Si los holandeses, con menos fútbol pero muchos más goles, han vivido un Mundial sin brillo pero desahogado, la justicia simétrica les obligaría a penar al menos una vez, como su rival.
Empezó perdiendo su partido contra Suiza y dicen los estadísticos que nunca una selección que empezó un Mundial con derrota levantó la Copa el último día.
A fuerza de tesón, consigue la meta por donde nadie se atreve a buscar.
Apuesta por lo imposible, por pasar el camello por el ojo de la aguja.
En la final, debería corresponder a tanto amor sin equívocos y dejar de estrellarse en los marcos de la portería contraria (llevamos dos tiros al larguero y un poste) y enderezar su rumbo al objetivo, al menos para que el 50% de nuestros tiros vayan al espacio que defenderá el guardameta Stekelenburg.
España es la que mejores pases da, cortos, largos y de media distancia.
Ya se ha olvidado de que lo tildamos de 'balón de playa'.
Hasta el Jabulani que amedrentó a Casillas con sus efectos imprevisibles ha terminado por cuidar a la selección que mejor lo ha cuidado.
Por la pelota
Ellos se muestran cercanos, educados, comprometidos y 'legales'. Como a aquellos 'chicos de oro' que empezaron por un Mundial júnior de baloncesto y aún no han dado por terminada su impresionante recolección. Calcados.
Y con ser grandes los méritos de los profesionales, aún hay más razones para pensar que esta selección se merece regalarnos al fin de un título mundial absoluto de fútbol.