Apolonia no siente nada, ha abandonado toda resistencia, sabe que es inútil, se deja hacer con mansedumbre, ni las caricias, ni los besos, ni los tocamiento en los mas íntimos y recónditos pliegues de su piel hacen que abandone su insensibilidad, acata mansamente los intentos de su esposo, su razón ha asumido el acto, y su impalpable sentimiento, el más profundo, le lleva de nuevo al recuerdo de Andrés, el sacrificio al que ahora esta sometida se inició el día en que alguien, sin pensar en ellos, egoistamente, de forma caprichosa dividió la senda que había comenzado a recorrer con Andrés.
No lanza exclamación alguna al sentir en sus entrañas la penetración de la virilidad de Manuel, ni el aire escucha gemido alguno ante el punzante dolor de la inmolación de u virginidad. El cuerpo de Manuel la aplasta y ella mira hacia un lado perdiendo la vista en la penumbras de la habitación, sin sentir nada, sin desear nada, el sacrificio se ha consumado. En el Parnaso hay Dioses que ríen y hay Dioses que lloran.
--ooOOoo--
La boda, como todas las bodas del pueblo, fue posteriormente muy comentada, cada uno habló lo que quiso, cada uno la vio de una forma, para unos esplendida, para otros pobretona, hubo quien aseguró que hacían magnifica pareja, otros dudaban que se llevaran bien, en la ermita la ceremonia fue, pesada, normal, pasadilla, magnifica, exuberante, y así …....
Por el pueblo hubo unos mozalbetes que aseguraron que por las eras que daban a la carretera de Montalbo vieron mecido por el viento solano, volar un enorme cuervo de dimensiones gigantescas.,
38
Otros gañanes dijeron que por los mismos pagos vieron una cosa negra que se arremolinó y en un encalmado cayó al suelo y resulto ser un gran trapo negro con forma de guardapolvo con treinta y tres botones.
Un aguador contó que no sabia si había sido en suelo o realidad, pero que volviendo del pozo de agua “duz”, cargada su acémila con cuatro cantaros se encontró con don Andrés y que al darles las buenas tardes, se le acercó y le dijo
- Buenas tardes buen hombre ¿Me hace usted un favor?
- Usted dirá Don Andrés
- ¿Cuanto vale en la tienda de Tomás una buena boina nueva?
- Pues la ultima que me merqué, hace sus buenos meses, me salió por un duro.
- El favor que le pido es que me venda usted la boina que lleva ahora y yo le doy por ella dos duros y mañana se compra una nueva. ¿Me hace usted este favor?, y además esto que parece tan raro en el fondo es una obra de caridad que hace usted, ya verá como con el tiempo lo sabrá.
- Pues yo don Andrés no lo hago por los dos duros, que me suena a raro, aunque dicho por usted que es el señor cura no creo que sea nada malo ¿Verdad?
Y terminó el buen aguador asegurando que si fue sueño lo fue muy raro, ya que a casa llego sin boina y su cabeza no tenia quebranto, por lo que no pudo ser que canto o coz se la arrebatara, de los dos duros recibidos no tenia mucha confianza por que se quedaron mezclados con la recaudación de aquel día, aunque si notó crecida la cobranza, pero como de cuentas no andaba muy espabilado y de memoria algo flojo, bien pudo ser tal como lo creía, o pudiera no haber sido.
Y del posadero de Montalbo también llegó noticia curiosa de que tal día como el de la boda de Manuel y Apolonia, vio al cura Andrés, sin ropaje talar, cubierto su cogote y por endem la tonsura, con boina parda de talla menguada, así como hablar con los camioneros que en ruta por la Nacional III hacia Valencia paraban para apaciguar sed o aliviar necesidades contrarias, y creyó que les decía algo así como...
- Señor tengo premura en llegar a Valencia y le pido como un favor muy especial que vea si puede llevarme en su camión, me da igual en la cabina o entre la carga, y como sé que es una molestia no tengo inconveniente alguno, es más lo hago con el mayor agrado, en pagarle una cantidad generosamente razonable.
Y que Don Andrés no debió de tardar mucho en encontrar porteador pues enseguida desapareció de allí, aunque no pudo ver hacia donde ni con quien marchó.
--ooOOoo--
Y fue pasando el tiempo, y en casa de los padres de Andrés se fueron recibiendo regularmente cartas sin remitente, en donde con la firma de “vuestro hijo” breves epístolas les informaban de que se encontraba bien, que no sufrieran y que pronto volverían a reunirse.
Treinta y tres ojales
39
Y también en la casa de Apolonia se recibió por correo un elegante sobre color crema de formato ministro, echo con grueso papel-tela, escrito cuidadosamente a máquina la destinataria y domicilio, sin indicar remitente, en su interior un tarjetón similar a los que se utilizan para comunicar bodas, y en el mismo la siguiente nota impresa.: DONDE ROBERTO ALCAZAR Y EL GUERRERO DEL ANTIFAZ, CUALQUIER DIA A LAS SIETE.
La lectura de tan extraño mensaje origina en Apolonia una gran confusión, lee y relee tan corta misiva, mira el tarjetón del derecho y del revés, escudriña en el sobre al que arranca su forro interior y no encuentra explicación, intenta conocer la procedencia, no hay rastro alguno, incluso el matasellos está borroso, su confusión va en aumento y le aguijonea cada vez más la necesidad de desentrañar el misterio que encierra aquella cartulina, poco a poco empieza a elucubrar hipótesis, hay una que le chispea y poco a poco va creciendo cual una ensoñación, queda pensativa y como una orden eléctrica, se pone en marcha, se asea y viste para salir de casa, y lo hace dirigiéndose a la de sus padres.
- Madre, ¿Sabes donde están los viejos libros y revistas infantiles que tenia de pequeña?.
- Siguen en una caja en tu antiguo cuarto de soltera. ¿A ver cuando te los llevas o los tiras?
- Los necesito ver ahora, madre.
Rebusca y encuentra la caja y dentro un ingente montón de catones, enciclopedias escolares, catecismos, papeles de colores y de contenidos diversos, hasta que llega aquello que con tanta avidez había ido a buscar. Las historietas ilustradas, los tebeos, aquellos entretenimientos que de niña compartía con Andrés, y que tantas veces les hizo acercarse juntos al cobrador de La Rápida para que se los trajeran de Cuenca, va pasando uno a uno todos los que encuentra hasta que se detiene en aquel que se titulo “Roberto Alcázar y Pedrín”, con avidez busca entre las pocas hojas de la publicación´ hasta que encuentra aquella que contiene el pie de editorial, y la lee ávidamente “Editorial Valenciana Calle Calixto III nº 36 Valencia”, aparta el cuadernillo y sigue rebuscando hasta que en sus manos llega otro con el titulo “El Guerrero del Antifaz”, busca lo mismo que en el anterior y encuentra que coinciden los datos. No sabe si es una realidad o un sueño, durante unos minutos compara constantemente las reseñas de la editorial de ambas publicaciones. Arranca las hojas que contienen esta información, las pliega cuidadosamente y se las guarda en el sujetador. Recoge cuanto había sacado de la caja y lo vuelve a colocar en ella, dejando el continente en el mismo sitio que estaba, una vez hubo terminado se despide de su madre apresuradamente y vuelve con paso presto a su casa.
Con los latidos de su corazón desbocados Apolonia se siente junto a la mesa de la cocinilla, saca los papeles y vuelve a releerlos otra vez, entre lectura y lectura su pensamiento vuela, compone mil y una situaciones, pasa silenciosamente de la alegría más desbocada al mas negro pesimismo.
Pasados unos pocos días, una noche mientras cenan, Manolo le dice:
No lanza exclamación alguna al sentir en sus entrañas la penetración de la virilidad de Manuel, ni el aire escucha gemido alguno ante el punzante dolor de la inmolación de u virginidad. El cuerpo de Manuel la aplasta y ella mira hacia un lado perdiendo la vista en la penumbras de la habitación, sin sentir nada, sin desear nada, el sacrificio se ha consumado. En el Parnaso hay Dioses que ríen y hay Dioses que lloran.
--ooOOoo--
La boda, como todas las bodas del pueblo, fue posteriormente muy comentada, cada uno habló lo que quiso, cada uno la vio de una forma, para unos esplendida, para otros pobretona, hubo quien aseguró que hacían magnifica pareja, otros dudaban que se llevaran bien, en la ermita la ceremonia fue, pesada, normal, pasadilla, magnifica, exuberante, y así …....
Por el pueblo hubo unos mozalbetes que aseguraron que por las eras que daban a la carretera de Montalbo vieron mecido por el viento solano, volar un enorme cuervo de dimensiones gigantescas.,
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Otros gañanes dijeron que por los mismos pagos vieron una cosa negra que se arremolinó y en un encalmado cayó al suelo y resulto ser un gran trapo negro con forma de guardapolvo con treinta y tres botones.
Un aguador contó que no sabia si había sido en suelo o realidad, pero que volviendo del pozo de agua “duz”, cargada su acémila con cuatro cantaros se encontró con don Andrés y que al darles las buenas tardes, se le acercó y le dijo
- Buenas tardes buen hombre ¿Me hace usted un favor?
- Usted dirá Don Andrés
- ¿Cuanto vale en la tienda de Tomás una buena boina nueva?
- Pues la ultima que me merqué, hace sus buenos meses, me salió por un duro.
- El favor que le pido es que me venda usted la boina que lleva ahora y yo le doy por ella dos duros y mañana se compra una nueva. ¿Me hace usted este favor?, y además esto que parece tan raro en el fondo es una obra de caridad que hace usted, ya verá como con el tiempo lo sabrá.
- Pues yo don Andrés no lo hago por los dos duros, que me suena a raro, aunque dicho por usted que es el señor cura no creo que sea nada malo ¿Verdad?
Y terminó el buen aguador asegurando que si fue sueño lo fue muy raro, ya que a casa llego sin boina y su cabeza no tenia quebranto, por lo que no pudo ser que canto o coz se la arrebatara, de los dos duros recibidos no tenia mucha confianza por que se quedaron mezclados con la recaudación de aquel día, aunque si notó crecida la cobranza, pero como de cuentas no andaba muy espabilado y de memoria algo flojo, bien pudo ser tal como lo creía, o pudiera no haber sido.
Y del posadero de Montalbo también llegó noticia curiosa de que tal día como el de la boda de Manuel y Apolonia, vio al cura Andrés, sin ropaje talar, cubierto su cogote y por endem la tonsura, con boina parda de talla menguada, así como hablar con los camioneros que en ruta por la Nacional III hacia Valencia paraban para apaciguar sed o aliviar necesidades contrarias, y creyó que les decía algo así como...
- Señor tengo premura en llegar a Valencia y le pido como un favor muy especial que vea si puede llevarme en su camión, me da igual en la cabina o entre la carga, y como sé que es una molestia no tengo inconveniente alguno, es más lo hago con el mayor agrado, en pagarle una cantidad generosamente razonable.
Y que Don Andrés no debió de tardar mucho en encontrar porteador pues enseguida desapareció de allí, aunque no pudo ver hacia donde ni con quien marchó.
--ooOOoo--
Y fue pasando el tiempo, y en casa de los padres de Andrés se fueron recibiendo regularmente cartas sin remitente, en donde con la firma de “vuestro hijo” breves epístolas les informaban de que se encontraba bien, que no sufrieran y que pronto volverían a reunirse.
Treinta y tres ojales
39
Y también en la casa de Apolonia se recibió por correo un elegante sobre color crema de formato ministro, echo con grueso papel-tela, escrito cuidadosamente a máquina la destinataria y domicilio, sin indicar remitente, en su interior un tarjetón similar a los que se utilizan para comunicar bodas, y en el mismo la siguiente nota impresa.: DONDE ROBERTO ALCAZAR Y EL GUERRERO DEL ANTIFAZ, CUALQUIER DIA A LAS SIETE.
La lectura de tan extraño mensaje origina en Apolonia una gran confusión, lee y relee tan corta misiva, mira el tarjetón del derecho y del revés, escudriña en el sobre al que arranca su forro interior y no encuentra explicación, intenta conocer la procedencia, no hay rastro alguno, incluso el matasellos está borroso, su confusión va en aumento y le aguijonea cada vez más la necesidad de desentrañar el misterio que encierra aquella cartulina, poco a poco empieza a elucubrar hipótesis, hay una que le chispea y poco a poco va creciendo cual una ensoñación, queda pensativa y como una orden eléctrica, se pone en marcha, se asea y viste para salir de casa, y lo hace dirigiéndose a la de sus padres.
- Madre, ¿Sabes donde están los viejos libros y revistas infantiles que tenia de pequeña?.
- Siguen en una caja en tu antiguo cuarto de soltera. ¿A ver cuando te los llevas o los tiras?
- Los necesito ver ahora, madre.
Rebusca y encuentra la caja y dentro un ingente montón de catones, enciclopedias escolares, catecismos, papeles de colores y de contenidos diversos, hasta que llega aquello que con tanta avidez había ido a buscar. Las historietas ilustradas, los tebeos, aquellos entretenimientos que de niña compartía con Andrés, y que tantas veces les hizo acercarse juntos al cobrador de La Rápida para que se los trajeran de Cuenca, va pasando uno a uno todos los que encuentra hasta que se detiene en aquel que se titulo “Roberto Alcázar y Pedrín”, con avidez busca entre las pocas hojas de la publicación´ hasta que encuentra aquella que contiene el pie de editorial, y la lee ávidamente “Editorial Valenciana Calle Calixto III nº 36 Valencia”, aparta el cuadernillo y sigue rebuscando hasta que en sus manos llega otro con el titulo “El Guerrero del Antifaz”, busca lo mismo que en el anterior y encuentra que coinciden los datos. No sabe si es una realidad o un sueño, durante unos minutos compara constantemente las reseñas de la editorial de ambas publicaciones. Arranca las hojas que contienen esta información, las pliega cuidadosamente y se las guarda en el sujetador. Recoge cuanto había sacado de la caja y lo vuelve a colocar en ella, dejando el continente en el mismo sitio que estaba, una vez hubo terminado se despide de su madre apresuradamente y vuelve con paso presto a su casa.
Con los latidos de su corazón desbocados Apolonia se siente junto a la mesa de la cocinilla, saca los papeles y vuelve a releerlos otra vez, entre lectura y lectura su pensamiento vuela, compone mil y una situaciones, pasa silenciosamente de la alegría más desbocada al mas negro pesimismo.
Pasados unos pocos días, una noche mientras cenan, Manolo le dice: