Zafra, si eres hombre de fe debes de creer en el infierno, pues mira lo que dice al respecto un tocayo tuyo, Agustín de Hiparco acerca de este:

"Antes de crear el cielo y la tierra, Dios creo el infierno para echar en él a la gente que hace este tipo de preguntas".
Citado por Agustín de Hiparco en su autobiografía llamada CONFESIONES hacia el año 400 de nuestra era.

Con el morapio, a demás de eses, en mi pueblo se decía que se hacían arredondas. Saludos.
El morapio (vino) todas las religiones hablan de el ensalzadolo como una cosa buena, pero al mismo tiempo recomiendan hacer buen uso de el.
La historia se escribe de hechos reales pero al pasar un tiempo el escritor la redacta segun su criterio y el gusto de sus lectores pensando en la acogida que va a tener en el mercado.
Agustín,

Estamos de acuerdo, la historia es una historieta tomada en serio y el que la escribe la presenta según sus entendederas e intereses. Estarás de acuerdo que todos interpretamos la realidad de forma distinta, mucho más cuando han pasado mil años. Me imagino que el que ha escrito sobre San Hermenegildo se ha basado en algunas evidencias que queden, el resto lo inventa pero, tanto ayer como hoy, los grados jerárquicos se otorgan po influencias, recomendaciones y aa veces fraudes.

Como ... (ver texto completo)
Yo se de uno que fue censurado por traerse el PEÑON DE GIBRALTAR AL FORO DE SU PUEBLO.
Pues no sea la perfecta casada costosa, ni ponga la honra en gastar más que su vecina, sino tenga su casa más bien abastada que ella y más reparada, y haga con su aliño y aseo que el vestido antiguo esté como nuevo, y que, con la limpieza, cualquiera cosa que se pusiere le parezca muy bien y el traje usado y común cobre de su aseo della no usado ni común parecer. Porque el gastar en la mujer es ajeno de su oficio, y contrario, y demasiado para su necesidad, y para los antojos vicioso y muy torpe, ... (ver texto completo)
Dios nos libre de tan gran perdición; y no quiero ponerlo todo a su culpa, que no soy tan injusto; que gran parte de aquesto nace de la mala paciencia de sus maridos. Y pasara yo agora la pluma a decir algo dellos, si no me detuviera la compasión que les he; porque, si tiene culpa, pagan la pena della con las setenas.
Y aún hay en ello otro daño muy grande, que los hombres, si les acontece ser gastadores, las más veces son en cosas, aunque no necesarias, pero duraderas o honrosas, o que tienen alguna parte de utilidad o provecho, como los que edifican sumptuosamente y los que mantienen grande familia16, o como los que gustan de tener muchos caballos; mas el gasto de las mujeres es todo en el aire; el gasto muy grande y aquello en que se gasta, ni vale ni luce. En volantes, y en guantes, y en pebetes17, y cazoletas18, ... (ver texto completo)
Y, como los caballos desbocados, cuando toman el freno, cuanto más corren, tanto van más desapoderados, y como la piedra que cae de lo alto, que cuanto más desciende, tanto más se apresura; así la sed déstas crece en ellas con el beber, y un gran desatino y exceso que hacen les es principio de otro mayor, y, cuando más gastan, tanto les aplace más el gastar.
Y como todos los maestros gustan de tener discípulos que los imiten, ellas son tan perdidas, que, en viendo en otras sus invenciones, las aborrecen, y estudian y se desvelan por hacer otras. Y crece la frenesía más, y ya no les place tanto lo galano y hermoso, como lo costoso y preciado, y ha de venir la tela de no sé dónde, y el brocado de más altos14, y el ámbar, que bañe el guante y la cuera15, y aun hasta el zapato, el cual ha de relucir en oro como el tocador, y el manteo ha de ser más bordado ... (ver texto completo)
Porque no es gasto de un día el suyo, sino de cada día; ni costa que se hace una vez en la vida, sino que dura toda ella; ni son, como suelen decir, muchos pocos, sino muchos y muchos. Porque, si dan en golosear, toda la vida es el almuerzo y la merienda, y la huerta y la comadre, y el día bueno; y, si dan en galas, pasa el negocio de pasión y llega a increíble desatino y locura, porque, hoy un vestido y mañana otro, y cada fiesta con el suyo; y lo que hoy hacen, mañana lo deshacen, y cuanto ven, ... (ver texto completo)
Y así, sea ésta la segunda causa que las obliga a ser muy templadas en los gastos de sus antojos, porque, si comienzan a destemplarse, se destemplan sin término, y son como un pozo sin suelo, que nada les basta, y como una carcoma, que de continuo roe, y como una llama encubierta, que se enciende sin sentir por la casa y por la hacienda, hasta que la consume.
Y un dellas es el encogimiento y modestia y templanza que deben a su natural; que, aunque el desorden y demasía, y el dar larga rienda al vano y no necesario deseo, es vituperable en todo linaje de gentes, en el de las mujeres, que nacieron para sujeción y humildad, es mucho más vicioso y vituperable. Y con ser esto mí, no sé en qué manera acontece que, cuanto son más obligadas a tener esto freno, tanto, cuando le rompen, se desenfrenan más que los hombres y pasan la raya mucho más, y no tiene tasa ni fin su apetito. ... (ver texto completo)
Mayormente que la buena casada, de quien vamos tratando, cualquiera que ella sea, fea o hermosa, no ha de querer parecer otra de lo que es, como se dirá en su lugar. Así que, cuanto a lo necesario, la naturaleza libró de mucha costa a las mujeres, y, cuanto al deleite y antojo, las ató con muy estrechas obligaciones, para que no fuesen costosas.
Y ni más ni menos, cuando toca el vestir, la naturaleza las hizo por una parte ociosas, para que rompiesen poco, y por otra aseadas, para que lo poco les luciese mucho. Y las que piensan que a fuerza de posturas y vestidos han de hacerse hermosas, viven muy engañadas porque la que lo es, revuelta lo es, y la que no, de ninguna manera lo es ni lo parece, y, cuando más se atavía, es más fea.
Pues a las mujeres, en lo uno la naturaleza les puso muy grande tasa, y en lo otro las obligó a que ellas mismas se la pusiesen. Que, si decimos verdad y miramos lo natural, las faltas y necesidades de las mujeres son mucho menores que las de los hombres; porque, lo que toca al comer, es poco lo que les basta, por razón de tener menos calor natural, y así es en ellas muy feo ser golosas o comedoras.
Mas es de ver en qué consiste esta guarda. Consiste en dos cosas: en que no sea costosa, y en que sea hacendosa. Y digamos de cada una por sí. No ha de ser costosa ni gastadora la perfecta casada, porque no tiene para qué lo sea; porque todos los gastos que hacemos son para proveer o a la necesidad o al deleite; para remediar las faltas naturales con que nacemos, de hambre y desnudez, o para bastecer a los particulares antojos y sabores que nosotros nos hacemos por nuestro vicio.