La crisis económica no parece atenuarse y la destrucción de empresas y empleo se está convirtiendo en una desagradable
costumbre.
Si para las grandes empresas y multinacionales ya es difícil mediar con una situación de baja demanda, incertidumbre y falta de financiación, para las pequeñas y medianas empresas es una labor titánica.
Profesionalmente he tenido que enfrentarme a la decisión (si es que decidir pudiera ser la palabra) de presentar un concurso de acreedores de una empresa en situación
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