VILLAREJO DE FUENTES: - Mañana tengo que madrugar, a las cinco he quedado...

- Mañana tengo que madrugar, a las cinco he quedado con El Murciano para ir con su camión a Tarancón a recoger seis cilindros de molturación que han enviado en tren desde Bilbao

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- ¿Te preparo algo?
-No, comeremos cualquier cosa por ahí, si todo sale bien estaremos aquí por la tarde.
A la mañana siguiente el despertador atronó a las cuatro y media, el se levanto de inmediato diciéndole a su mujer.
-No te levantes, sigue en la cama es aún noche cerrada, desayunaré lo que encuentre en la alacena.
-Hay leche hervida, pero estará fría, y arrope.. ¿Te hago café?
-No déjalo, con un poco de arrope y pan está bien, tomaré café con El Moreno en alguna posada del camino que esté abierta.
-Buen viaje, ten cuidado.
-Hasta la tarde.
Tan pronto Manuel traspasó la cancela de la casa, Apolonia se levantó de la cama de un salto, se aseó apresuradamente y se enfundó un sencillo vestido de calle. Con el interior de la casa a oscuras, entreabrió contraventana y ventana que daba a la calle y orientó su oído en dirección a la no muy lejana casa de El Murciano, al poco rato oyó el ruido de su camión, durante un poco de tiempo solo escuchó el leve ronroneo del motor en marcha sin andar, al poco le llegó el ruido de los acelerones de que se encontraba ya caminando por la suave cuesta en busca de la carretera de Almonacid, se mantuvo a la escucha hasta que se perdió el ruido en la lejanía. En ese momento inició una frenética actividad, escogió de su modesto armario ropa y utensilios diversos que fue ordenando en un ato que compuso con un gran lienzo, lo aseguró anudando sus puntas, acabó de acicalarse dentro de la mayor sencillez, nada de afeites, ni pinturas, el pelo liso y recogido con un pañuelo gris cubriéndolo y sujeto a la barbilla por un nudo. Busco pluma y papel y sobre la mesa de la cocinilla dejó escrito el siguiente mensaje.
Manuel: Eres un buen hombre, no quiero hacerte daño pero he tenido que marcharme, por favor ni me sigas ni me busques, son cosas que a veces pasan y de las que tu no tienes la culpa, pero son así, espero que si lo que hoy hago te produce dolor el tiempo lo cure, y ojalá algún día pueda contártelo todo, hasta hoy te he sido fiel y pase lo que pase te guardaré buen recuerdo, pero la vida encierra muchos misterios, si me has querido un poco te suplico que en recuerdo de ese cariño me olvides, de todo esto tu no tienes la culpa, al final tan victima eres tu como yo.
Apolonia.

Miró el reloj de pared del comedor y vio que eran las seis de la madrugada, hasta las seis y media no salía La Rápida para Cuenca, desde su casa hasta la terminal del coche apenas había cinco minutos de andada, se sentó y esperó nerviosamente contando el tiempo minuto a minuto, cuando fueron las seis y cuarto se levantó, cogió el fardel, salió de la casa y la cerró, bajo la aldaba dejó una nota que simplemente decía, “La llave está en el sitio de costumbre”, y este sitio era tras las persiana de la ventana mas próxima a la

treinta y tres ojales.

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puerta de la calle. Se encaminó hacia la salida del coche, y en los pocos minutos que anduvo hasta el fue pensando el comentario que haría cuando algún vecino al verla sola le preguntara el motivo del viaje. ¿Qué diría?, encontró la solución. - ¡Cosas de médicos, esta misma tarde vuelvo!, - con este argumento la gente no le indagaría mas, aunque cada cual compondría su propia versión. ¿Y si hoy viaja el médico del pueblo? ¡Qe el cielo no lo quiera!
A la hora prevista y tras los saludos y comentarios de rigor el coche con apenas cuatro vecinos, tres varones y ella, inició su marcha, Apolonia para evitar la curiosidad se había sentado discretamente en la ultima fila, en donde por la oscuridad de la noche y la falta de iluminación interior del vehículo pasaba mas desapercibida.
Concluyó el periplo sin incidentes y una vez hubo descendido el pasaje, Apolonia siguió con la vista como se perdían por las calles de Cuenca los tres vecinos, cerciorada de que nadie que la conociera se encontraba en su cercanía, se dirigió a un empleado de la cochera y le preguntó
- ¿Por favor? Me podría indicar donde sale el coche que va a Valencia.
-Siga esta calle hasta que se termina y desemboca en otra calle más ancha, enfrente verá un cine, tuerza a la derecha por esa calle más ancha y siga por ella como medio kilómetro, allí hay un garaje que pone “Alsina”, desde ahí sale.
No tuvo dificultad Apolonia en llegar al garaje, una vez en la sala de espera miró a su alrededor y observó un minúsculo ventanuco abierto con dos personas delante, imaginó que debía ser el sitio donde le venderían el billete del viaje que necesitaba, se aproximó, en unos minutos se encaró a través de la ventanilla con el hombre que atendía la venta de pasajes.
-Buenos días ¿Para ir a Valencia?
-A las dos y media saldrá un coche. Es el ultimo del día, hasta mañana ya no hay otro.
-Entonces ¿Puedo salir hoy?
-Si le interesa y saca el billete seguro que sí, ¡Vamos si Dios quiere!.
-Pues un billete a Valencia.
-Son doce pesetas.
-Y ahora donde tengo que esperar, faltan más de dos horas.
-Aquí en la sala de espera hay bancos para sentarse, cuando el coche esté preparado avisaran.
-Gracias
-A mandar buena mujer.
Después de unas cuatro horas de viaje llegó a Valencia
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Al bajar del coche se percató Apolonia de que ya era anochecida, que la oscuridad pronto lo envolvería todo, que no tenía ni alojamiento ni sabía como llegar a su destino final y no conocía a nadie en esta ciudad, ni había previsto donde pasar la noche, le aterrorizó el pensar que tenia que estar vagando hasta la mañana siguiente, no por la incomodidad o cansancio, si no por los riesgos de que fuera victima de algún asalto, había escuchado muchas historias de mujeres perdidas en la ciudad, dudó durante unos minutos en realizar preguntas, finalmente se decidió.
Se dirigió a al cobrador del coche que estaba terminando de entregar los equipajes.
-Oiga por favor, hasta mañana no localizaré a mi familia y ahora que pienso no sé dónde puedo pasar la noche. ¿Conoce usted alguna posada cerca que sea barata? y que sea decente, voy sola y nunca he estado en una capital. ¡Se cuentan tantas cosas malas!.
-Aquí al lado en la calle Matemático Marzal, hay una que dicen esta aseada y no se dice nada malo de ella, el barrio es sano y dormir solo cuesta unas diez pesetas por persona. Vamos es lo que a mí me han dicho.
-No llevo mucho dinero pero si es como usted dice me quedaré y le quedo muy agradecida por su información.