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Decía Juan Ramón Jiménez; “Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”.
Nos introducimos ahora en el concepto de lo que es “ISLAM” como un vocablo árabe que en sí mismo contiene el total de la naturaleza de Aquello único que manifiesta, como voy explicando.
En su génesis Islam no es una parcela de la Revelación, no es una nueva doctrina, sino la síntesis de la tradición Abrahámico Sinaítica, puesta en la boca de Muhammad, y con la promulgación del respeto hacia las demás creencias.
Islam, por lo tanto, no puede ser considerado como una religión más en competencia y enfrentamiento con otras, sino como el acontecimiento religioso ó proceso de reunificación en sí mismo. Veamos el desarrollo de esta afirmación.
El vocablo árabe “Islam”, se forma desde la raíz consonante trilítera “S-L-M”.
De esta raíz procede el sustantivo “Selm”, cuyo significado es: “paz tras la confrontación”. El sustantivo “Salám” que significa paz en general y paz como concepto de saludo.
Y se forman los verbos; “Sálama”, que significa estar sano y salvo. “Sal-lama”, cuyo significado es: “saludar”, “rendirse a…”, ”someterse a…”. Y “Aslama”, que equivale a: “dejarse llevar por”, ó “convertirse a…”.
De esta traducción deducimos que ISLAM es igual a: “paz tras la confrontación del que busca y encuentra”, “sentirse a salvo, como en casa”, “sometimiento a la Dinámica Creadora”, “conversión a…”, “dejarse llevar por Esa misma Dinámica”.
En varias ocasiones vengo escribiendo sobre la universalidad del estado de Islam. Y cuando digo que Islam es universal, no sólo me refiero a que lo es en su sentido práctico de ordenamiento de lo social y de lo espiritual para todas las gentes, sino que también quiero reflejar que el Estado de Islam, en sí mismo, es de naturaleza UNIVERSAL.
Otra cuestión es la contradicción a la que nos enfrenta la realidad cotidiana pues, al igual que en cualquier otra forma de pensamiento –véase nuestro entorno religioso- no siempre las clases dirigentes gozan de la habilidad necesaria para adaptar la práctica y presentación religiosa a todas las épocas y circunstancias.
Por esto la realidad actual nos muestra un Islam popular que escandaliza, y que, por comparación, se hace prácticamente irreconocible en la original promulgación Muhammadiana.
Cada “religión”, además de los límites que se ha ido creando, recibe su nombre del líder que la inicia, de un topónimo, de algo o alguien. Y como dije antes, todas las reinterpretaciones surgen de una visión parcelada de un momento de la historia, con el riesgo de anclar a las personas en un costumbrismo centenario, antaño válido, pero desprovisto ya de sentido en esta nueva época.
En tanto que las religiones no contrarían la razón o las leyes universales, así como el derecho natural del ser humano, que todos conocemos, forman parte de un mismo propósito: ¡enseñar!.
Tal y como nos indica la promulgación Coránica, todas ellas participan de la historia de la Revelación por la presencia de sus inspirados maestros y profetas.
El fin de la religión, como ya dije, es el de enseñar para después perder protagonismo como estructura litúrgica, si llega el caso, con el fin de centrar toda la atención del practicante en el Objetivo, que es La Divinidad = Allah.
Esto es de tal forma así que cuando las estructuras, las costumbres étnicas o los líderes, acaparan la atención de los fieles, restándole protagonismo al Objetivo, la “religión” deja de serlo y se convierte en una parcela ritual, o en una simple ideología más ó menos complicada de aceptar.
El concepto de religión debe de ser aplicado, exclusivamente, a aquellas disciplinas que, sin repugnar al sentido común, son entendidas como métodos de pedagogía integral, tanto en lo individual como en lo colectivo, en lo espiritual y en lo material.
Y SIEMPRE desde la libre opción, en tanto que ésta no conculque los derechos de la persona o de la colectividad.
La religión, como método, debe de ilustrar en primer lugar y, después, conducir con sencillez a las personas que, ¡libremente!, se sientan llamadas hacia la Unión Creador–criatura ya que, la práctica religiosa, es un estado opcional que bajo ningún concepto puede imponerse en contra de la propia convicción.
La religión debe de tener un solo propósito simple, enseñar en libertad, y un método básico que puede ser más ó menos adaptado en dependencia del tiempo, lugar y persona. El método sería la estructura religiosa en sí misma.
Si antes decía que la verdadera concepción de Islam no es simplemente la de una religión más entre otras, se debe a que la consideración de Islam como “estado de universalidad” es el equivalente al natural sometimiento o docilidad del total de lo creado a su Principio Creador.
Islam, en este sentido, en vez de ser concebido como “otra religión” más, sería LA RELIGIóN COMO ESTADO en su concepto de aproximar, o reunir, aquello que fue disperso; Creador y criatura.
ESTO ES ISLAM. “El estado de vida por el que se es dócil y sometido a Aquel que todo lo genera y hacia Quien todo revierte”.
El cuanto al método práctico y cotidiano –la ´Ibadat-, para llevar a la práctica lo ya dicho, tanto en el ámbito de lo social como de lo espiritual, el acontecimiento Islam, es Religión.
Es “Din” o vehículo de aproximación entre Creador y criatura, y está recogido en el Qor´âno inspirado a Muhammad (p.b.) y en la Sunna, o compendio de los hadit, como dichos y hechos del Profeta.
Es todo aquello que, en los textos, podemos leer y entender sin dificultad, aunque en sus orígenes fuera adaptado a las costumbres y comprensión de las tribus árabes.
Islam también es el estado de paz y armonía al que llega todo cuanto existe tras el esfuerzo de la confrontación interna -Yihad- que, en los procesos de evolución de cada una de las criaturas, operan las fuerzas creadoras. Gracias a este Yihad, o esfuerzo creador, cada criatura adquiere la naturaleza de su ser.
Islam es el estado alcanzado por cualquier persona cuando, de manera responsable, se hace dócil a la dinámica del Creador impresa en sí mismo (estado original de Fitra) y por ello puede ser llamado “mumin” (creyente) ó “musulmán” (el que está a salvo y en paz).
Sobre la interpretación de los textos estudian y debaten los eruditos, los Ulemas (a semejanza de los teólogos) y los Fqih, especialistas en Fiqh, es decir; “El conocimiento organizado del contenido en la Revelación Coránica”.
Desde esta primera comprensión de los textos, elaboración posterior y aplicación sucesiva de normas, algunas de ellas puramente costumbristas, surge la idea de Islam como una religión entre otras.
Repito nuevamente que, como el método “educativo” que aproxima la criatura hacia su Creador, Islam es religión, es; “Din”.
DIN. Es la raíz trilítera de la que procede el verbo “daiana”, cuyo significado es el de someterse. La palabra “daîan”, equivalente a irresistible, dominante. “Dain” que significa deuda. El término “iadin”, que significa hacerse responsable de sus asuntos. Cuando decimos “iaumi din” decimos día de la recompensa, por lo tanto en este contexto, “din” equivaldría a recompensa. Y por último, “din” también significa obediencia y costumbre.
Para entender este conjunto diverso de significados posibles hay que saber primero que, en árabe, las palabras se forman, principalmente, desde raíces consonánticas que adquieren su significado en el contexto de cada frase.
Así pues, la palabra Din equivale al sometimiento y obediencia a la ley natural impresa en cada criatura por la Dinámica Creadora.
Es decir, todo cuanto existe tiene su “din”, su “religión”. Pero el Din, la ley natural con la que todo cuanto existe “nace”, también puede ser llamada “Fitra”.
Los seres humanos, al ser criaturas dotadas de Conciencia y voluntad, pueden, dominados por el ego, el “nafs”, alterar su Fitra, su Din original. Así pues la Revelación, o religión como ampliación del Din original, nos es dada con el fin de asistir a nuestra Conciencia en las rutas del Conocimiento y posterior acercamiento al Principio Creador.
Por lo tanto, en cuanto al ser humano se refiere “Din” es, además, la aceptación responsable y puesta en práctica de la Sabiduría contenida en la Revelación. Pues el conjunto de ambas, ley natural y Revelación, nos dan el concepto global de Religión o Din, formando así el método que puede reunir de nuevo “aquello” que fue separado.
En definitiva, y con otras palabras, “din” y “religión” vienen a significar lo mismo; la unificación entre criatura y Creador.
FITRA. Tiene su origen etimológico en el verbo “FáTARA”, equivalente a; “poner las bases...”, “crear”, “tendencia innata”.
Por lo tanto, todo cuanto existe tiene “sus bases”, “el código impuesto”, el Din por el que todo “actúa” conforme a lo que es.
Aplicado este concepto para el ser humano, en sentido figurado, viene a significar; “La Fitra es semejante al código, a las cualidades que la Acción Creadora ha dejado impresas en el ser consciente en su estado primigenio de inocencia”.
Pero como decía, sabemos que en el uso de nuestro libre albedrío no siempre damos contestación adecuada a “ese Código”. La malformación educacional, la manipulación de las conciencias por parte del sistema, la creación de prejuicios, etc., son causantes de nuestro “desarreglo”.
Podemos detectar la existencia de “Eso Otro original” desde el inicio mismo de nuestra búsqueda, no importa cuando comenzara ni por qué derroteros fuera.
El mismo deseo de búsqueda “es” ya un claro indicativo de haber escuchado “la primigenia llamada impresa” la Fitra o Din primero que, como “religión natural”, nos advierte claramente de un vacío interno no satisfecho.
La identificación interna de nuestra verdadera Fitra es una labor perfectamente posible que nos exige constancia, pero no será difícil para una conciencia bien formada.
Una vez encontrada la naturaleza original, que nos es propia, no es difícil encontrar el Din, la religión que, como guía, nos ha de alumbrar el Recto Sendero de la evolución y acercamiento al Principio Creador.
Nadie nos obliga, nadie nos pide cuentas, Allah siempre espera. él es el Paciente, pero es nuestra decisión, día a día, la que determina si en este periodo de nuestra existencia alcanzaremos o no la meta propuesta.
Así pues, si somos verdaderamente coherentes con nuestro destino, para y por el que hemos sido llamados a la existencia, esto es, a cerrar el círculo y acceder a la Unidad, ningún conocimiento posible es prescindible, y este tampoco.
Por esta razón decía Muhammad (s.a.s); “Buscad la Sabiduría, aunque para encontrarla tengáis que viajar lejos”.
El ser humano, cuando se aleja de su objetivo creacional por una malformación educativa durante la infancia, o por propia voluntad como adulto, deja de ser dócil al propósito de la Creación en él. Por lo tanto abandona el estado de docilidad, la Fitra o el Din primordial, o lo que es lo mismo “el estado de musulmán”, ante la acción Creadora, a no ser que lo recupere con un gesto estable de reconocimiento.
Así, cuando una persona acepta en su vida el estado de Islam trascrito por el magisterio de S. Muhammad (s.a.s), no decimos que se convierte al Islam, sino que recupera el estado de Islam ó estado original de Fitra perdido.
A partir de aquí podemos decir que retorna a su ser musulmán, o a su ser dócil, (que es lo mismo) por haber recuperado así el estado primigenio.
Para evitar en lo posible la probable aversión tradicional hacia algunas expresiones, no viene mal recordar aquí que estoy haciendo uso de la significación etimológica de los vocablos árabes. Esta es una forma de recuperar el significado en sus orígenes, que no siempre concuerdan con los presentes.
MUSULMAN o muslim, es una palabra que tiene el mismo origen lingüístico que Islam. Denomina a toda aquella persona, de no importa qué etnia o credo, que de forma responsable acepta el magisterio Muhammadiano, y busca sentirse a salvo y en paz haciéndose dócil a la acción del Principio Creador sobre ella.
En los orígenes de la promulgación Muhammadiana, ser musulmán, era equivalente a este concepto recuperado de la Tradición Abrahámico Sinaítica.
Por esto decía que, solo bajo esta concepción, Islam no es una religión más entre otras, sino un estado de vida.
La comprensión de todo esto, sin prejuicios, no es empresa fácil para nosotros cuando se nos presentan arropados por la lengua árabe y siglos de desprestigio.
Con respecto a esta cultura ya estamos habituados, por el condicionamiento despectivo, a analizar muy someramente cualquier informe actual sobre “los moros”, que además de bárbaros invasores, según la crítica popular, eran infieles y sarracenos...
Mas esto no es nuevo para nosotros. Por razón de la costumbre hemos adquirido el hábito, firmemente arraigado, de juzgar peyorativamente este periodo de nuestra historia. Ya que la información que nos ha llegado a través de los testimonios narrados por “los otros”, los visigodos vencedores, ha sido muy parcelada y tendenciosa.
He aquí nuestra dificultad en el presente, pero es así, a través de ésta concepción primigenia de Islam, cómo descubriremos que la cultura de nuestro pueblo andalusí se encaramó a las cúspides más altas del saber.
Esta forma de entender tales conceptos estuvo estrechamente vinculada a la Tradición Sufi. Todo lo cual tiene muy poco que ver con las ideas popularmente vulgarizadas, tanto en Oriente como en Occidente, sobre la comprensión de lo que son Islam, musulmán, Sufismo y todos sus contenidos.
Esta Antigua Tradición Sufi, como forma de entender la existencia, se nutrió de otras culturas a las que también aporto riqueza, pero tal y como hoy la conocemos tuvo su cuna entre las páginas del Qor´âno y en las enseñanzas de S. Muhammad (s.a.s). Algunas de ellas contenidas en los proverbios o Hadices.
La antigua sabiduría, como Sufismo, encontró su refugio y protección en el seno del Islam, y recibió un nuevo impulso frente a las dificultades que tuvo que afrontar en los diversos momentos de la historia.
Mas tarde, el conocimiento genuino, oculto en la promulgación, se nos fue mostrando progresivamente en los escritos legados por los Maestros de la Tradición Sufi. Podríamos decir que, sin haber conocido la obra ingente de los Maestros Sufis, las esencias del Islam original se nos habrían perdido.
El Qor´âno, inspirado al Profeta y Maestro Sidna Muhammad (s.a.s), guía de los musulmanes, no-solo guarda las enseñanzas de la Antigua Tradición, sino que además legisla usos y costumbres para la creación de un pueblo. Una nación capaz de preservar el legado escrito para todos los pueblos venideros.
Decimos que Muhammad (s.a.s) es el eslabón que une la sabiduría desarrollada desde aquellos remotos tiempos y nosotros.
Considerando siempre que me refiero al sentido etimológico de cada vocablo, los musulmanes somos herederos de una antiquísima tradición, sencilla, culta, y coherente con el ser humano y su entorno. En nada semejante a la actual barbarie generada en Oriente e incentivada por Occidente.
Como ya dijimos, Muhammad (s.a.s) nunca pretendió fundar una religión nueva, no fue este su ministerio. Su labor como Profeta y Maestro inspirado fue la de recuperar la antigua Revelación, un tanto deteriorada a causa de determinadas costumbres de otra época entre las culturas circundantes.
Muhammad (s.a.s) mpartió una sola enseñanza contenida en los textos que se conservan, pero esta sola enseñanza la explicó de dos formas diferentes.
La primera forma de su prédica la encontraremos en la lectura básica de los textos que nos muestran los contenidos extraídos de esa primera comprensión. Pero el propio Muhammad (s.a.s) ya nos advierte que en esos textos se halla un conocimiento que sobrepasa a las lúcidas inteligencias. Así hasta siete niveles de comprensión.
Refiriéndose a estos otros niveles de percepción, uno de sus íntimos colaboradores, Abú Hurairah, decía así a sus coetáneos tras la muerte del Maestro; “Del Profeta he recibido dos legados. El primero ya lo conocéis, pero si os comunicara el segundo legado me cortaríais la cabeza”.
Con el primer legado se refería a la lectura básica que da su forma a la sencillez de la religión estructurada. Con el segundo legado se refería al conocimiento profundo que de ello extrae el Gnóstico, -´Arif-.
La Revelación recibida por Muhammad (s.a.s) fue, inicialmente, presentada ante las tribus árabes y, por lo tanto, estructuralmente adaptada, en parte, a su problemática y a sus circunstancias históricas.
Pero fue revestida de tal ductilidad que puede ser entendida y aplicada en cualquier tiempo y lugar, lo que da a sus enseñanzas esa dimensión de universalidad. Ya que si bien el contenido de la enseñanza es indefinidamente válido, el “envoltorio” en el que se nos presenta ha de ser adaptativo a la persona y a su circunstancia.
No obstante, después de los primeros califas sucesores, el Islam, al igual que otras formas de pensamiento, comienza a mostrarse como “la religión verdadera” y a constituir toda una especie de “casta” de eruditos (en sustitución de los sacerdotes prohibidos en Islam) y en franca oposición a las demás creencias.
Esta clase social está compuesta por los Ulemas y Alfaquíes, expertos en Fiqh (conocimiento organizado), quienes enseñan la comprensión del Islam (según el acuerdo “oficial”) y la práctica de las formas para su desarrollo.
De la influencia de estos “expertos” a lo largo de la historia, va surgiendo la estructura, que hoy conocemos, de “la nueva religión”, que va organizándose en distintas tendencias según criterios (chiítas, sunnitas, fatimíes, etc.).
Son los Ulemas y Alfaquíes quienes, progresivamente y, con el propósito de unificar criterios o preservar la intocabilidad de los textos, van dictando normas e interpretaciones.
Estos criterios, elaborados por eruditos, poseen, por lo tanto, un importante valor. Pero al igual que el criterio de cualquier otro estudioso son subjetivos, y pueden, por lo tanto, ser aceptados o no como válidos, dependiendo del sentido crítico y convicción de cada persona, pues a diferencia del catolicismo, no adquieren valor dogmático.
Es evidente que un pensamiento estructurado, una enseñanza cualquiera, debe de contar con un cierto sentido crítico de preservación, en cuanto a forma y en cuanto a contenido, esa es la labor de los expertos. Pero esto no es fácil.
La religión como metafísica, como la estructuración del pensamiento espiritual sobre La Trascendencia, no es precisamente cosa baladí.
Es este uno de los procesos de la Conciencia que más riesgo tienen de desvariar hacia planteamientos exagerados en cualquier dirección, bien sea hacia el disparate fanático o hacia su contrario, el exceso de desacralización. Por esto se hace conveniente la intervención de preclaras mentes que establezcan algunas pautas orientativas.
La dificultad estriba en encontrar el justo término medio, en preservar el pensamiento original y, al mismo tiempo, aceptar tranquilamente que NADA en La Creación es inamovible. Que absolutamente todo se halla sujeto a la dinámica del cambio y, por lo tanto, también los continentes que nos enseñan los eternos y siempre válidos contenidos.
Y pasaremos un tupido velo sobre lo que nos ha enseñado la historia: que los poderosos de la tierra frecuentemente han usado la religión para dominar a los pueblos. Llegados a este punto que cada cual juzgue y valore.
Ya dije que en Islam no existe el criterio dogmático, excepto en el contenido de la Shahada o acto de fe por el que alguien se reconoce musulmán ante testigos.
Con ella se afirma la Unicidad del Principio Creador y la dimensión profética contenida en la naturaleza humana, en este caso representada en Muhammad (p.b.) como síntesis de la Tradición.
Todo este comentario, por su complejidad, debería de ser un estudio bastante mas detallado para que pudiera ser entendido correctamente. Pero sería demasiado largo y complejo de explicar aquí, pues nos distraería del objetivo de un trabajo como este, cuyo propósito es el libro de bolsillo, fácil de llevar y fácil de entender en cuanto a los conceptos básicos.
Para mayores profundidades siempre sabrá el lector interesado encontrar mejores medios.
En un estudio histórico detallado, en el que podamos conocer una opinión y su contraria, podríamos dilucidar los momentos y responsabilidades de las diversas injerencias y reinterpretaciones que ha padecido el concepto y práctica del Islam. Pero no podríamos obviar los siglos de guerra y desgaste que Occidente y Oriente han mantenido entre sí con motivo de las hegemonías religiosas y políticas.
A ello habría que añadir los siglos de colonialismo que los países islámicos han padecido de sus colonizadores occidentales. Con la inevitable perversión y deterioro del modo de vida y creencias sociales, ó religiosas, de la cultura colonizada en beneficio de la potencia colonizadora.
Esta es, por lo tanto, una limitada introducción que tiene como fin el de ofrecer una idea primera, un análisis crítico y objetivo de lo que queremos decir cuando hablamos de conceptos como Islam o Musulmán.
Son términos que no podemos aislar del decurso de la historia, pero que al mismo tiempo no deben de ser identificados con la debacle ideológica que protagonizan algunos de los que conocemos como “países musulmanes”. Aún admitiendo las buenas excepciones a las que hubiere lugar en cada casa y en cada pueblo.
Esta es nuestra dificultad, pues no es precisamente fácil decir hoy día que Islam y musulmán sean sinónimos de “estar en paz y a salvo”, sobre todo después de oír terroríficas noticias totalmente descontextualizadas.
¿Acaso las víctimas de la emigración ilegal, nietos de aquellos que fueron violentamente expulsados y que hoy vienen a reclamar su derecho al pan y a la tierra están en paz y a salvo?.
¿Acaso los jóvenes que, confusos, se ciñen el cuerpo con el cinturón que habrá de descuartizarles se consideran a sí mismos en paz y a salvo?.
¿Acaso cualesquiera víctimas inocentes de tanto disparate se llegaron a sentir en paz y a salvo?.
Comprenderá pues, el lector, la dificultad añadida a la que hemos de enfrentarnos cuando queremos presentar el concepto limpio de Islam original.
Procuramos no caer ni en la apología ni en el complejo, pero..., ¡qué fácil sería dejarse llevar por la pasión!.
Así pues, aún a riesgo de ser reiterativo, por la importancia que tiene la comprensión de todo lo dicho, quiero insistir de nuevo en lo siguiente.
Cuando hacemos uso de un vocablo árabe, lo hacemos recuperando el sentido etimológico, a fin de transmitir con exactitud la idea original que encierra y que, con frecuencia, es dificultosa de expresar en otra lengua. Esto quiere decir, por lo tanto, que no nos sentimos identificados con la vulgaridad de las ideas ya acuñadas que popularmente se tenga sobre dichos vocablos, sino tan solo, repito, con el significado etimológico del término.
Esta experiencia de incorporación de nuevo vocabulario en nuestro lenguaje cotidiano, es ya antigua en la formación de nuestro idioma. Desde mucho antes se fue creando, con la incorporación en su estructura, de lenguas como el latín, el griego, las más de cuatro mil palabras del árabe y más recientemente del francés ó el inglés. Es de esperar, por lo tanto, que el uso e incorporación de estos otros pocos vocablos no Deva de suponer ningún problema para el lector.
Al emplear algunas palabras del árabe para comunicar una idea o un concepto, a quien nos lea ó nos escuche, también queremos significar que hemos recibido el conocimiento de la Tradición a través del magisterio de S. Muhammad (s.a.s). Y esto no hace de nosotros seudo-musulmanes a la usanza de no importa qué criterio popular vulgarizado, tanto me da que sea de Occidente como de Oriente.
Doy un ejemplo; si digo que soy musulmán entre unas cuantas personas y en el transcurso de una charla informal, lo más probable es que la práctica totalidad de los asistentes entiendan por ser musulmán el tópico popular. Esta afirmación probablemente escandalizará a algunas personas, pues me verán como a una especie de bárbaro -ya que no todo el mundo está obligado a una correcta información al respecto-.
De otra parte, este criterio ya popularizado, no se correspondería en absoluto con lo que quiero decir desde la comprensión etimológica de los términos, ya explicados, y que ahora el lector sí comprenderá.
ESTO ES SER MUSULMáN. “La persona que acepta de buen grado, y en el total de su vida, el principio de comportamiento que dimana del magisterio de Muhammad (s.a.s)”. Sin interpolaciones ni disparates posteriores.
Son musulmanes aquellos quienes, habiendo “entendido correctamente”, desean en libertad, sin miedos ni coacción alguna, acercarse a “la comprensión” y “relación” con La Divinidad.
Son musulmanes los que son observantes de la tolerancia para consigo mismos y para con los demás, sin que importe la etnia ni la creencia.
Son musulmanes los buscadores de La Gran Sabiduría, la Sabiduría que conduce a un estado permanente de paz, la que se guarda en el Qor´âno y en otras culturas, y que ha sido recomendada por el Profeta (s.a.s) a través de sus dichos y hechos.
Pero no podríamos referirnos como musulmanes a aquellas gentes que, por el solo hecho de haber nacido en un país confesionalmente musulmán, y aún considerándose a sí mismos como musulmanes, han hecho de la simplicidad original otra piedra de escándalo, siguiendo el mal ejemplo de otras religiones.
Siguiendo este mismo criterio no podríamos encontrar cristianos en la dorada magnificencia vaticana, ni entre los oropeles catedralicios, ni entre los jueces inquisidores.
Por lo tanto, reconocerse cercano a La Tradición Muhammadiana ha de ser una opción tomada en la reflexión y renovada cada día.
Manifestarlo abiertamente es el resultado de un proceso indeterminado de información y estudio, de madurez y de búsqueda. A fin de que la inconstancia, la moda, la curiosidad transitoria, la avaricia del coleccionista de nuevas emociones, etc., no pongan en las manos inadecuadas un antiquísimo saber y un “Recto Sendero” de desarrollo íntegro, el llamado “Sirata l´Mustaqim”.
Es el buen juicio de cada persona el que debe de determinar las rutas que conducen a buen puerto y las que, después de mucho navegar, no conducen a ninguna parte.
Recordemos al mono atado con una cuerda al tronco de un árbol, salta y salta, pero la brevedad de la cuerda -confusión, prejuicios, etc.- no le permite subir a por los frutos más altos.
Decía Juan Ramón Jiménez; “Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”.
Nos introducimos ahora en el concepto de lo que es “ISLAM” como un vocablo árabe que en sí mismo contiene el total de la naturaleza de Aquello único que manifiesta, como voy explicando.
En su génesis Islam no es una parcela de la Revelación, no es una nueva doctrina, sino la síntesis de la tradición Abrahámico Sinaítica, puesta en la boca de Muhammad, y con la promulgación del respeto hacia las demás creencias.
Islam, por lo tanto, no puede ser considerado como una religión más en competencia y enfrentamiento con otras, sino como el acontecimiento religioso ó proceso de reunificación en sí mismo. Veamos el desarrollo de esta afirmación.
El vocablo árabe “Islam”, se forma desde la raíz consonante trilítera “S-L-M”.
De esta raíz procede el sustantivo “Selm”, cuyo significado es: “paz tras la confrontación”. El sustantivo “Salám” que significa paz en general y paz como concepto de saludo.
Y se forman los verbos; “Sálama”, que significa estar sano y salvo. “Sal-lama”, cuyo significado es: “saludar”, “rendirse a…”, ”someterse a…”. Y “Aslama”, que equivale a: “dejarse llevar por”, ó “convertirse a…”.
De esta traducción deducimos que ISLAM es igual a: “paz tras la confrontación del que busca y encuentra”, “sentirse a salvo, como en casa”, “sometimiento a la Dinámica Creadora”, “conversión a…”, “dejarse llevar por Esa misma Dinámica”.
En varias ocasiones vengo escribiendo sobre la universalidad del estado de Islam. Y cuando digo que Islam es universal, no sólo me refiero a que lo es en su sentido práctico de ordenamiento de lo social y de lo espiritual para todas las gentes, sino que también quiero reflejar que el Estado de Islam, en sí mismo, es de naturaleza UNIVERSAL.
Otra cuestión es la contradicción a la que nos enfrenta la realidad cotidiana pues, al igual que en cualquier otra forma de pensamiento –véase nuestro entorno religioso- no siempre las clases dirigentes gozan de la habilidad necesaria para adaptar la práctica y presentación religiosa a todas las épocas y circunstancias.
Por esto la realidad actual nos muestra un Islam popular que escandaliza, y que, por comparación, se hace prácticamente irreconocible en la original promulgación Muhammadiana.
Cada “religión”, además de los límites que se ha ido creando, recibe su nombre del líder que la inicia, de un topónimo, de algo o alguien. Y como dije antes, todas las reinterpretaciones surgen de una visión parcelada de un momento de la historia, con el riesgo de anclar a las personas en un costumbrismo centenario, antaño válido, pero desprovisto ya de sentido en esta nueva época.
En tanto que las religiones no contrarían la razón o las leyes universales, así como el derecho natural del ser humano, que todos conocemos, forman parte de un mismo propósito: ¡enseñar!.
Tal y como nos indica la promulgación Coránica, todas ellas participan de la historia de la Revelación por la presencia de sus inspirados maestros y profetas.
El fin de la religión, como ya dije, es el de enseñar para después perder protagonismo como estructura litúrgica, si llega el caso, con el fin de centrar toda la atención del practicante en el Objetivo, que es La Divinidad = Allah.
Esto es de tal forma así que cuando las estructuras, las costumbres étnicas o los líderes, acaparan la atención de los fieles, restándole protagonismo al Objetivo, la “religión” deja de serlo y se convierte en una parcela ritual, o en una simple ideología más ó menos complicada de aceptar.
El concepto de religión debe de ser aplicado, exclusivamente, a aquellas disciplinas que, sin repugnar al sentido común, son entendidas como métodos de pedagogía integral, tanto en lo individual como en lo colectivo, en lo espiritual y en lo material.
Y SIEMPRE desde la libre opción, en tanto que ésta no conculque los derechos de la persona o de la colectividad.
La religión, como método, debe de ilustrar en primer lugar y, después, conducir con sencillez a las personas que, ¡libremente!, se sientan llamadas hacia la Unión Creador–criatura ya que, la práctica religiosa, es un estado opcional que bajo ningún concepto puede imponerse en contra de la propia convicción.
La religión debe de tener un solo propósito simple, enseñar en libertad, y un método básico que puede ser más ó menos adaptado en dependencia del tiempo, lugar y persona. El método sería la estructura religiosa en sí misma.
Si antes decía que la verdadera concepción de Islam no es simplemente la de una religión más entre otras, se debe a que la consideración de Islam como “estado de universalidad” es el equivalente al natural sometimiento o docilidad del total de lo creado a su Principio Creador.
Islam, en este sentido, en vez de ser concebido como “otra religión” más, sería LA RELIGIóN COMO ESTADO en su concepto de aproximar, o reunir, aquello que fue disperso; Creador y criatura.
ESTO ES ISLAM. “El estado de vida por el que se es dócil y sometido a Aquel que todo lo genera y hacia Quien todo revierte”.
El cuanto al método práctico y cotidiano –la ´Ibadat-, para llevar a la práctica lo ya dicho, tanto en el ámbito de lo social como de lo espiritual, el acontecimiento Islam, es Religión.
Es “Din” o vehículo de aproximación entre Creador y criatura, y está recogido en el Qor´âno inspirado a Muhammad (p.b.) y en la Sunna, o compendio de los hadit, como dichos y hechos del Profeta.
Es todo aquello que, en los textos, podemos leer y entender sin dificultad, aunque en sus orígenes fuera adaptado a las costumbres y comprensión de las tribus árabes.
Islam también es el estado de paz y armonía al que llega todo cuanto existe tras el esfuerzo de la confrontación interna -Yihad- que, en los procesos de evolución de cada una de las criaturas, operan las fuerzas creadoras. Gracias a este Yihad, o esfuerzo creador, cada criatura adquiere la naturaleza de su ser.
Islam es el estado alcanzado por cualquier persona cuando, de manera responsable, se hace dócil a la dinámica del Creador impresa en sí mismo (estado original de Fitra) y por ello puede ser llamado “mumin” (creyente) ó “musulmán” (el que está a salvo y en paz).
Sobre la interpretación de los textos estudian y debaten los eruditos, los Ulemas (a semejanza de los teólogos) y los Fqih, especialistas en Fiqh, es decir; “El conocimiento organizado del contenido en la Revelación Coránica”.
Desde esta primera comprensión de los textos, elaboración posterior y aplicación sucesiva de normas, algunas de ellas puramente costumbristas, surge la idea de Islam como una religión entre otras.
Repito nuevamente que, como el método “educativo” que aproxima la criatura hacia su Creador, Islam es religión, es; “Din”.
DIN. Es la raíz trilítera de la que procede el verbo “daiana”, cuyo significado es el de someterse. La palabra “daîan”, equivalente a irresistible, dominante. “Dain” que significa deuda. El término “iadin”, que significa hacerse responsable de sus asuntos. Cuando decimos “iaumi din” decimos día de la recompensa, por lo tanto en este contexto, “din” equivaldría a recompensa. Y por último, “din” también significa obediencia y costumbre.
Para entender este conjunto diverso de significados posibles hay que saber primero que, en árabe, las palabras se forman, principalmente, desde raíces consonánticas que adquieren su significado en el contexto de cada frase.
Así pues, la palabra Din equivale al sometimiento y obediencia a la ley natural impresa en cada criatura por la Dinámica Creadora.
Es decir, todo cuanto existe tiene su “din”, su “religión”. Pero el Din, la ley natural con la que todo cuanto existe “nace”, también puede ser llamada “Fitra”.
Los seres humanos, al ser criaturas dotadas de Conciencia y voluntad, pueden, dominados por el ego, el “nafs”, alterar su Fitra, su Din original. Así pues la Revelación, o religión como ampliación del Din original, nos es dada con el fin de asistir a nuestra Conciencia en las rutas del Conocimiento y posterior acercamiento al Principio Creador.
Por lo tanto, en cuanto al ser humano se refiere “Din” es, además, la aceptación responsable y puesta en práctica de la Sabiduría contenida en la Revelación. Pues el conjunto de ambas, ley natural y Revelación, nos dan el concepto global de Religión o Din, formando así el método que puede reunir de nuevo “aquello” que fue separado.
En definitiva, y con otras palabras, “din” y “religión” vienen a significar lo mismo; la unificación entre criatura y Creador.
FITRA. Tiene su origen etimológico en el verbo “FáTARA”, equivalente a; “poner las bases...”, “crear”, “tendencia innata”.
Por lo tanto, todo cuanto existe tiene “sus bases”, “el código impuesto”, el Din por el que todo “actúa” conforme a lo que es.
Aplicado este concepto para el ser humano, en sentido figurado, viene a significar; “La Fitra es semejante al código, a las cualidades que la Acción Creadora ha dejado impresas en el ser consciente en su estado primigenio de inocencia”.
Pero como decía, sabemos que en el uso de nuestro libre albedrío no siempre damos contestación adecuada a “ese Código”. La malformación educacional, la manipulación de las conciencias por parte del sistema, la creación de prejuicios, etc., son causantes de nuestro “desarreglo”.
Podemos detectar la existencia de “Eso Otro original” desde el inicio mismo de nuestra búsqueda, no importa cuando comenzara ni por qué derroteros fuera.
El mismo deseo de búsqueda “es” ya un claro indicativo de haber escuchado “la primigenia llamada impresa” la Fitra o Din primero que, como “religión natural”, nos advierte claramente de un vacío interno no satisfecho.
La identificación interna de nuestra verdadera Fitra es una labor perfectamente posible que nos exige constancia, pero no será difícil para una conciencia bien formada.
Una vez encontrada la naturaleza original, que nos es propia, no es difícil encontrar el Din, la religión que, como guía, nos ha de alumbrar el Recto Sendero de la evolución y acercamiento al Principio Creador.
Nadie nos obliga, nadie nos pide cuentas, Allah siempre espera. él es el Paciente, pero es nuestra decisión, día a día, la que determina si en este periodo de nuestra existencia alcanzaremos o no la meta propuesta.
Así pues, si somos verdaderamente coherentes con nuestro destino, para y por el que hemos sido llamados a la existencia, esto es, a cerrar el círculo y acceder a la Unidad, ningún conocimiento posible es prescindible, y este tampoco.
Por esta razón decía Muhammad (s.a.s); “Buscad la Sabiduría, aunque para encontrarla tengáis que viajar lejos”.
El ser humano, cuando se aleja de su objetivo creacional por una malformación educativa durante la infancia, o por propia voluntad como adulto, deja de ser dócil al propósito de la Creación en él. Por lo tanto abandona el estado de docilidad, la Fitra o el Din primordial, o lo que es lo mismo “el estado de musulmán”, ante la acción Creadora, a no ser que lo recupere con un gesto estable de reconocimiento.
Así, cuando una persona acepta en su vida el estado de Islam trascrito por el magisterio de S. Muhammad (s.a.s), no decimos que se convierte al Islam, sino que recupera el estado de Islam ó estado original de Fitra perdido.
A partir de aquí podemos decir que retorna a su ser musulmán, o a su ser dócil, (que es lo mismo) por haber recuperado así el estado primigenio.
Para evitar en lo posible la probable aversión tradicional hacia algunas expresiones, no viene mal recordar aquí que estoy haciendo uso de la significación etimológica de los vocablos árabes. Esta es una forma de recuperar el significado en sus orígenes, que no siempre concuerdan con los presentes.
MUSULMAN o muslim, es una palabra que tiene el mismo origen lingüístico que Islam. Denomina a toda aquella persona, de no importa qué etnia o credo, que de forma responsable acepta el magisterio Muhammadiano, y busca sentirse a salvo y en paz haciéndose dócil a la acción del Principio Creador sobre ella.
En los orígenes de la promulgación Muhammadiana, ser musulmán, era equivalente a este concepto recuperado de la Tradición Abrahámico Sinaítica.
Por esto decía que, solo bajo esta concepción, Islam no es una religión más entre otras, sino un estado de vida.
La comprensión de todo esto, sin prejuicios, no es empresa fácil para nosotros cuando se nos presentan arropados por la lengua árabe y siglos de desprestigio.
Con respecto a esta cultura ya estamos habituados, por el condicionamiento despectivo, a analizar muy someramente cualquier informe actual sobre “los moros”, que además de bárbaros invasores, según la crítica popular, eran infieles y sarracenos...
Mas esto no es nuevo para nosotros. Por razón de la costumbre hemos adquirido el hábito, firmemente arraigado, de juzgar peyorativamente este periodo de nuestra historia. Ya que la información que nos ha llegado a través de los testimonios narrados por “los otros”, los visigodos vencedores, ha sido muy parcelada y tendenciosa.
He aquí nuestra dificultad en el presente, pero es así, a través de ésta concepción primigenia de Islam, cómo descubriremos que la cultura de nuestro pueblo andalusí se encaramó a las cúspides más altas del saber.
Esta forma de entender tales conceptos estuvo estrechamente vinculada a la Tradición Sufi. Todo lo cual tiene muy poco que ver con las ideas popularmente vulgarizadas, tanto en Oriente como en Occidente, sobre la comprensión de lo que son Islam, musulmán, Sufismo y todos sus contenidos.
Esta Antigua Tradición Sufi, como forma de entender la existencia, se nutrió de otras culturas a las que también aporto riqueza, pero tal y como hoy la conocemos tuvo su cuna entre las páginas del Qor´âno y en las enseñanzas de S. Muhammad (s.a.s). Algunas de ellas contenidas en los proverbios o Hadices.
La antigua sabiduría, como Sufismo, encontró su refugio y protección en el seno del Islam, y recibió un nuevo impulso frente a las dificultades que tuvo que afrontar en los diversos momentos de la historia.
Mas tarde, el conocimiento genuino, oculto en la promulgación, se nos fue mostrando progresivamente en los escritos legados por los Maestros de la Tradición Sufi. Podríamos decir que, sin haber conocido la obra ingente de los Maestros Sufis, las esencias del Islam original se nos habrían perdido.
El Qor´âno, inspirado al Profeta y Maestro Sidna Muhammad (s.a.s), guía de los musulmanes, no-solo guarda las enseñanzas de la Antigua Tradición, sino que además legisla usos y costumbres para la creación de un pueblo. Una nación capaz de preservar el legado escrito para todos los pueblos venideros.
Decimos que Muhammad (s.a.s) es el eslabón que une la sabiduría desarrollada desde aquellos remotos tiempos y nosotros.
Considerando siempre que me refiero al sentido etimológico de cada vocablo, los musulmanes somos herederos de una antiquísima tradición, sencilla, culta, y coherente con el ser humano y su entorno. En nada semejante a la actual barbarie generada en Oriente e incentivada por Occidente.
Como ya dijimos, Muhammad (s.a.s) nunca pretendió fundar una religión nueva, no fue este su ministerio. Su labor como Profeta y Maestro inspirado fue la de recuperar la antigua Revelación, un tanto deteriorada a causa de determinadas costumbres de otra época entre las culturas circundantes.
Muhammad (s.a.s) mpartió una sola enseñanza contenida en los textos que se conservan, pero esta sola enseñanza la explicó de dos formas diferentes.
La primera forma de su prédica la encontraremos en la lectura básica de los textos que nos muestran los contenidos extraídos de esa primera comprensión. Pero el propio Muhammad (s.a.s) ya nos advierte que en esos textos se halla un conocimiento que sobrepasa a las lúcidas inteligencias. Así hasta siete niveles de comprensión.
Refiriéndose a estos otros niveles de percepción, uno de sus íntimos colaboradores, Abú Hurairah, decía así a sus coetáneos tras la muerte del Maestro; “Del Profeta he recibido dos legados. El primero ya lo conocéis, pero si os comunicara el segundo legado me cortaríais la cabeza”.
Con el primer legado se refería a la lectura básica que da su forma a la sencillez de la religión estructurada. Con el segundo legado se refería al conocimiento profundo que de ello extrae el Gnóstico, -´Arif-.
La Revelación recibida por Muhammad (s.a.s) fue, inicialmente, presentada ante las tribus árabes y, por lo tanto, estructuralmente adaptada, en parte, a su problemática y a sus circunstancias históricas.
Pero fue revestida de tal ductilidad que puede ser entendida y aplicada en cualquier tiempo y lugar, lo que da a sus enseñanzas esa dimensión de universalidad. Ya que si bien el contenido de la enseñanza es indefinidamente válido, el “envoltorio” en el que se nos presenta ha de ser adaptativo a la persona y a su circunstancia.
No obstante, después de los primeros califas sucesores, el Islam, al igual que otras formas de pensamiento, comienza a mostrarse como “la religión verdadera” y a constituir toda una especie de “casta” de eruditos (en sustitución de los sacerdotes prohibidos en Islam) y en franca oposición a las demás creencias.
Esta clase social está compuesta por los Ulemas y Alfaquíes, expertos en Fiqh (conocimiento organizado), quienes enseñan la comprensión del Islam (según el acuerdo “oficial”) y la práctica de las formas para su desarrollo.
De la influencia de estos “expertos” a lo largo de la historia, va surgiendo la estructura, que hoy conocemos, de “la nueva religión”, que va organizándose en distintas tendencias según criterios (chiítas, sunnitas, fatimíes, etc.).
Son los Ulemas y Alfaquíes quienes, progresivamente y, con el propósito de unificar criterios o preservar la intocabilidad de los textos, van dictando normas e interpretaciones.
Estos criterios, elaborados por eruditos, poseen, por lo tanto, un importante valor. Pero al igual que el criterio de cualquier otro estudioso son subjetivos, y pueden, por lo tanto, ser aceptados o no como válidos, dependiendo del sentido crítico y convicción de cada persona, pues a diferencia del catolicismo, no adquieren valor dogmático.
Es evidente que un pensamiento estructurado, una enseñanza cualquiera, debe de contar con un cierto sentido crítico de preservación, en cuanto a forma y en cuanto a contenido, esa es la labor de los expertos. Pero esto no es fácil.
La religión como metafísica, como la estructuración del pensamiento espiritual sobre La Trascendencia, no es precisamente cosa baladí.
Es este uno de los procesos de la Conciencia que más riesgo tienen de desvariar hacia planteamientos exagerados en cualquier dirección, bien sea hacia el disparate fanático o hacia su contrario, el exceso de desacralización. Por esto se hace conveniente la intervención de preclaras mentes que establezcan algunas pautas orientativas.
La dificultad estriba en encontrar el justo término medio, en preservar el pensamiento original y, al mismo tiempo, aceptar tranquilamente que NADA en La Creación es inamovible. Que absolutamente todo se halla sujeto a la dinámica del cambio y, por lo tanto, también los continentes que nos enseñan los eternos y siempre válidos contenidos.
Y pasaremos un tupido velo sobre lo que nos ha enseñado la historia: que los poderosos de la tierra frecuentemente han usado la religión para dominar a los pueblos. Llegados a este punto que cada cual juzgue y valore.
Ya dije que en Islam no existe el criterio dogmático, excepto en el contenido de la Shahada o acto de fe por el que alguien se reconoce musulmán ante testigos.
Con ella se afirma la Unicidad del Principio Creador y la dimensión profética contenida en la naturaleza humana, en este caso representada en Muhammad (p.b.) como síntesis de la Tradición.
Todo este comentario, por su complejidad, debería de ser un estudio bastante mas detallado para que pudiera ser entendido correctamente. Pero sería demasiado largo y complejo de explicar aquí, pues nos distraería del objetivo de un trabajo como este, cuyo propósito es el libro de bolsillo, fácil de llevar y fácil de entender en cuanto a los conceptos básicos.
Para mayores profundidades siempre sabrá el lector interesado encontrar mejores medios.
En un estudio histórico detallado, en el que podamos conocer una opinión y su contraria, podríamos dilucidar los momentos y responsabilidades de las diversas injerencias y reinterpretaciones que ha padecido el concepto y práctica del Islam. Pero no podríamos obviar los siglos de guerra y desgaste que Occidente y Oriente han mantenido entre sí con motivo de las hegemonías religiosas y políticas.
A ello habría que añadir los siglos de colonialismo que los países islámicos han padecido de sus colonizadores occidentales. Con la inevitable perversión y deterioro del modo de vida y creencias sociales, ó religiosas, de la cultura colonizada en beneficio de la potencia colonizadora.
Esta es, por lo tanto, una limitada introducción que tiene como fin el de ofrecer una idea primera, un análisis crítico y objetivo de lo que queremos decir cuando hablamos de conceptos como Islam o Musulmán.
Son términos que no podemos aislar del decurso de la historia, pero que al mismo tiempo no deben de ser identificados con la debacle ideológica que protagonizan algunos de los que conocemos como “países musulmanes”. Aún admitiendo las buenas excepciones a las que hubiere lugar en cada casa y en cada pueblo.
Esta es nuestra dificultad, pues no es precisamente fácil decir hoy día que Islam y musulmán sean sinónimos de “estar en paz y a salvo”, sobre todo después de oír terroríficas noticias totalmente descontextualizadas.
¿Acaso las víctimas de la emigración ilegal, nietos de aquellos que fueron violentamente expulsados y que hoy vienen a reclamar su derecho al pan y a la tierra están en paz y a salvo?.
¿Acaso los jóvenes que, confusos, se ciñen el cuerpo con el cinturón que habrá de descuartizarles se consideran a sí mismos en paz y a salvo?.
¿Acaso cualesquiera víctimas inocentes de tanto disparate se llegaron a sentir en paz y a salvo?.
Comprenderá pues, el lector, la dificultad añadida a la que hemos de enfrentarnos cuando queremos presentar el concepto limpio de Islam original.
Procuramos no caer ni en la apología ni en el complejo, pero..., ¡qué fácil sería dejarse llevar por la pasión!.
Así pues, aún a riesgo de ser reiterativo, por la importancia que tiene la comprensión de todo lo dicho, quiero insistir de nuevo en lo siguiente.
Cuando hacemos uso de un vocablo árabe, lo hacemos recuperando el sentido etimológico, a fin de transmitir con exactitud la idea original que encierra y que, con frecuencia, es dificultosa de expresar en otra lengua. Esto quiere decir, por lo tanto, que no nos sentimos identificados con la vulgaridad de las ideas ya acuñadas que popularmente se tenga sobre dichos vocablos, sino tan solo, repito, con el significado etimológico del término.
Esta experiencia de incorporación de nuevo vocabulario en nuestro lenguaje cotidiano, es ya antigua en la formación de nuestro idioma. Desde mucho antes se fue creando, con la incorporación en su estructura, de lenguas como el latín, el griego, las más de cuatro mil palabras del árabe y más recientemente del francés ó el inglés. Es de esperar, por lo tanto, que el uso e incorporación de estos otros pocos vocablos no Deva de suponer ningún problema para el lector.
Al emplear algunas palabras del árabe para comunicar una idea o un concepto, a quien nos lea ó nos escuche, también queremos significar que hemos recibido el conocimiento de la Tradición a través del magisterio de S. Muhammad (s.a.s). Y esto no hace de nosotros seudo-musulmanes a la usanza de no importa qué criterio popular vulgarizado, tanto me da que sea de Occidente como de Oriente.
Doy un ejemplo; si digo que soy musulmán entre unas cuantas personas y en el transcurso de una charla informal, lo más probable es que la práctica totalidad de los asistentes entiendan por ser musulmán el tópico popular. Esta afirmación probablemente escandalizará a algunas personas, pues me verán como a una especie de bárbaro -ya que no todo el mundo está obligado a una correcta información al respecto-.
De otra parte, este criterio ya popularizado, no se correspondería en absoluto con lo que quiero decir desde la comprensión etimológica de los términos, ya explicados, y que ahora el lector sí comprenderá.
ESTO ES SER MUSULMáN. “La persona que acepta de buen grado, y en el total de su vida, el principio de comportamiento que dimana del magisterio de Muhammad (s.a.s)”. Sin interpolaciones ni disparates posteriores.
Son musulmanes aquellos quienes, habiendo “entendido correctamente”, desean en libertad, sin miedos ni coacción alguna, acercarse a “la comprensión” y “relación” con La Divinidad.
Son musulmanes los que son observantes de la tolerancia para consigo mismos y para con los demás, sin que importe la etnia ni la creencia.
Son musulmanes los buscadores de La Gran Sabiduría, la Sabiduría que conduce a un estado permanente de paz, la que se guarda en el Qor´âno y en otras culturas, y que ha sido recomendada por el Profeta (s.a.s) a través de sus dichos y hechos.
Pero no podríamos referirnos como musulmanes a aquellas gentes que, por el solo hecho de haber nacido en un país confesionalmente musulmán, y aún considerándose a sí mismos como musulmanes, han hecho de la simplicidad original otra piedra de escándalo, siguiendo el mal ejemplo de otras religiones.
Siguiendo este mismo criterio no podríamos encontrar cristianos en la dorada magnificencia vaticana, ni entre los oropeles catedralicios, ni entre los jueces inquisidores.
Por lo tanto, reconocerse cercano a La Tradición Muhammadiana ha de ser una opción tomada en la reflexión y renovada cada día.
Manifestarlo abiertamente es el resultado de un proceso indeterminado de información y estudio, de madurez y de búsqueda. A fin de que la inconstancia, la moda, la curiosidad transitoria, la avaricia del coleccionista de nuevas emociones, etc., no pongan en las manos inadecuadas un antiquísimo saber y un “Recto Sendero” de desarrollo íntegro, el llamado “Sirata l´Mustaqim”.
Es el buen juicio de cada persona el que debe de determinar las rutas que conducen a buen puerto y las que, después de mucho navegar, no conducen a ninguna parte.
Recordemos al mono atado con una cuerda al tronco de un árbol, salta y salta, pero la brevedad de la cuerda -confusión, prejuicios, etc.- no le permite subir a por los frutos más altos.