-Ya que sólo has pensado en ti, sin acordarte para nada de tu madre, te maldigo y de ahora en adelante, tus rayos lo abrasarán todo, y la gente te odiará y en cuanto aparezcas se cubrirá la cabeza.
-Mamá, trae un plato y te pondré en él lo que te he traído.
Y cuando tuvo ante ella el plato, la Luna depositó lo que había guardado en las uñas.
La Estrella se volvió entonces hacia el Sol y le dijo:
-Yo tampoco he traído nada -contestó el Viento-. No era lógico que os reservase nada cuando ni siquiera para mí hubo bastante.
Pero la Luna dijo alegremente:
- ¿Qué me habéis traído del banquete?
-Yo no he traído nada para ti -dijo el Sol, que era el mayor de todos-. Fui a divertirme, no a divertirte a ti, mamá.
Al volver los tres a casa, su madre, que les había estado esperando todo la noche, les preguntó:
El Viento y el Sol eran muy glotones y se lo comieron todo, sin guardar nada para su madre. Pero la suave Luna no se olvidó de ella. De cada cosa que le servían guardaba un poco en las hermosas uñas de sus dedos, a fin de que la madre pudiera probar lo que ellos comían.
DE LA COMIDA QUE CELEBRARON EL SOL, LA LUNA Y EL VIENTO
Un día, el Sol, la Luna y el Viento fueron a comer con sus tíos el Trueno y el Relámpago. Su madre, una de las más brillantes estrellas del firmamento, esperaba sola su regreso.
Cuando, transcurridos unos meses, volvió el amigo, encontró al viejo rodeado de sus hijos, que todos a una se desvivían por él. Y así siguieron haciéndolo hasta que murió, descubriendo entonces el engaño, que tenían bien merecido.
-Te he traído estas piedras para engañar a tus hijos. Cuando me marche vendrán a ver lo que te he traído. Diles que he venido a pagarte una deuda muy antigua, y que eres más rico que antes. Ya verás cómo todos se desviven por ti. Volveré dentro de algún tiempo para ver cómo van las cosas.
En efecto, la encontró y a los pocos días llegó con gran pompa a la casa de su amigo, seguido de diez criados que eran portadores de unos pesados sacos llenos de piedras.
Cuando estuvieron solos, el amigo dijo:
El pobre hombre no cesaba de llorar, y un día se encontró con un viejo amigo, a quien contó lo que le ocurría. El amigo, conmovido por lo que acababa de oír, prometió hallar una solución a aquel estado de cosas.
Todos le trataban mal, y no se recataban para decir que deseaban que muriese lo más pronto posible, ya que su vida sólo originaba gastos y molestias.
COMO FUERON ENGAÑADOS LOS MALOS HIJOS
Un hombre muy rico, creyendo que estaba a punto de morir, llamó a sus hijos y dividió entre ellos sus propiedades. Sin embargo, no murió y al levantarse de la cama, se encontró con que sus hijos ya no le querían, ni tenían con él las delicadezas que antes, cuando todos esperaban conseguir mayor parte de su fortuna.
jjj sigo siendo muy curiosa, me recuerdo de Dulcinea del Toboso, lo de esta joven es
novela tambien.? muy simpatico su comentario.
Saludos