Puso la nuez sobre el yunque y le dio un martillazo, pero la nuez no se rompió. Entonces cogió un martillo más grande, pero aquél tampoco era lo bastante fuerte. Escogió otro más grande, pero tampoco le sirvió de nada. Entonces, el herrero perdió la paciencia y la golpeó con todas sus fuerzas.
Después de haber andado un buen trecho, llegó a una fragua, entró y le pidió al herrero que hiciese el favor de partirle aquella nuez.
-Sí, desde luego, no me costará mucho trabajo –respondió el herrero cogiendo el más pequeño de sus martillos.
El diablo hizo lo que le pedía el jovenzuelo. Pero en cuanto se hubo introducido por el agujero hecho por un gusano, el muchacho lo tapó metiendo dentro un palito.
- ¡Ahora ya no te escapas! –exclamó metiéndose la nuez en el bolsillo.
- ¿Es verdad eso que dicen de que el diablo puede hacerse tan pequeño como quiera y pasar a través del agujero de una aguja? –le preguntó el muchacho.
-Es verdad –respondió el diablo.
-A ver, demuéstramelo y métete dentro de esta nuez –propuso el muchacho.
El muchacho y el diablo. Cuento danés.
Había una vez un muchacho que caminaba por un sendero cascando nueces. Acababa de cascar una cuando se encontró con el diablo.
El tonto del lobo hizo lo que le pedía la raposa y el cepo chasqueó y le apresó el hocico.
La raposa y la oveja aprovecharon la ocasión y escaparon a todo correr.
La raposa había observado que unos campesinos habían puesto un cepo en una trocha, se acercó allí con el lobo y le dijo:
- ¡Anda, besa aquí!
La raposa lo oyó y dijo:
- ¿Dices que es tuyo, compadre?
-Sí, es mío –replicó el lobo.
- ¿Pondrías a Dios por testigo? –preguntó la raposa.
- ¡Sin titubear! –respondió el lobo.
- ¿Lo jurarías? –insistió la raposa.
- ¡Sí! –respondió el lobo casi gritando.
-Bien, ven conmigo a prestar juramento –ordenó la raposa.
Luego le contaron sus penas al lobo, y éste les dijo:
-Cuando la loba degüella a un cordero, me echan a mí las culpas. Huyamos juntos.
Y huyeron todos juntos.
Durante el viaje, el lobo le dijo a la oveja:
Dime, comadre, ¿no llevas puesto mi abrigo?
Al cabo de cierto tiempo, las viajeras se toparon con un lobo.
- ¡Muy buenas, comadres! –las saludó el lobo.
- ¡Muy buenas! –respondieron ambas.
- ¿Vais muy lejos? –les preguntó el lobo.
-A donde nos lleven las patas –contestaron.
- ¿A dónde te lleva el Señor, comadre?
- ¡Ay comadre! Vivía en el rebaño de un labriego, pero la vida se me hizo allí insoportable: me echaban la culpa de todas las barrabasadas que hacía el borrego. Por eso decidí huir hasta donde mis patas me llevasen –explicó la oveja.
-Lo mismo te digo –contó la raposa-. Si mi marido roba una gallina, me echan las culpas a mí. Huyamos juntas.
Una oveja se escapó del rebaño. Una raposa que corría en dirección contraria, se detuvo y le preguntó:
En fin, desde entonces van y vienen los dos de una punta a otra del pantano, pero no se casan ni a la de tres.
La grulla, por su parte, se puso a meditar después de lo sucedido y se dijo: “ ¿Por qué lo rechacé? ¿Qué tiene de bueno vivir sola? Será mejor que me case con el airón”.
La grulla se dirigió a la casa del airón, pero de nuevo se vio rechazada.