PP español: franquismo y cacerolismo
CUANDO SE CUMPLE el tercer aniversario de los atentados terroristas en las estaciones ferroviarias de Madrid, en los que murieron casi dos centenares de personas y millares resultaron heridas, el ambiente político español alcanza grados de crispación sin precedentes desde el establecimiento del actual régimen institucional, en 1978, y el país se ve amenazado por una fractura política de consecuencias imprevisibles.
El factor central es la ofensiva lanzada por el Partido Popular contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español. Los “populares”, encabezados por Mariano Rajoy, han encontrado un arma arrojadiza en la atenuación de la sentencia del etarra Iñaki de Juana Chaos, a quien los poderes Ejecutivo y Judicial le permitieron cumplir bajo detención domiciliaria el resto de la pena que purgaba en la cárcel por el delito de amenazas. La directiva del PP se lanzó a explotar a fondo el disgusto que esta decisión ha causado entre asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA, asumió el protagonismo en una marcha multitudinaria realizada el pasado sábado en Madrid para rechazar la medida y, aprovechando el impulso de los cientos de miles de manifestantes, Rajoy ha llegado a afirmar que Rodríguez Zapatero “ya no vale como Presidente”, en una expresión que está muy cerca de desconocer a un Gobierno democrática e institucionalmente constituido (...) La concentración tuvo tonos franquistas. La “defensa de España” alegada por Rajoy, y sus expresiones contra la diversidad y la pluralidad, evocan obligadamente a la “España una, grande, libre” que fue lema de la dictadura. Las huestes “populares” inclusive ondearon las banderas distintivas del viejo régimen, el último sobreviviente de los fascismos europeos (...)
El recuerdo del 11 de marzo de 2004 y de los civiles inocentes que murieron en los atentados obliga a tener en cuenta, además, la génesis de aquel ataque, que no fue otra que la delirante y criminal participación del Gobierno español -presidido entonces por el “popular” José María Aznar- en la agresión contra Irak lanzada por la Casa Blanca. A tres décadas de iniciada la transición española, su debilidad fundamental se hace hoy evidente: el campo democrático pactó con una derecha autoritaria, intolerante y chovinista que hoy marcha al asalto de las instituciones, no con métodos parlamentarios y electorales, sino con campañas de desinformación e intoxicación de la opinión pública, prácticas cacerolistas y una clara estrategia de desestabilización política. A lo que puede verse, el espíritu de Franco sigue vivo entre sus nietos ideológicos.
La Jornada.
CUANDO SE CUMPLE el tercer aniversario de los atentados terroristas en las estaciones ferroviarias de Madrid, en los que murieron casi dos centenares de personas y millares resultaron heridas, el ambiente político español alcanza grados de crispación sin precedentes desde el establecimiento del actual régimen institucional, en 1978, y el país se ve amenazado por una fractura política de consecuencias imprevisibles.
El factor central es la ofensiva lanzada por el Partido Popular contra el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español. Los “populares”, encabezados por Mariano Rajoy, han encontrado un arma arrojadiza en la atenuación de la sentencia del etarra Iñaki de Juana Chaos, a quien los poderes Ejecutivo y Judicial le permitieron cumplir bajo detención domiciliaria el resto de la pena que purgaba en la cárcel por el delito de amenazas. La directiva del PP se lanzó a explotar a fondo el disgusto que esta decisión ha causado entre asociaciones de víctimas del terrorismo de ETA, asumió el protagonismo en una marcha multitudinaria realizada el pasado sábado en Madrid para rechazar la medida y, aprovechando el impulso de los cientos de miles de manifestantes, Rajoy ha llegado a afirmar que Rodríguez Zapatero “ya no vale como Presidente”, en una expresión que está muy cerca de desconocer a un Gobierno democrática e institucionalmente constituido (...) La concentración tuvo tonos franquistas. La “defensa de España” alegada por Rajoy, y sus expresiones contra la diversidad y la pluralidad, evocan obligadamente a la “España una, grande, libre” que fue lema de la dictadura. Las huestes “populares” inclusive ondearon las banderas distintivas del viejo régimen, el último sobreviviente de los fascismos europeos (...)
El recuerdo del 11 de marzo de 2004 y de los civiles inocentes que murieron en los atentados obliga a tener en cuenta, además, la génesis de aquel ataque, que no fue otra que la delirante y criminal participación del Gobierno español -presidido entonces por el “popular” José María Aznar- en la agresión contra Irak lanzada por la Casa Blanca. A tres décadas de iniciada la transición española, su debilidad fundamental se hace hoy evidente: el campo democrático pactó con una derecha autoritaria, intolerante y chovinista que hoy marcha al asalto de las instituciones, no con métodos parlamentarios y electorales, sino con campañas de desinformación e intoxicación de la opinión pública, prácticas cacerolistas y una clara estrategia de desestabilización política. A lo que puede verse, el espíritu de Franco sigue vivo entre sus nietos ideológicos.
La Jornada.