Cuando repartieron el don de la paciencia me agraciaron con una parte tan grande como el verdadero y
santo Job.
A medida que he ido creciendo, o mejor, me hago mayor, siento que el Olimpo me puede agraciar, aunque no lo imaginara, con mayor dosis de esta
comida que alienta y alimenta en gran medida mi espíritu.
¡Gracias!
En mi pequeña habitación, donde tengo mi computadora conectada a Internet, dispongo de una imagen, para que me ayude con su sufrimiento, de Sísifo.
Al este pobre desgraciado,
... (ver texto completo)