El gusto por la violencia de Quentin Tarantino se manifestó en su mástierna edad, porque con cuatro años liquidó a su primera víctima: un pez. “Lo saqué de la pecera, lo tiré al suelo y lo pisé”, relató en una entrevista concedida a EFE durante su visita a España en 2003. “Pero no quiero que nadie piense que era un niño sádico, ni cosas por el estilo. No me di cuenta de lo que había hecho hasta que el pobre bicho ya estaba reventado”. Igualmente, su madre, Connie, se sorprendía de que cada vez que el crío jugaba con sus soldaditos, de su boca salía una retahíla de tacos digna de una taberna.