La diadema de maldades nos destruye como seres humanos. Tiempo al tiempo. El origen de esta corona voraz es siempre lo mismo, el odio, el egoísmo, el culto de sí mismos, querer ser el centro de todo, dominar cuanto más mejor. La perversidad ha tomado posiciones de privilegio que nos confunden.
Cuando los familiares de los dirigentes de un
pueblo revierten todas sus energías en cuestiones de cotilleo para no perder votos, la malicia no puede cosechar otra cosa que inmoralidades y fracasos. Ya lo
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