Assalamu aleykum: Repensar el islam, pensar nuestra condición de seres sometidos, aquí y ahora. Pensar el islam desde una Realidad que se nos muestra como Signo, algo que desentrañar, que desvelar con nuestro esfuerzo.
No todos los signos tienen una apariencia luminosa. En los últimos tiempos hemos asistido a la degradación sin precedentes del derecho internacional y de los valores democráticos. En España, el gobierno ha conducido a la nación a la guerra en contra de la voluntad de la mayoría, en contra de las instituciones internacionales, en contra del sentido común, de todos los valores que pertenecen al corazón mismo de la democracia. Las consideraciones humanas han desaparecido. El motivo las guerras que asolan el planeta es el expolio de los recursos naturales del tercer mundo por parte de las multinacionales de occidente.
Frente a esta maquinaria militar y financiera se está formando una corriente crítica y activa, que trasciende los límites de lo político para expresar un deseo de paz, ese salam que anida en cada criatura. Frente a los partidarios del choque de civilizaciones han despertado las conciencias. Son muchos los ciudadanos que están viendo, tras una apariencia democrática, actitudes muchas veces totalitarias, y una maquinaria económica que quiere apoderarse de un sistema que nació como expresión de los deseos de justicia social de la mayoría.
Hace años que los nuevos musulmanes hablamos de la convergencia entre el islam y los más genuinos valores democráticos: libertad de conciencia, derechos humanos, participación del pueblo en las decisiones colectivas. Ahora es el momento de mostrar que el islam, lejos de promover una “vuelta al pasado”, es una apuesta de futuro. El islam, como cosmovisión, como norma de vida integral e integrada, puede ofrecer a nuestras sociedades los mecanismos necesarios para su reforma, para la superación del actual estado de cosas, que ha impuesto la barbarie y el interés como modo de relacionarse los hombres entre sí.
Para ello debemos repensar el islam, atrevernos a formular las preguntas necesarias, a cuestionar el saber constituido y abrirnos a la Palabra revelada como si descendiese ahora. Debemos despojarnos de todos los lastres heredados, de toda una serie de interpolaciones culturales que han reducido el islam a ser la “religión de los antepasados”, una religión heredada y no un estado de conciencia.
Los musulmanes no somos unos maniáticos cargados de preceptos, sino los hombres del encuentro, no somos bárbaros ni queremos destruir nuestra cultura, sino aportar nuestro esfuerzo para lograr una sociedad abierta, donde la diversidad sea reconocida como un bien. Queremos “hambre cero”, un sistema que ponga en el centro la justicia social antes que el desarrollo a toda costa.
Pensar desde el sometimiento implica reconocer que todo saber constituido es limitado, y abrirse a la Palabra como único camino es interiorizar esos valores trascendentes que están en el corazón de todas las tradiciones, saber ver la convergencia frente al sectarismo, trabajar en el camino del encuentro. Abandono, certeza, resolución, serenidad, paciencia... Valores sin los cuales ninguna puerta se abre, sin los cuales la propia práctica de adoración se desvanece.
Los musulmanes de occidente ya no estamos tan aislados como hace treinta años, nos encontramos trabajando junto a todos aquellos que se niegan a aceptar la injusticia y la depredación globalizada. Podemos citar el Evangelio, el Libro de los Salmos, el Tao Te King, el Bhagavad Gîta... En todas partes encontramos el islam, el mismo amor por el bien y la belleza. Nos adentramos en una comunidad más amplia de lo que jamás imaginamos: la comunidad de todos aquellos que ponen su confianza en la Misericordia creadora, que no aceptan la destrucción como sistema. Es la Ummah de Muhámmad, sobre él la paz y las bendiciones, que pugna por reconciliar a todos los pueblos de la tierra.
Hay algo que está sucediendo, que sucede cada vez que unos hombres se atreven a comunicarse con la Realidad directamente, y es la expansión del islam como algo en esencia creativo, capaz de superar las trabas conceptuales mediante una verdadera yihad por revitalizar el deîno, para hacerlo posible en el presente de nuestras construcciones de califa. Nosotros somos una mota de polvo, pero sentimos cómo la rahma sopla sobre nuestras cabezas, como nos penetra y nos conduce. No podemos sino responder a ese mandato, a la inmensa demanda de un mundo que se ha visto condenado por el más salvaje de los monoteísmos, el del mercado, el de la búsqueda del beneficio a toda costa.
Este es un momento oportuno para que mostremos el rostro más hermoso del islam, para que nos quitemos todas las máscaras y nos unamos al clamor que está trastocando las conciencias. Nos alineamos junto a todos aquellos que muestran su rechazo a la política de la exclusión y del enfrentamiento, tratando de consolidar el islam como una opción en nuestras sociedades.
Para nosotros el islam es la fuerza que ha de transformar el mundo en que vivimos. Al plantear este trabajo respondemos a una necesidad emanada de los tiempos. Queremos ofrecer un modelo de vida orgánico e integrado, que ponga en juego todas las capacidades del ser humano en el cuidado del mundo, para complacer al Creador de los cielos y la tierra. Creemos que podemos ayudar a vislumbrar un modelo social más justo, tratar de avanzar hacia la prohibición de la usura, hacia la erradicación de la pobreza, hacia la desarticulación de una sociedad basada en la depredación y en la exacerbación de las pasiones, desigualdad, usura, racismo, incitación al consumo, etc. Y en eso se trabaja, con el permiso de Al-lâh.
No todos los signos tienen una apariencia luminosa. En los últimos tiempos hemos asistido a la degradación sin precedentes del derecho internacional y de los valores democráticos. En España, el gobierno ha conducido a la nación a la guerra en contra de la voluntad de la mayoría, en contra de las instituciones internacionales, en contra del sentido común, de todos los valores que pertenecen al corazón mismo de la democracia. Las consideraciones humanas han desaparecido. El motivo las guerras que asolan el planeta es el expolio de los recursos naturales del tercer mundo por parte de las multinacionales de occidente.
Frente a esta maquinaria militar y financiera se está formando una corriente crítica y activa, que trasciende los límites de lo político para expresar un deseo de paz, ese salam que anida en cada criatura. Frente a los partidarios del choque de civilizaciones han despertado las conciencias. Son muchos los ciudadanos que están viendo, tras una apariencia democrática, actitudes muchas veces totalitarias, y una maquinaria económica que quiere apoderarse de un sistema que nació como expresión de los deseos de justicia social de la mayoría.
Hace años que los nuevos musulmanes hablamos de la convergencia entre el islam y los más genuinos valores democráticos: libertad de conciencia, derechos humanos, participación del pueblo en las decisiones colectivas. Ahora es el momento de mostrar que el islam, lejos de promover una “vuelta al pasado”, es una apuesta de futuro. El islam, como cosmovisión, como norma de vida integral e integrada, puede ofrecer a nuestras sociedades los mecanismos necesarios para su reforma, para la superación del actual estado de cosas, que ha impuesto la barbarie y el interés como modo de relacionarse los hombres entre sí.
Para ello debemos repensar el islam, atrevernos a formular las preguntas necesarias, a cuestionar el saber constituido y abrirnos a la Palabra revelada como si descendiese ahora. Debemos despojarnos de todos los lastres heredados, de toda una serie de interpolaciones culturales que han reducido el islam a ser la “religión de los antepasados”, una religión heredada y no un estado de conciencia.
Los musulmanes no somos unos maniáticos cargados de preceptos, sino los hombres del encuentro, no somos bárbaros ni queremos destruir nuestra cultura, sino aportar nuestro esfuerzo para lograr una sociedad abierta, donde la diversidad sea reconocida como un bien. Queremos “hambre cero”, un sistema que ponga en el centro la justicia social antes que el desarrollo a toda costa.
Pensar desde el sometimiento implica reconocer que todo saber constituido es limitado, y abrirse a la Palabra como único camino es interiorizar esos valores trascendentes que están en el corazón de todas las tradiciones, saber ver la convergencia frente al sectarismo, trabajar en el camino del encuentro. Abandono, certeza, resolución, serenidad, paciencia... Valores sin los cuales ninguna puerta se abre, sin los cuales la propia práctica de adoración se desvanece.
Los musulmanes de occidente ya no estamos tan aislados como hace treinta años, nos encontramos trabajando junto a todos aquellos que se niegan a aceptar la injusticia y la depredación globalizada. Podemos citar el Evangelio, el Libro de los Salmos, el Tao Te King, el Bhagavad Gîta... En todas partes encontramos el islam, el mismo amor por el bien y la belleza. Nos adentramos en una comunidad más amplia de lo que jamás imaginamos: la comunidad de todos aquellos que ponen su confianza en la Misericordia creadora, que no aceptan la destrucción como sistema. Es la Ummah de Muhámmad, sobre él la paz y las bendiciones, que pugna por reconciliar a todos los pueblos de la tierra.
Hay algo que está sucediendo, que sucede cada vez que unos hombres se atreven a comunicarse con la Realidad directamente, y es la expansión del islam como algo en esencia creativo, capaz de superar las trabas conceptuales mediante una verdadera yihad por revitalizar el deîno, para hacerlo posible en el presente de nuestras construcciones de califa. Nosotros somos una mota de polvo, pero sentimos cómo la rahma sopla sobre nuestras cabezas, como nos penetra y nos conduce. No podemos sino responder a ese mandato, a la inmensa demanda de un mundo que se ha visto condenado por el más salvaje de los monoteísmos, el del mercado, el de la búsqueda del beneficio a toda costa.
Este es un momento oportuno para que mostremos el rostro más hermoso del islam, para que nos quitemos todas las máscaras y nos unamos al clamor que está trastocando las conciencias. Nos alineamos junto a todos aquellos que muestran su rechazo a la política de la exclusión y del enfrentamiento, tratando de consolidar el islam como una opción en nuestras sociedades.
Para nosotros el islam es la fuerza que ha de transformar el mundo en que vivimos. Al plantear este trabajo respondemos a una necesidad emanada de los tiempos. Queremos ofrecer un modelo de vida orgánico e integrado, que ponga en juego todas las capacidades del ser humano en el cuidado del mundo, para complacer al Creador de los cielos y la tierra. Creemos que podemos ayudar a vislumbrar un modelo social más justo, tratar de avanzar hacia la prohibición de la usura, hacia la erradicación de la pobreza, hacia la desarticulación de una sociedad basada en la depredación y en la exacerbación de las pasiones, desigualdad, usura, racismo, incitación al consumo, etc. Y en eso se trabaja, con el permiso de Al-lâh.