Escuchemos a monseñor Imbert lo que era su vida:
"No permanezco mas que dos días en cada
casa que reúno los cristianos, y antes de que amanezca el tercer día paso a otra casa. Me toca sufrir mucha hambre, porque después de haberme levantado a las dos y media de la madrugada, esperar hasta el mediodía y recibir entonces una
comida mala y floja, bajo un clima bajo y seco, no es cosa fácil. Después de
comer reposo un poco, y a continuación doy clase de teología a mis seminaristas; después oigo confesiones
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