Acabar con ETA como sea
Desde principios de los 80, su periódico mantuvo una línea editorial inequívoca en este sentido: acabar con ETA de la forma que sea. Diario 16 llegó a cuestionar editorialmente los derechos humanos de “las bestias” (por los terroristas): “A las bestias se las encierra tras los barrotes más gruesos que existan en la celda. Para ello, primero se las caza mediante todo tipo de tretas. Y si en la aventura muere alguna, mala suerte (o buena suerte). La muerte de ETA es nuestra vida. No hay derechos humanos a la hora de cazar el tigre. Al tigre se le busca, se le acecha, se le acosa, se le coge y, si hace falta, se le mata. Podrían caer cincuenta etarras en combate y las manos de España continuarán limpias de sangre humana… A los policías que disparen contra ellos se les recibirá como a valientes…” (23 marzo de 1981)
"Campaña de desratización"
Al día siguiente del asesinato del teniente de Infantería retirado Oswaldo José Rodríguez Fernández, del director de la empresa Moulinez, José María Latiegui, y del teniente coronel de la Guardia Civil retirado Luis Cardos San Juan, Diario 16 afirmaba: “La lucha contra ETA debe planearse como una campaña de ‘desratización’ aplicando una serie de técnicas tan viejas como la historia del mundo…” (15 de abril de 1981)
Un año después, el 20 de abril de 1982, otro editorial de Diario 16 justificaba sin ambages el llamado terrorismo de Estado y aseguraba que no era “mancharse las manos, sino limpiarlas de la sangre con que estos bárbaros la salpican”.
Legitimidad moral del Estado
En 1983, en otro editorial pidió que se cerraran filas “en torno a este buen Gobierno que tenemos formado por hombres competentes y patriotas”. Pedro J. Aseguró entonces que “sus aciertos en la lucha antiterrorista deben recibir aplauso, y sus errores comprensión”. También aseguró que el Estado español tenía “legitimidad moral para recurrir a métodos irregulares” y proclamó que sólo se podían pedir responsabilidades políticas de estas prácticas fuera de la ley “por haber fallado”.
Cambio de opinión
Lo asombroso en todo este asunto es que en los años 90 Pedro J. Ramírez se dedicara en cuerpo y alma a destapar la trama de los GAL. Se deseo de venganza hacia Felipe González, a quien le culpó de su destitución como director de Diario 16, le llevó a crear el llamado Sindicato del Crimen junto a Luis María Anson, Antonio Herrero, Pablo Sebastián o Federico Jiménez Losantos, entre otros conocidos periodistas. Su papel fue clave en al ascensión de la derecha y la llegada de Aznar a La Moncloa. Tal y como relata José Amedo en su libro La Conspiración, el último atentado de los GAL, Aznar, álvarez Cascos, Garzón y Pedro J. Ramírez organizaron todo un montaje para acabar con el Gobierno socialista.
El objetivo era otro
Y otro detalle revelador de las verdaderas intenciones de este grupo de periodistas. Carlos Dávila, también avaló en las páginas de Diario 16 la guerra sucia. “El GAL no existiría si ETA no hubiera asesinado a más de quinientos ciudadanos de toda condición en España. Ni el Batallón Vasco-Español, ni la efímera ATE, ni ahora el GAL pueden igualar el siniestro balance de víctimas de ETA”, señalaba el 12 de enero de 1984. Más tarde lo único que le preocupó tanto a él como sobre todo a Pedro J. Fue investigar a los GAL. No reclamaron que se investigara la guerra sucia de anteriores Gobiernos, en tiempos de UCD y con el Batallón Vasco-Español y la ATE de protagonistas. ¿A qué jugaba Pedro J.? Claramente, su objetivo era otro: liquidar al Gobierno de González, al que tanto animaba él para acabar con ETA al margen de los derechos humanos.
Desde principios de los 80, su periódico mantuvo una línea editorial inequívoca en este sentido: acabar con ETA de la forma que sea. Diario 16 llegó a cuestionar editorialmente los derechos humanos de “las bestias” (por los terroristas): “A las bestias se las encierra tras los barrotes más gruesos que existan en la celda. Para ello, primero se las caza mediante todo tipo de tretas. Y si en la aventura muere alguna, mala suerte (o buena suerte). La muerte de ETA es nuestra vida. No hay derechos humanos a la hora de cazar el tigre. Al tigre se le busca, se le acecha, se le acosa, se le coge y, si hace falta, se le mata. Podrían caer cincuenta etarras en combate y las manos de España continuarán limpias de sangre humana… A los policías que disparen contra ellos se les recibirá como a valientes…” (23 marzo de 1981)
"Campaña de desratización"
Al día siguiente del asesinato del teniente de Infantería retirado Oswaldo José Rodríguez Fernández, del director de la empresa Moulinez, José María Latiegui, y del teniente coronel de la Guardia Civil retirado Luis Cardos San Juan, Diario 16 afirmaba: “La lucha contra ETA debe planearse como una campaña de ‘desratización’ aplicando una serie de técnicas tan viejas como la historia del mundo…” (15 de abril de 1981)
Un año después, el 20 de abril de 1982, otro editorial de Diario 16 justificaba sin ambages el llamado terrorismo de Estado y aseguraba que no era “mancharse las manos, sino limpiarlas de la sangre con que estos bárbaros la salpican”.
Legitimidad moral del Estado
En 1983, en otro editorial pidió que se cerraran filas “en torno a este buen Gobierno que tenemos formado por hombres competentes y patriotas”. Pedro J. Aseguró entonces que “sus aciertos en la lucha antiterrorista deben recibir aplauso, y sus errores comprensión”. También aseguró que el Estado español tenía “legitimidad moral para recurrir a métodos irregulares” y proclamó que sólo se podían pedir responsabilidades políticas de estas prácticas fuera de la ley “por haber fallado”.
Cambio de opinión
Lo asombroso en todo este asunto es que en los años 90 Pedro J. Ramírez se dedicara en cuerpo y alma a destapar la trama de los GAL. Se deseo de venganza hacia Felipe González, a quien le culpó de su destitución como director de Diario 16, le llevó a crear el llamado Sindicato del Crimen junto a Luis María Anson, Antonio Herrero, Pablo Sebastián o Federico Jiménez Losantos, entre otros conocidos periodistas. Su papel fue clave en al ascensión de la derecha y la llegada de Aznar a La Moncloa. Tal y como relata José Amedo en su libro La Conspiración, el último atentado de los GAL, Aznar, álvarez Cascos, Garzón y Pedro J. Ramírez organizaron todo un montaje para acabar con el Gobierno socialista.
El objetivo era otro
Y otro detalle revelador de las verdaderas intenciones de este grupo de periodistas. Carlos Dávila, también avaló en las páginas de Diario 16 la guerra sucia. “El GAL no existiría si ETA no hubiera asesinado a más de quinientos ciudadanos de toda condición en España. Ni el Batallón Vasco-Español, ni la efímera ATE, ni ahora el GAL pueden igualar el siniestro balance de víctimas de ETA”, señalaba el 12 de enero de 1984. Más tarde lo único que le preocupó tanto a él como sobre todo a Pedro J. Fue investigar a los GAL. No reclamaron que se investigara la guerra sucia de anteriores Gobiernos, en tiempos de UCD y con el Batallón Vasco-Español y la ATE de protagonistas. ¿A qué jugaba Pedro J.? Claramente, su objetivo era otro: liquidar al Gobierno de González, al que tanto animaba él para acabar con ETA al margen de los derechos humanos.