EL GATO DE VIAJE

Esta puede ser la regla de oro en lo que respecta a las salidas de corta duración: sólo viajaremos con el gatito cuando estemos razonablemente seguros de que el animalito disfruta con el paseo, si no es preferible que permanezca en la casa.
El Gato de Viaje
La excursión y el fin de semana

Muchos propietarios de gatos, especialmente aquellos que habitan en las grandes ciudades, practican la excursión festiva o de fin de semana hacia entornos naturales, campo abierto, bosque, montaña y playa, en donde pueden expansionarse y disfrutar jornadas inolvidables. Cuando la salida es de corta duración, menos de un día, se plantea incuestionablemente la clásica duda: Â ¿Es conveniente que nos acompañe el gato? Â ¿Supondrá este paseo una circunstancia ... (ver texto completo)
La correa o traílla que puede engancharse al collar es válida para ejemplares muy bien enseñados o que pertenezcan a razas particularmente adiestrables como los diferentes tipos de siamés, pero generalmente no suelen ser válidas para pasear a nuestros gatos, que prefieren vagabundear a sus anchas explorando ese entorno fascinante anejo a su vivienda. En cualquier caso, la 'correa' será delgada, resistente,
preferiblemente de cuero redondeado, que permita la máxima movilidad del animal e incluso su salto a nuestros brazos, si se encuentra en peligro o se asusta, tendrá una longitud media que impida tirones bruscos, pero que posibilite una evolución mínima del gato a nuestro alrededor. ... (ver texto completo)
La anchura del implemento no debe ser excesiva, pero nunca por escasa favorecerá las lesiones o 'cortes' producidos en eventuales 'tirones'.
A veces se utilizan bandas completamente elásticas, que deben quedar perfectamente ajustadas al cuello, pero sin presionarle para no dificultar la respiración del minino.
Estructura del collar para gatos

Todas las peculiaridades de los felinos deben se estudiadas al adoptar el uso de este adminículo, cuyas ventajas son evidentes en todos los casos. Los collares 'sordos' destinados a los gatos que deben efectuar trabajos de 'desratización' llevarán la placa de identificación pegada a una tira de cuero sólida, de forma que no produzca ningún ruido. Es imprescindible que en todos los casos el collar tenga una tira de cuero suave y otra elástica, que permita en un ... (ver texto completo)
Por otra parte, si nuestro gato efectúa excursiones por el jardín, bien que no tenga nunca la idea de abandonarnos, su comportamiento de cazador le llevará a capturar y matar pajarillos o roedores silvestres que tal vez no deseemos tengan tan cruel final. El remedio más sencillo es adosar al collar un cascabel, que avisa a sus posibles presas, advirtiéndolas del peligro que corren. También sirve a sus propietarios para localizar por el 'tintineo' la ubicación del minino, que, a veces, se introduce ... (ver texto completo)
La especial idiosincrasia de estos felinos y su habitual 'despego' de sus propietarios puede llevarles a vagabundear lejos del hogar y afincarse en el jardín o patio de otra persona que, regularmente, les ofrezca alimento y caricias. Ejemplares valiosos intrínsecamente o por el cariño que les tenga su amo, podrán ser recuperados al avisar telefónica o epistolarmente el eventual nuevo cuidador a su legítimo dueño, cuando observe la placa grabada.
El collar es un instrumento de identificación al que se le puede unir una chapa de metal grabada con la dirección o el número de teléfono de su propietario, y de paso sirve para señalar a su portador como animal doméstico que tiene un amo y que lógicamente estará vacunado y cuidado de forma correcta.
El Collar Del Gato
El collar del gato

Generalmente poco utilizado, salvo excepciones, este implemento puede resultar imprescindible para aquellos mininos que gocen de un estado de semilibertad casi total, habitando con sus amos en viviendas unifamiliares o casas de campo e incluso en apartamentos urbanos, de los que se les permite salir por terrazas o ventanas.
La castración, por contra, no tiene ningún efecto perjudicial demostrado en la salud de los gatos y evita las molestias que puede entrañar la convivencia con animales de sexualidad tan elevada. Elegidos los reproductores, se juntan macho y hembra en un jaulón de apareamiento o habilitación grande cerrada y sin molestias por parte de sus dueños. Las gatas primerizas son muy esquivas y pueden herir a un gato inexperto que intente el acoplamiento sin ser 'invitado' a ello. Cuando la hembra cede, el macho la monta rápidamente, retirándose con brusquedad e irritando por ello los órganos genitales de la gata, debido a las escamas córneas que recubren su órgano reproductor. A veces, el matrimonio no se consuma por rechazo sistemático de la hembra o inexperiencia del gato. No se insistirá separando los ejemplares hasta el siguiente celo. La duración del período receptivo en las hembras oscila entre tres y nueve días terminándose tras las pertinentes cubriciones. ... (ver texto completo)
La elección de los reproductores en los gastos de pura raza exige gran conocimiento y puede considerarse como auténtica ciencia en la que la fisiología, la genética e incluso la etiología entremezclan sus especialidades para tratar de obtener descendencias homogéneas, sanas y con unas características específicas muy concretas. Las hembras, a partir de los seis meses, demuestran su receptividad mostrándose más 'cariñosas' que lo habitual, frotándose contra personas y enseres, revolcándose y efectuando cabriolas y piruetas muy características y maullando de forma sobrecogedora e intensa. Además, la orina tiene un olor especial, muy fuerte y característico, que sirve de perfume atractivo a los machos de la vecindad. Insistimos en que las personas que no desean dedicarse a la cría de gatos, que habiten en un piso o apartamento ciudadano, han de castrar a sus pupilos. ... (ver texto completo)
El apareamiento

Debemos insistir en la conveniencia de no permitir las relaciones en ejemplares jóvenes (doce meses para los machos y nueve o diez en las hembras), así como la buena práctica de aparear ejemplares jóvenes o primerizos con parejas de cierta experiencia, regla válida para machos y hembras.
Los machos, a partir de la plena madurez sexual son capaces de aparearse siempre que las gatas se lo permitan, y éstas tienen períodos de celo de forma casi continua cada dos o tres semanas. Se citan dos épocas especialmente álgidas en nuestras latitudes: desde enero a marzo y el período comprendido entre la segunda quincena de mayo y finales del mes de julio, pero la realidad es que prácticamente la frecuencia de los períodos de celo en las hembras de esta especie se sucede de forma aleatoria, frecuente e ininterrumpida durante todo el año. Probablemente, esta sucesión de los períodos fértiles se alarga por las condiciones de calefacción de las viviendas que acogen a estos interesantes animales de compañía. ... (ver texto completo)
Desde los seis meses de vida hasta los nueve o diez, comienza la madurez sexual de las gatas. Los machos, menos precoces, son aptos para la procreación desde los nueve u once meses. Sin embargo, no es conveniente utilizar como semental a un gato que no haya cumplido sobradamente el año de edad ni tampoco permitir que una hembra quede cubierta antes de los nueve o diez meses de vida.