-Ella no sale a trabajar a los
campos como nosotras, -decía una- sino que permanece sentada en
casa y ni siquiera tiene preparadas las
comidas a tiempo.
Reunidas todas las cuñadas fueron a ver a un brujo que vivía cerca de su casa y le pidieron les librara de la odiada parienta. El brujo, que les estaba agradecido por unos favores que le habían hecho, prometió hacerlo, y así, al día siguiente, cuando la
joven fue a buscar
agua para la
comida, un genio enviado por el brujo la empujó tirándola al
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