Como ya he comentado, nuestro entrañable artesano había concluido la restauración de arriba abajo y de pe a pa del retablo, dejándolo todo con la elegancia y lucidez de un San Luis. Después de revisado y obtenida la anuencia del cura párroco, este lanzó un pregón anunciando que después de tantos años la joya plateresca del pueblo, cuyo valor era infinito, gracias a la generosidad de Doña Mencía, volvía a lucir como en los días de su estreno y que como acción de gracias la misa mayor del siguiente ... (ver texto completo)