¿La Plaza no tiene estilo? Pues la próxima vez llamamos a Giorgio Armani para que la diseñe y la decore, aunque cueste 500 millones. La anterior corporación habría tirado la casa por la ventana, aunque diera vergüenza ver el resto de las calles; lo importante era que diera el pego, como en Marruecos: fastuosos palacios rodeados de chabolas y miseria. Orgullo de tercermundistas.