En la intimidad del Cenáculo, Jesús hizo algo sorprendente, totalmente inédito: tomando
pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
—Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía (Lc 22, 19).
Sus palabras expresan la radical novedad de esta cena con respecto a las anteriores celebraciones pascuales. Cuando pasó el pan ácimo a los discípulos, no les entregó pan, sino una realidad distinta: esto es mi cuerpo. «En el pan partido, el Señor se reparte a sí mismo
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