- ¿En una jaula?- lo interrumpió el chacal. – Y cómo era?
- Es muy fácil, dijo el tigre. Yo estaba encerrado en una jaula de bambú…
- Uff…. pues es que soy un poco tonto y no puedo imaginar las cosas si no las veo
Entonces se cruzaron con un chacal. Cuando le plantearon la duda, el chacal dijo:
- Nuevamente, el tigre saltó sobre el viejo sabio. Pero este le recordó que sólo le habían preguntado a dos seres y que todavía faltaba uno.
- A los hombres les gusto en primavera y en verano, cuando comen mis frutos y vienen a yacer bajo mis ramas para dormir. Pero en invierno, me cortan las ramas y me calan fuego. No me hables de justicia. Yo creo que estás en tu derecho de comértelo, tigre.
El mango hizo un movimiento con las ramas y contestó:
- Amigo mango. ¿Tú piensas que es justo que este tigre me coma después que lo haya liberado de una jaula donde estaba preso?
Entonces pasaron por debajo de un mango. El sabio se dirigió a él:
- De acuerdo, de acuerdo- dijo el tigre. Pero vayamos rápido, ¡que hace días que no como nada!
- ¡Un momento! – dijo el sabio. Hemos acordado que le preguntaríamos a tres seres vivos y este era solo el primero.
La boca del tigre se llenó de saliva. No lo pudo evitar y volvió a saltar sobre el viejo. ¡Tenía mucha, mucha hambre!
Cuando era joven, trabajaba de sol a sol en el campo. Tiraba del carro todo el día, para que mi amo labrara el campo. Pero ahora que soy viejo, me ha echado de casa porque ya no sirvo para trabajar. Los hombres no son justos…Tigre, te lo puedes comer.
- Hola, amigo buey. Tenemos una duda y te la queremos consultar. Este tigre estaba prisionero en una jaula y me ha pedido que lo liberara para ir a beber agua. Me prometió que no me comería, pero después de liberarlo quiere comerme. Crees que es justo?
Por allí pasaba un buey. El sabio y el tigre se le acercaron.