MITO GRIEGO DE LA CREACIÓN
En un principio solo existía el Caos. A continuación, Gea o la Madre Tierra engendró por si misma a Urano, o el Firmamento Estrellado.
Gea se unió a Urano y tuvo varios hijos.
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Casas de alquiler
Más feliz que esta perdiz me encuentro yo, después de haber hecho mis compras para este fin de semana; feliz también, porque esta tarde cuando salgan del "cole" vendrán mis nietos a casa para pasar el fin de semana con nosotros. Muchos besos para ellos.
Buenos días mujeres alconcheleras, ¡y hombres también, claro! Seguro que alguno de vosotros ha pensado, como yo, que hoy es viernes y debemos ir a hacer la compra para este fin de semana. Por ese motivo os dejo muchos besos a repartir y luego vuelvo de nuevo a escribir.
¡Me voy a Mercadona a ver qué hago!
Hace muchos años, y creo que con muy poca razón, porque no había por qué, se oía cantar a alguna persona aquello que muchos recordarán:

Al entrar en Alconchel
lo primero que se ve
son las ventanas abiertas
y la cama si hacer.

Esto es lo que se cantaba, porque desde siempre, es decir, hasta donde me llega la memoria, todas las camas que yo he visto han estado hechas y los suelos barridos y fregados como los chorros del oro. ¡Menudas son las mujeres de Alconchel para que nadie les pueda manchar ... (ver texto completo)
¡Qué sorpresa más agradable! Conecto "el cacharrillo" para saludar a Alconchel, amigos, y foreros que visita esta ventana, y e encuentro con esta foto tan entrañable, como resultan otras muchas donde aparecen alguna de mis amigas "de siempre"
Las que se pueden ver aquí, junto a la Virgen de la Cuesta son Antonia y Tere, y la foto nos la hizo Eufra7 el día 9 de Mayo, como reza en el título de la misma.
Un beso para ellas y también para ti, Eufra
Y puesto que ya podía abrir la boca y hablar, contó al Rey el motivo de su mutismo y de por qué nunca se había reído. Mucho se alegró el Rey al convencerse de que era inocente, y los dos vivieron juntos y muy felices hasta su muerte. La malvada suegra hubo de comparecer ante un tribunal, y fue condenada. Metida en una tinaja llena de aceite hirviente y serpientes venenosas, encontró en ella una muerte espantosa.
Oyóse entonces un gran rumor de alas en el aire, y aparecieron doce cuervos, que descendieron hasta posarse en el suelo. No bien lo hubieron tocado, se transformaron en los doce hermanos, redimidos por el sacrificio de la princesa. Apresuráronse a dispersar la pira y apagar las llamas, desataron a su hermana y la abrazaron y besaron tiernamente.
Al principio, el Rey no quiso prestarle oídos; pero tanto insistió la vieja y de tantas maldades la acusó, que, al fin, el Rey se dejó convencer y la condenó a muerte.
Encendieron en la corte una gran pira, donde la reina debía morir abrasada. Desde una alta ventana, el Rey contemplaba la ejecución con ojos llorosos, pues seguía queriéndola a pesar de todo. Y he aquí que cuando ya estaba atada al poste y las llamas comenzaban a lamerle los vestidos, sonó el último segundo de los siete años de su ... (ver texto completo)
Al cabo de unos pocos años de vivir felices el uno con el otro, la madre del Rey, mujer malvada si las hay, empezó a calumniar a la joven Reina, diciendo a su hijo:
-Es una vulgar pordiosera esa que has traído a casa; quién sabe qué perversas ruindades estará maquinando en secreto. Si es muda y no puede hablar, siquiera podría reír; pero quien nunca ríe no tiene limpia la conciencia.
Sucedió, sin embargo, que entró en el bosque un Rey, que iba de cacería. Llevaba un gran lebrel, el cual echó a correr hasta el árbol que servía de morada a la princesita y se puso a saltar en derredor, sin cesar en sus ladridos. Al acercarse el Rey y ver a la bellísima muchacha con la estrella en la frente, quedó tan prendado de su hermosura que le preguntó si quería ser su esposa. Ella no le respondió de palabra; únicamente hizo con la cabeza un leve signo afirmativo. Subió entonces el Rey al árbol, ... (ver texto completo)
- ¿No hay, pues, ningún medio de salvarlos?
-No -dijo la vieja-. No hay sino uno solo en el mundo entero, pero es tan difícil que no podrás libertar a tus hermanos: pues deberías pasar siete años como muda, sin hablar una palabra ni reír. Una palabra sola que pronunciases, aunque faltara solamente una hora para cumplirse los siete años, y todo tu sacrificio habría sido inútil: aquella palabra mataría a tus hermanos.
Díjose entonces la princesita, en su corazón: «Estoy segura de que redimiré a mis hermanos». Y buscó un árbol muy alto, se encaramó en él y allí se estuvo hilando, sin decir palabra ni reírse nunca. ... (ver texto completo)
Hija mía. ¿qué has hecho? ¿Por qué tocaste las doce flores blancas?
Eran tus hermanos, y ahora han sido convertidos para siempre en cuervos. A lo que respondió la muchachita, llorando: