en este lugar no dice a la mujer que sea honesta, sino presupone que ya lo es, y, a la que así es, enséñale lo que le falta y lo que ha de añadir para ser acabada y perfecta. Porque, como arriba dijimos, esto todo que aquí se refiero es como hacer un retrato o pintura, adonde el pintor no hace la tabla, sino, en la tabla que le ofrecen y dan, pone él los perfiles y induce después los colores, y levantando en sus lugares las luces, y
si no tiene esto, no es ya mujer, sino alevosa ramera y vilísimo cieno, y basura lo más hedionda de todas y la más despreciada. Y como en el hombre, ser dotado de entendimiento y razón, no pone en él loa, porque tenerlo es su propria naturaleza, mas si a caso lo falta el faltarle pone en él mengua grandísima, así la mujer no es tan loable por ser honesta, cuanto es torpe y abominable si no lo es. De manera que el Espíritu Sancto
Lo primero, porque su intento es componernos aquí una casada perfecta, y el ser honesta una mujer no se cuenta ni debe contar entre las partes de que esta perfectión se compone, sino antes es como el sujeto sobre el cual todo este edificio se funda, y, para decirlo enteramente en una palabra, es como el ser y la substancia de la casada; porque,
confianza que dice; porque pensarán algunos que es la confianza que ha de tener el marido de su mujer, que es honesta; y aunque es verdad que con su bondad la mujer ha de merecer y alcanzar de su marido esta buena opinión, pero, a mi parecer, el Espíritu Sancto no trata aquí dello, y la razón por que no la trata es justísima.
Capítulo III

Confía en ella el corazón de su marido;
no le harán mengua los despojos.

Después que ha propuesto el sujeto de su razón y nos ha aficionado a él, alabándolo, comienza a especificar las buenas partes dél y aquello de que se compone y perficiona, para que, asentando los pies las mujeres en aquestas pisadas, y siguiendo estos pasos, lleguen a lo que es una casada perfecta.
tiene en ella compañía dulce con quien acrecentará su gozo, comunicándolo, y en la tristeza amoroso consuelo, y en las dudas consejo fiel, y en los trabajos regalo, y en las faltas socorro, y medicina en las enfermedades, acrecentamiento para su hacienda, guarda de su casa, muestra de sus hijos, provisora de sus excesos; y finalmente, en las veras y burlas, en lo próspero y adverso, en la edad florida y en la vejez cansada, y, por el de la vida por todo el proceso, dulce amor, y paz, y descanso.
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menos a la buena mujer el marido la ha de querer más que a sus ojos, y la ha de traer sobre su cabeza, y el mejor lugar del corazón dél ha de ser suyo, o, por mejor decir, todo su corazón y su alma, y ha de entender que en tenerla, tiene un tesoro general para todas las diferencias de tiempos, y que es varilla de virtud, como dicen, que en toda sazón y coyuntura responderá con su gusto y le hinchirá su deseo, y que en la alegría
en ella un tesoro abreviado; así una buena mujer no es una mujer, sino un montón de riquezas, y quien las posee es rico con ella sola, y sola ella lo puede hacer bienaventurado y dichoso; y, del modo que la piedra preciosa se trae en los dedos y se pone delante de los ojos, y se asienta sobre la cabeza para hermosura y honra della, y el dueño tiene allí juntamente arreo en la alegría y socorro en la necesidad, ni más ni
cobra precio, así lo que en el sujeto flaco de la mujer pone estima de bien, es grande y raro bien; y como en las piedras preciosas la que no es muy fina no es buena, así en las mujeres no hay medianía, ni es buena la que no es muy buena; y, de la misma manera que es rico un hombre que tiene una preciosa esmeralda o un rico diamante, aunque no tenga otra cosa, y el poseer estas piedras no es poseer una piedra, sino poseer
En lo cual, como en una palabra, acaba de decir cabalmente todo lo que en esto de que vamos hablando se encierra. Porque, así como el valor de la piedra preciosa es de subido y extraordinario valor, así el bien de una buena tiene subidos quilates de virtud; y como la piedra preciosa en si es poca cosa, y, por la grandeza de la virtud secreta,
ordinario, ni bien que se halla a doquiera, sino artificio primo9 y bien incomparable, o, por mejor decir, un amontonamiento de riquísimos bienes. Y éste es el primer loor que le da el Espíritu Sancto, y con éste viene como nacido el segundo, que es compararla a las piedras preciosas.
rica y tan significante como es la original que dijimos, para decirnos que la mujer buena es más que buena, y que esto que nombramos bueno es una medianía de hablar, que no abraza ni allega a aquello excelente que ha de tener y tiene en sí la buena mujer; y que, para que un hombre sea bueno, le basta un bien mediano, mas en la mujer ha de ser negocio de muchos y subidos quilates, porque no es obra de cualquier oficial, ni lance
entender necesariamente que tiene grandes acogidas de bien y de excelencia dentro de sí misma. Por manera que con grandísima verdad y significación de loor, el Espíritu Sancto a la mujer buena no la llamó como quiera buena, ni dijo o preguntó: ¿Quién hallará una buena mujer?, sino llamóla mujer de valor, y usó en ello de una palabra tan
Porque cosa de tan poco ser como es esto que llamamos mujer, nunca ni emprende ni alcanza cosa de valor ni de ser, si no es porque la inclina y la despierta a ello, y la alienta, alguna fuerza de increíble virtud que, o el cielo ha puesto en su alma, o algún don de Dios singular. Que, pues vence su natural, y sale de madre como río, debemos de
Y esta misma es la causa también por donde, como lo vemos por la experiencia, y como la historia nos lo enseña en no pocos ejemplos, cuando alguna mujer acierta a señalarse en algo de lo que es de loor, vence y sobrepuja en ello a muchos hombres de los que se dan a lo mismo.