Estamos diciendo que huele a podrido en el cesto del PP y que quienes agitan la bandera de la crispación, convencidos del dicho de “cuanto peor, mejor” y recordando que la crispación general favoreció la llegada de Aznar al poder en 1996, en medio de los escándalos de los GAL y la corrupción, están alejando al PP del centro, por más que ellos se disfracen en su particular carnaval gaditano de liberales.
Un discurso sobre la crispación y el pasado felipismo que ya le han colocado a Rajoy en alguna ocasión, que no se corresponde con la realidad del momento español y que está demasiado lejos en el tiempo porque la crispación más reciente está fijada en la guerra de Iraq y las mentiras del 11M. Pero sobre todo con un discurso y unos modales que producen un profundo rechazo entre los profesionales y los sectores informados de la sociedad —el centro político—, los que por más indignados y preocupados que estén con las iniciativas temerarias del presidente Zapatero no van a votar a este PP que, aislado de los partidos nacionalistas y regionalistas, necesita más que nunca de estos votos para conseguir la alternancia y alcanzar el poder.
Y éste es el cálculo que hacen los medios y dirigentes del PP implicados en la estrategia de la crispación: provocar la bronca nacional, agitar la bases y de paso garantizar así la derrota de Rajoy en las elecciones del 2008, que algunos dan por imparable y que es a lo que está jugando el clan de la trinca convencidos de que, desde ahora, podrían controlar la sucesión del líder e incluso provocar su salida anticipada si en los próximos comicios autonómicos —que se inician en Cataluña— y en los municipales del 2007 el PP no da muestras claras de progresión electoral en las urnas, como un claro castigo al Gobierno y una contundente respuesta ciudadana a lo que estos dirigentes del PP califican como la ruptura de España, entre otras muchas predicciones catastróficas.
Un discurso sobre la crispación y el pasado felipismo que ya le han colocado a Rajoy en alguna ocasión, que no se corresponde con la realidad del momento español y que está demasiado lejos en el tiempo porque la crispación más reciente está fijada en la guerra de Iraq y las mentiras del 11M. Pero sobre todo con un discurso y unos modales que producen un profundo rechazo entre los profesionales y los sectores informados de la sociedad —el centro político—, los que por más indignados y preocupados que estén con las iniciativas temerarias del presidente Zapatero no van a votar a este PP que, aislado de los partidos nacionalistas y regionalistas, necesita más que nunca de estos votos para conseguir la alternancia y alcanzar el poder.
Y éste es el cálculo que hacen los medios y dirigentes del PP implicados en la estrategia de la crispación: provocar la bronca nacional, agitar la bases y de paso garantizar así la derrota de Rajoy en las elecciones del 2008, que algunos dan por imparable y que es a lo que está jugando el clan de la trinca convencidos de que, desde ahora, podrían controlar la sucesión del líder e incluso provocar su salida anticipada si en los próximos comicios autonómicos —que se inician en Cataluña— y en los municipales del 2007 el PP no da muestras claras de progresión electoral en las urnas, como un claro castigo al Gobierno y una contundente respuesta ciudadana a lo que estos dirigentes del PP califican como la ruptura de España, entre otras muchas predicciones catastróficas.