El perro oyó por casualidad su sentencia de muerte, y temiendo por la vida del niño que llevaba en el estómago, decidió dejarlo al cuidado de alguien. Este alguien resultó ser la
vaca Suri, que estaba en el establo del
palacio.
-Óyeme, Suri -le dijo-; quisiera que me guardases algo, pues mañana el rey me hará matar.
-Enséñame eso que quieres que te guarde -replicó la vaca.
El perro mostró el principito a la vaca, la cual lanzó un mugido de asombro ante su belleza.
-Lo guardaré con muchísimo gusto
... (ver texto completo)