LOS HINOJOSOS: Esclavo de mis palabras ESPAñA está eliminada....

Esclavo de mis palabras






ESPAñA está eliminada. Y ojalá que sólo del Mundial. Zapatero, llevado en volandas por sus ansias infinitas de paz, ha asegurado que su Gobierno respetará la voluntad de los vascos. Para que España no esté eliminada, tiene que seguir siendo una nación, esto es, un ámbito único de decisión, una sola solidaridad. Y el futuro lo tendríamos que decidir democráticamente los españoles. En los países serios, como en las selecciones, juegan todos, en equipo.
No acaban ahí las similitudes entre la política y el fútbol. Luis Aragonés prometió que dimitiría si no llegábamos a las semifinales. No llegamos ni de lejos, y ahora dice con dudosa sintaxis que "el ser esclavo de mis palabras nunca lo iba a ser". Por lo que vemos, ZP tampoco pretende serlo de las suyas. Es muy ilustrativo leer, dentro del programa electoral socialista, el apartado titulado "Todos contra el terrorismo; todos con sus víctimas", donde se rechazaba la negociación con ETA y se defendía el cumplimiento escrupuloso y estricto del Pacto contra el Terrorismo. Poco más tarde, en la resolución de mayo de 2006, ZP se comprometió formalmente a informar del inicio de las negociaciones al Congreso y a no iniciarlas hasta que los terroristas entregasen las armas. Hasta ahora, ha ido incumpliendo paso a paso cuanto prometió.

Liberarse de las palabras o liberarlas es contraproducente. Sueltas no valen más que para la exclamación retórica. "¡Oh la libertad!" u "¡Oh la paz!", por ejemplo. Las palabras necesitan la frase, la gramática, la lógica... Y a un sujeto emisor.

Yo, como emisor, me sujeto a lo que dije. Y no es que no ame la libertad tanto como el presidente del Gobierno: es que he leído a Platón. En La República (que, aunque fuese sólo por el título, a Zapatero debería de gustarle) se subraya la curiosa expresión que empleamos cuando elogiamos a un hombre como "dueño de sí mismo". Quiere decirse –explica el filósofo– que ese mismo hombre es a la vez un esclavo a su servicio. O sea, que, en contra de la doctrina del Sabio de Hortaleza, el sabio de Atenas pensaba que someterse a la propia palabra es una muestra de dominio, de señorío y, por eso, de verdadera libertad.

Puesto a elegir, con todos los respetos, me quedo con Platón. Y aunque yo no me he retratado en ningún programa electoral ni ante el Parlamento, seré fiel, en la medida de mis posibilidades, a lo que he venido escribiendo en esta columna, que es mi compromiso con ustedes y conmigo. Mi posición ante ETA será siempre la de las víctimas. Hay quien profiere que eso es extremista y cerril: que lo sensato es la mesa en la que se sientan los socialistas y los felices, ilegales batasunos. Pero yo no puedo estar en otro sitio que con Miguel ángel Blanco, con la ley, con el cumplimiento íntegro de las penas, con la unidad de España. Soy un esclavo de mi palabra.