08 - Diciembre - Número Año IX
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EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS
De espaldas a la Constitución
Pablo Sebastián
Rajoy y Zapatero han celebrado el aniversario de la Constitución de espaldas. El primero, que no quería tocarla, para que los nacionalistas aliados del presidente la pudieran centrifugar completando en el Senado —y en el Tribunal Constitucional— la operación iniciada por el presidente con la reforma de los Estatutos de Autonomía camino del modelo federal y que ahora propone reformas para reforzar el poder del Estado; y el jefe del Gobierno, que mantiene su empeño en la reforma federal que ha asumido para garantizarse su presencia en el poder y de paso abrir la puerta federal o confederal a la negociación con ETA que, de llegar a un final pactado, le daría todas las facilidades para permanecer en el poder y darle sentido a su desvaído liderazgo y muy complicada legislatura.
Pero los dos, Zapatero y Rajoy, saben que en las actuales circunstancias nada se puede tocar ni cambiar, máxime cuando se ha conocido la noticia de que el segundo hijo de los Príncipes de Asturias será mujer, con lo que la urgencia de reforma del orden sucesorio de la Corona queda definitivamente aplazada hasta un nuevo embarazo, si es que llega. Y sobre todo porque la brecha abierta entre los dos grandes partidos, cada vez mucho más profunda, va desde lo personal a lo político pasando por lo institucional y por cada uno de los debates abiertos en la escena nacional, y en especial el relativo al llamado proceso de paz con los terroristas.
Quizás por eso, y porque en el Gobierno y en el PSOE empiezan a ver el proceso más complejo y complicado de lo que parecía y están pendientes de la respuesta que dará la banda a las últimas capturas de sus comandos en Francia, Zapatero ha hecho ayer un llamamiento para la recuperación del consenso, mientras que Rajoy dice que se debe regresar al Pacto Antiterrorista, un paso que se resiste a dar el presidente porque sabe que ello significaría la práctica ruptura de la negociación.
En realidad, los dos consideran que están bien como están y que, por ahora, y en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas, a ninguno le conviene dar un paso al frente para pactar. Zapatero porque cree que aún puede reconducir el proceso, y Rajoy porque está convencido de que el presidente se va a estrellar y que ello pronto le va a beneficiar, a sabiendas además de que el PP mejora en los sondeos electorales y que el PSOE ha comenzado a perder apoyos de manera clara.
Y mientras las cosas siguen así, la crispación crece en la sociedad española, que no ve ni en uno ni en otro partido un liderazgo fuerte y decidido ni un proyecto capaz de poner en pie a una mayoría suficiente que permita la recomposición de una sociedad dividida tras los atentados del 11M en Madrid, y que desde entonces arrastra esa ruptura que el Gobierno del PSOE ha sido incapaz de subsanar e incluso, al contrario, aumentó con las reformas autonómicas que, por la vía de leyes orgánicas, ha burlado el marco constitucional. Mientras que en el lado del PP se ha producido un giro hacia una derecha cada vez más dura y radical, que ampara extrañas conspiraciones del 11M para ocultar sus errores y mentiras y que exige a los ciudadanos un cambio radical de sus posiciones ideológicas y electorales, lo que no es fácil de alcanzar.
Las urnas, de las que da la impresión que huyen muchos ciudadanos camino de la abstención —como lo hemos visto en Cataluña—, dirán algo en la próxima primavera, si es que para entonces ETA no ha tomado una decisión definitiva sobre el avance o la ruptura del proceso. Una posición de arbitraje la de la banda terrorista que da una idea de lo mal que se han hecho las cosas en estos dos largos años de legislatura, porque en estos momentos es ETA la que puede inclinar hacia un lado u otro el fiel de la balanza de la gran disputa nacional que ha permitido que, en el día de la Constitución, lo dos grandes líderes nacionales no se hayan sentado a conversar.
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EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS
De espaldas a la Constitución
Pablo Sebastián
Rajoy y Zapatero han celebrado el aniversario de la Constitución de espaldas. El primero, que no quería tocarla, para que los nacionalistas aliados del presidente la pudieran centrifugar completando en el Senado —y en el Tribunal Constitucional— la operación iniciada por el presidente con la reforma de los Estatutos de Autonomía camino del modelo federal y que ahora propone reformas para reforzar el poder del Estado; y el jefe del Gobierno, que mantiene su empeño en la reforma federal que ha asumido para garantizarse su presencia en el poder y de paso abrir la puerta federal o confederal a la negociación con ETA que, de llegar a un final pactado, le daría todas las facilidades para permanecer en el poder y darle sentido a su desvaído liderazgo y muy complicada legislatura.
Pero los dos, Zapatero y Rajoy, saben que en las actuales circunstancias nada se puede tocar ni cambiar, máxime cuando se ha conocido la noticia de que el segundo hijo de los Príncipes de Asturias será mujer, con lo que la urgencia de reforma del orden sucesorio de la Corona queda definitivamente aplazada hasta un nuevo embarazo, si es que llega. Y sobre todo porque la brecha abierta entre los dos grandes partidos, cada vez mucho más profunda, va desde lo personal a lo político pasando por lo institucional y por cada uno de los debates abiertos en la escena nacional, y en especial el relativo al llamado proceso de paz con los terroristas.
Quizás por eso, y porque en el Gobierno y en el PSOE empiezan a ver el proceso más complejo y complicado de lo que parecía y están pendientes de la respuesta que dará la banda a las últimas capturas de sus comandos en Francia, Zapatero ha hecho ayer un llamamiento para la recuperación del consenso, mientras que Rajoy dice que se debe regresar al Pacto Antiterrorista, un paso que se resiste a dar el presidente porque sabe que ello significaría la práctica ruptura de la negociación.
En realidad, los dos consideran que están bien como están y que, por ahora, y en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas, a ninguno le conviene dar un paso al frente para pactar. Zapatero porque cree que aún puede reconducir el proceso, y Rajoy porque está convencido de que el presidente se va a estrellar y que ello pronto le va a beneficiar, a sabiendas además de que el PP mejora en los sondeos electorales y que el PSOE ha comenzado a perder apoyos de manera clara.
Y mientras las cosas siguen así, la crispación crece en la sociedad española, que no ve ni en uno ni en otro partido un liderazgo fuerte y decidido ni un proyecto capaz de poner en pie a una mayoría suficiente que permita la recomposición de una sociedad dividida tras los atentados del 11M en Madrid, y que desde entonces arrastra esa ruptura que el Gobierno del PSOE ha sido incapaz de subsanar e incluso, al contrario, aumentó con las reformas autonómicas que, por la vía de leyes orgánicas, ha burlado el marco constitucional. Mientras que en el lado del PP se ha producido un giro hacia una derecha cada vez más dura y radical, que ampara extrañas conspiraciones del 11M para ocultar sus errores y mentiras y que exige a los ciudadanos un cambio radical de sus posiciones ideológicas y electorales, lo que no es fácil de alcanzar.
Las urnas, de las que da la impresión que huyen muchos ciudadanos camino de la abstención —como lo hemos visto en Cataluña—, dirán algo en la próxima primavera, si es que para entonces ETA no ha tomado una decisión definitiva sobre el avance o la ruptura del proceso. Una posición de arbitraje la de la banda terrorista que da una idea de lo mal que se han hecho las cosas en estos dos largos años de legislatura, porque en estos momentos es ETA la que puede inclinar hacia un lado u otro el fiel de la balanza de la gran disputa nacional que ha permitido que, en el día de la Constitución, lo dos grandes líderes nacionales no se hayan sentado a conversar.