de tamaños pequeños, al estilo de la cerámica de Capodimonte.
Pronto, sobre todo en Italia, empezó a llegar la moda a las casas populares. Entonces, en la humildad del hogar, nació un arte que utilizó sencillas piezas de barro, paja o madera para construir sencillos belenes, de un carácter ingenuista, más creativo en lo que se refiere a los materiales que a los personajes.
A partir del siglo XIII, los beatos, Libros de Horas, tímpanos de las igesias, retablos y capitales, presentaron una innumerable cantidad de representaciones de la Natividad, con los distintos personajes del Belén.
Los franciscanos –herederos San Francisco- fueron los primeros impulsores de la devoción. Ya en aquella época, en monasterios y palacios nobles se empezaron a hacer representaciones escenográficas del Belén, con sus piezas clásicas.
Se dice que en el siglo XIII San Francisco de Asís hizo en una gruta la representación del Nacimiento, con animales y personas, simulando, de forma sencilla y divulgativa, el advenimiento de Jesús.
1944: Bernard Hill, actor inglés.
Yo tambien hace tiempo que he recogido
Pues a trabajar
Yo también.
Pero no he recogido.
Yo ya he comido.
Yo también.
Yo ya he comido.
Si me haces el favor me las coges.
Se lo digo a mi madre que las coja, pero dime cuantas quieres son por unidades, por lo menos el año pasado.
El de Egea, viene los Jueves. Estás a tiempo.
Gracias mmj.