-Nada, que esta noche no voy a dormir -pensó- ¿Qué otra cosa podré contar?
Hasta que se dio cuenta de que no tenía por qué ir tras ellos y se sentó al borde de un camino de color azul.
La niña los siguió, los persiguió, corrió, casi galopó tras los canguros fugitivos.
- Un koala, dos ornitorrincos, tres wombats, cuatro canguros… ¡Eh, eh! - Aura gritaba a los cuatro canguros que habían decidido dar media vuelta y largarse saltando - ¡Eh, volved! ¡Así no os puedo contar bien!
-Pues así no hay quien se duerma -pensó- tendré que contar otra cosa. Pero ¿qué?
Miró a la derecha, miró a la izquierda y, de pronto, a lo lejos, vio que se acercaba un curioso desfile. Y Aura contó:
La niña la siguió, la persiguió, corrió, casi galopó tras la oveja fugitiva.
Hasta que Aura se cansó y se sentó al borde de un camino de color rojo.
-Una oveja… Dos ovejas… Tres ovejas… ¡Eh, eh! - Aura gritaba a la tercera oveja que había decidido dar media vuelta y echar correr - ¡Eh, tú! ¿Dónde crees que vas?
Aura recordó que su mamá siempre le decía que contara ovejas y a ello se puso: