El zorro confesor. Cuento búlgaro.

En cierta ocasión, un zorro se pasó toda una larga noche de otoño correteando por el bosque, sin probar bocado. Al amanecer llegó a una aldea, se metió en el patio de un labriego y se dirigió al gallinero.
-Daré a los hombres piernas largas para que cuando pesquen en las marismas anden como los flamencos, les daré brazos largos para que manejen una azada tal como los monos manejan un palo, les daré boca para comer mijo y lengua para cantar, y les daré ojos para ver lo que comen y orejas para oír las canciones.
Juok se dijo:
Los primeros hombres. Cuento shilluk -África.

Juok, el dios supremo, viajó al norte y allí encontró arcilla blanca con la que modeló a los europeos, a los árabes los hizo con arcilla rojiza, y a los africanos con barro negro.
Echó el oso, al oir ésto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:
Estaba el cerdo presente,
y dijo: “ ¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá”.
“Yo creo -replicó el oso-,
que me haces poco favor.
¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?”
Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: “ ¿Qué tal?”.
Era perita la mona,
y respondióle: “Muy mal”.
El elogio de los necios

El oso, la mona y el cerdo

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos piés.
Dios te salve, reina y madre.....
Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.
¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo.
Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños;
Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regozijaron con un banquete.
El águila y la zorra. Fábula de Exopo

Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol.