LOS HINOJOSOS: 24/12/2006 Los conservadores españoles, una excepción...

24/12/2006
Los conservadores españoles, una excepción en Europa
Aznar, o una escuela para la derecha actual
Que el encuentro en la Moncloa entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición represente un acontecimiento inédito en muchos meses debería preocupar a los políticos y ciudadanos de una democracia europea como la nuestra. Y es que, desde hace mucho tiempo, algo no funciona en España. La labor de oposición no se ejerce como en otros países: la negación y el rechazo a toda propuesta del Gobierno son las principales características de unos políticos que miran con profundo recelo al Ejecutivo actual.
Crispación
Asistimos a la emergencia de una derecha furiosa, indomable, un conjunto de políticos despechados y privados de un poder que parece que creían eternamente propio. El adjetivo crispación define como ninguno el presente año, a punto de acabar. Y el anterior. La razón de estos comportamientos se esconde, entre otros hechos, en la sorpresa que el 14 de marzo de 2004 supuso para los conservadores –que se preparaban para su tercera legislatura en el poder-, así como una doctrina intervencionista y autoritaria que ha sabido convivir con nuestro sistema democrático durante muchos años: el legado de Aznar, lo que podríamos denominar el aznarismo.
España va bien
José María Aznar venció por un estrecho margen las elecciones de 1996, encumbrando al Partido Popular –al que calificó de “democristiano”-, por primera vez, al Gobierno de la nación española. Los dos Gobiernos Aznar tuvieron rasgos comunes, como fue la lucha contra el terrorismo –utilizada como auténtica bandera electoral- y las numerosas privatizaciones y reducciones de derechos de los trabajadores. Aun así, España iba bien.
Liberal-intervencionista
Pero un rasgo muy significativo del otrora militante falangista, José María Aznar López, fue su descarado intervencionismo en los medios de comunicación. No en vano, uno de sus más fieles valedores en las ondas, Federico Jiménez Losantos, narra en su libro recientemente publicado “De la noche a la mañana” varias operaciones orquestadas por Aznar para controlar todo intento de disidencia en los medios conservadores, para así crear un conglomerado que actuara de manera totalmente servil al presidente. El resto de medios incómodos pertenecerían, entonces, (en su lenguaje) al cáncer polanquista. El ex presidente no consiguió sus objetivos, pero su condición de liberal –de la que ahora alardean muchos de sus seguidores y fans- quedó más que en entredicho.
Democracia autoritaria
Al margen de estas iniciativas, la conducta de Aznar evolucionaba, ya entrados en el nuevo milenio, hacia el autoritarismo más claro: el presidente, amigo de Bush, parecía encumbrado a un nivel superior y encaminado –como los mejores dictadores- a cumplir una misión en la historia: ayudar a democratizar el inhóspito Oriente Medio. Con un claro desprecio por la población civil, que rechazó a voces en varias ocasiones el proyecto de invasión de Irak, Aznar se sumó sin dudarlo a la iniciativa del presidente americano. Las consecuencias de patrocinar una de las más desastrosas guerras en los últimos tiempos ya las conocemos: el 11-M y la radicalización y propagación de células islamistas por todo el mundo. Unos efectos que seguiremos presenciando.
Algo habrán hecho
No sorprenden, a este respecto, las declaraciones del ex presidente sobre el Islam. Sus exigencias de recibir disculpas por los ochocientos años de ocupación musulmana reflejan el mismo remordimiento que el del maltratador de mujeres, que intenta encontrar en éstas una razón que explique su salvaje comportamiento (algo habrá hecho…). Acostumbrado a no reconocer sus errores, el ex mandatario justifica en discursos como éstos sus pasadas decisiones.
FAES
Al contrario de lo que afirma, Aznar está muy presente en la política nacional. Con intervenciones y declaraciones semanales –finamente calculadas por alguien que sabe mucho sobre los efectos de los medios de comunicación-, el ex presidente sigue condicionando directa e indirectamente a la derecha española. Además, preside la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que, lejos de ser una institución independiente del poder político, se ha convertido en el mascarón de proa de la comunicación de impacto o agit prop, destinada a poner en cuestión y deslegitimar al Gobierno actual. El vídeo producido sobre el 11-M –caldo de cultivo para la teoría de la conspiración- podría ser suficiente para ejemplificar las funciones de esta fundación independiente.
¿Y Rajoy?
Comprobado el poder que llegó a tener el que ahora se declara como “retirado de la política”, así como el entramado mediático y social que ha dejado a su marcha, nos queda preguntarnos qué margen le queda al actual líder Mariano Rajoy para operar con independencia y moderar las tendencias que en el pasado acabaron con el PP como partido en el poder. La respuesta es oscura y dudosa. La reunión con el presidente del Gobierno parece “atada y bien atada”, como ya publicara hace unos días este periódico. Un gabinete de políticos (el del PP) idéntico al de la última etapa del ex presidente, y que opera con demasiada dependencia de este. ¿Necesitan un nuevo liderazgo, o es que Aznar sigue más que presente en Génova?
Atado y bien atado
Es curiosa la obsesión de la derecha por dejar hechos los deberes del futuro. El dictador Franco creyó dejarlo todo “atado y bien atado” cuando muriera ya hace más de treinta años. Lo que podemos observar en la actualidad es que Aznar, otrora fiel alumno del Generalísimo, lo ha hecho a su manera. Y hará falta más de una legislatura para que la oposición conservadora pueda librarse de este lastre. Cuanto antes, mejor.