-Milady, vivo aquí escondido desde muy niño. Soy hijo único y ya he perdido toda mi esperanza de volver a ver con vida a mi padre ni a mi madre. Cuando cumplí doce años insistí para que me dejaran participar en una cacería, a pesar de la oposición inicial de mi padre. Lo logré y a duras penas aguanté unos minutos con el grupo a caballo. Mi inexperiencia, unida a mi arrogancia, me llevaron a perderme por el bosque montado en mi cabalgadura. Oscurecía, se levantaba el fuerte viento del norte, no notaba ... (ver texto completo)
El joven la miró, se acercó a ella y la tomó de la mano, haciendo un gesto para acomodarse juntos sobre la hierba.
-Por favor, Sire, decidme qué es necesario para ello, ¿necesitáis riquezas con las que comprar vuestra libertad? ¿armas acaso? ¡Decídmelo presto y haré que os lo consigan!
Mi Señora... eso no es posible, los Elfos, mis amos, nunca lo consentirían. Estoy condenado a permanecer aquí siempre, salvo que ocurriera algo muy especial que ni soñar puedo.
-No sólo la acepto, Sire, sino que me agradaría gozar de vuestro acompañamiento por más tiempo, y desearía que aceptarais la hospitalidad del rey y la mía propia, y vinierais a alojaros al castillo.
-Perdonadme a mí, por mi brusquedad...-dijo entonces el hombre, mostrando un pesar real, desarmado ante la sencillez de la dama, y deslumbrado por su belleza- Mi nombre es Tam, y mi trabajo es alejar a los humanos de este bosque, pues soy un Vigilante de los Elfos. Yo debería ahora dar el aviso y apresaros para someteros a su voluntad, mas no temáis, bella dama, que no lo haré. Antes bien, os acompañaré hasta los lindes de Carterbaugh, si aceptáis mi humilde compañía.
-Mis excusas, entonces, por mi ignorancia. Apenas he salido más allá de los límites de la muralla de mi castillo y no conozco las antiguas costumbres más que lo que cuentan las comadres junto al fuego. Si os he molestado...- y terminó inclinando la cabeza.
El joven contestó con arrogancia y con una pizca de furor contenido. Pero todo su aplomo se vino abajo cuando la princesa siguió diciendo:
-Milady, estos dominios son libres, y por ser libres, pertenecen en exclusiva a los Elfos. Que yo sepa, nadie os ha dado permiso para arrancar esas flores, por muy hija de rey que os consideréis.
- ¿Y quién me lo ordena, señor? ¿Quién osa a decirle lo que tiene que hacer la hija del rey en sus dominios?
De un árbol se descolgó un joven, que fue a parar delante mismo de ella. La princesa se puso rápidamente en pie, tratando de recuperar por todos los medios la dignidad perdida.
-Siento deciros que debéis abandonar este lugar cuanto antes, Milady.
La princesa Juana se dio cuenta de que se hallaba en el interior de un bosque cuando empezaron a escocerle los arañazos de sus manos y de su rostro. De repente, el sol que lucía al salir del castillo había desaparecido bajo la sombra de los imponentes árboles y de sus apretadas copas. No había sendero para sus pies doloridos, ni banco para reposar, pero nada de eso importaba: la libertad era la libertad. Entrevió un rayo dorado que hendía la húmeda atmósfera entre los troncos grises y las enmarañadas ... (ver texto completo)
Vigilante de los Elfos
La princesa Juana vivía en su castillo cercano a los bosques de Carterbaugh, pero el celo de su padre el rey la obligaba a sufrir una clausura más propia de monjas que de muchachas de su edad. Por eso, el día que halló unas piedras derrumbadas en la vieja tapia que rodeaba el huerto no se lo pensó dos veces, se arremangó las faldas y pasó por la oquedad hacia el horizonte verde poblado de árboles que se extendía ante ella. Corrió durante más de media hora, sin atreverse a ... (ver texto completo)
jejeje, limítrofes pueden ser: el Cerro del Socorro, Cerro de las Antenas y el Cerro de la Merced, pero muyyyyyy limitrofes.
Saludos y buén día.