- ¡Tú eres mi hija!
- Yo voy a contarlo
a mis hermanitas.
- ¿No sabes, Constanza,
no sabes, Lucía,
que he encontrado a padre
en la fuente fría?
Constanza lloraba,
lloraba Lucía,
y la más pequeña ... (ver texto completo)
- ¿Dónde vas, buen viejo,
camina, camina?
- Así voy buscando
a mis tres hijitas.
- ¿Cómo se llamaban?
¿Cómo les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucía,
y la más pequeña,
se llama María.
- Usted es mi padre. ... (ver texto completo)
ROMANCE DE LAS TRES CAUTIVAS. Anónimo.

En el campo moro,
entre las olivas,
allí cautivaron
tres niñas perdidas;
el pícaro moro
que las cautivó
a la reina mora
se las entregó.
- Tomad perros la borrega
sana y buena como estaba.
- No queremos la borrega
de tu boca alobadada,
que queremos tu pellejo
pa`l pastor una zamarra;
el rabo para correas,
para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón,
para meter las cucharas;
las tripas para vihuelas,
para que bailen las damas ... (ver texto completo)
- ¡Acá mis siete cachorros,
acá perra trujillana,
acá perro el de los hierros,
a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega,
cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis,
cenaréis de mi cayada.
Los perros tras de la loba,
las uñas se esmigajaban;
la corrieron siete leguas
por unas tierras aradas.
Al subir un cotarrillo
la loba ya va cansada: ... (ver texto completo)
Los siete cabritillos se fueron a casa para comer las ricas cosas que Mamá Cabra había comprado en el mercado.
Mamá Cabra se acercó calladita, abrió la barriga del lobo y liberó a los cabritillos. Luego, entre todos, llenaron el vientre de la fiera con piedras bien gordas, se la cosieron y se escondieron. Cuando el lobo se despertó, sintió mucha sed y se acercó al río para beber, pero la barriga le pesaba tanto que se cayó dentro del río y se ahogó.
Mamá Cabra y su hijo comenzaron a seguir las huellas de la malvada fiera. Encontraron al lobo a la sombra de un árbol. La barriga le pesaba tanto que se había sentado a descansar y se había quedado dormido.
Al cabo de un rato llegó Mamá Cabra y se encontró la puerta abierta y la casa vacía:
- ¡Ay, mis hijitos! ¡Seguro que a todos se los ha llevado el lobo!
- ¡Quedo yo! -exclamó el pequeño saliendo de la caja del reloj.
Pero no se los había comido a todos. El cabritillo más pequeño se había escondido en la caja del reloj.
- ¡Enséñanos la patita por debajo de la puerta!
El lobo enseñó su pata bien rebozada en harina.
- ¡Esta vez sí que es mamá! -dijeron los cabritillos al ver la pata blanca. Y abrieron la puerta. El lobo entró, se comió a los cabritillos y se gue camino de su guarida.
- ¿Quién llama? -preguntaron desde dentro.
-Abridme, hijitos míos. Traigo el canasto lleno de buenas cosas para comer -dijo el lobo con su voz más suave y fina.
Y el molinero, que le tenía mucho miedo, se la dio.
El lobo metió la pata en la orza para que se le blanquease. Y volvió a casa de los cabritillos. ¡Toc, toc, toc! Llamó a la puerta.
- ¡Ya sé lo que voy a hacer!
Y se fue a ver al molinero.
-Dame una orza de harina inmediatamente.
El lobo se puso aún más furioso que la primera vez y dio tantas patadas y tantos empujones a la puerta que se quedó sin aliento. Entonces se sentó en una piedra y se puso a pensar: