LOS HINOJOSOS: 02 - Diciembre - Número Año IX Portada España...

02 - Diciembre - Número Año IX

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EL PEZ GRANDE
El mago Zapatero y las elecciones del 2007

Manuel Martín Ferrand

Todo parece indicar que, llegado el mes de mayo del año que viene, serán muchos los procesos electorales que se amontonarán en la vida española. Muy posiblemente, habrá que añadir a las municipales y autonómicas un adelantamiento de las legislativas. José Luis Rodríguez Zapatero, si bien se mira, no tiene otra escapatoria a poco que aspire a permanecer como inquilino en La Moncloa.



Anda Zapatero como un mago de Einipur, del que dio noticia el ABC el 7 de mayo de 1956. El hombre, que no se encontraba muy jirocho, acudió al cirujano y éste, después de abrirle la barriga, extrajo de ella dos docenas de pinzas, una de navajas, cuatro cuchillos grandecitos, abundantes trozos de cristal, eslabones de cadenas de diferentes calibres, cucharillas de café y así hasta completar el escaparate de una chamarilería bien surtida.

Desde siempre, los políticos tradicionales, ante las necesidades de su Gobierno, se han desayunado tragándose un sapo; pero Zapatero, no conforme con la tradición, ha engullido el catálogo de una ferretería. La ausencia de ideas políticas y de auténticos programas para la acción social forzaron al líder socialista a tratar de llenar el hueco de su inesperada legislatura de poder con la quimera de un pacto con los asesinos etarras que le transportara directamente a la gloria de la Historia y, de paso, con una sucesión de chapuzas estatutarias. Clavos, martillos, serruchos y alicates. Piezas contundentes de imposible digestión. Ya no los disimulan ni los engañosos bálsamos que le dispensan Alfredo Pérez Rubalcaba y otros curanderos de su entorno. Habrá que operar.

En política no hay cirugía más eficaz que unas buenas, y bien disputadas, elecciones. La victoria genera el olvido del pasado y la derrota, que siempre tiende a generosa, propicia su perdón. Así que, si no me equivoco en el análisis, estamos a dos meses de una disolución anticipada de las Cámaras para que las legislativas le añadan un par de urnas —la del Congreso y la del Senado— a los colegios electorales que se abrirán el 7 de mayo.

Es posible que mi cábala no termine por coincidir con los hechos futuros; pero, si no lo hace, estaremos asistiendo al suicidio político de un líder que ganó unas elecciones sin esperarlo, se mantiene en el poder sin mayores tribulaciones gracias a la debilidad de su oposición y acumula en su haber más desprecios que adhesiones. Especialmente cuando se trata de sus próximos.

Esas próximas elecciones serán raritas. Véase el anticipo que ya nos ofrecen Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. La presidenta de la Comunidad ha dado el pistoletazo de salida camino de la reelección; pero, en lugar de disparar al aire, como establece la costumbre, ha apuntado a la barriga de su conmilitón y alcalde de Madrid. Aguirre luce en los escaparates de las librerías una biografía autorizada —La presidenta— desde la que, con el título, se presenta como alternativa de su propio patrón político, Mariano Rajoy, y con el texto aspira a desmenuzar la identidad y la figura de su, en cuanto alcalde de Madrid, subordinado autonómico. Ella sabrá lo que hace, pero no será así como merezca el voto de sus electores y, muchísimo menos, el respeto de los observadores más conspicuos.



La proximidad electoral genera delirios. En eso no hay diferencias entre partidos e intereses —ya no quedan ideologías—, y quienes están quieren seguir estando, mientras que quienes no están luchan por hacerlo. Es la renuncia del ser, de la identidad, y el olvido de las tablas de valores éticos y estéticos sobre los que se ha construido la fecunda historia de las democracias occidentales, a las que, como se sabe, llegamos tarde y, como se ve, llegamos mal. En cualquier caso, ya veremos lo que sale de las tripas de Zapatero y quien, en Madrid, consigue la recuperación del estilo y la elegancia. Hoy las verduleras, las que quedan, tienen títulos académicos superiores.