La derecha, sin cultura democrática
Para Sartorius la Transición forma parte de nuestro presente democrático, porque “hemos luchado la democracia”. Y por ello considera que la derecha dominante de la España actual no ha sabido romper con la dictadura. “Si la derecha no arregla sus cuentas con la dictadura, no habrá una cultura profunda democrática en al derecha española”.
El PP no viene de la UCD
A ello, el portavoz del grupo parlamentario socialista, Diego López Garrido, que presentó el libro, añadió que “la derecha no sabe expresar quiénes son sus padres políticos, porque no los tiene. Tiene que remontarse a Cánovas del Castillo, porque no puede acogerse a la Historia inmediata, al franquismo. La derecha del Partido Popular no es heredera de la UCD, sino de Alianza Popular”.
Legitimizar el franquismo
Garrido atribuye este hecho a los ocho años del Gobierno de José María Aznar, puesto que “él fue quien dijo ‘La derecha sin complejos’”. Así han podido “dulcificar” el franquismo: “Teniendo en cuenta que la relación con el franquismo es un estigma, en vez de condenarlo, recuperan el franquismo y lo legitimizan”.
Tópicos de la Transición
Nicolás Sartorius cree que “el relato que se hace de la Transición poco tiene que ver con lo que ocurrió realmente”, está lleno de “tópicos, inexactitudes y tergiversaciones” y, lo que es peor, “hay una gran injusticia con los verdaderos actores sociales” de la Transición, que no fueron los dirigentes políticos.
El pueblo hizo un gran papel
“Creemos que hay que elevar la autoestima colectiva” de los españoles, afirma Sartorius, porque en España “hubo una lucha por la democracia”, y esto parece que “se le niega la identidad nacional colectiva”, cuando se dice que la democracia “llegó”, como si fuese una cosa natural, después del franquismo. Las movilizaciones sociales, de trabajadores, de estudiantes, vecinal y de profesionales fue esencial en esa lucha por al democracia.
La calle, protagonista
Relato que ratificó el historiador José Fontana, también presentador del libro: “La dictadura murió en la calle, con la lucha desde abajo, y los dirigentes políticos se han atribuido a menudo victorias que nos e merecen”
Hubo violencia e involución
Alberto Sabio opina que aquéllos fueron “unos años más duros de lo que se ha difundido, con más violencia de la que creemos, y con la presencia de un notable involucionismo civil y militar”. Fueron años de “incertidumbre y de temor”, lo que facilitó la Transición pacífica, puesto que había “una mayor autocontención, una voluntad de negociación y cierto grado de vigilancia mutua entre diferentes sectores sociales”.
El motor del cambio
Sobre el papel de los dirigentes políticos, el tópico, según los autores, les da mayor relevancia de la que tuvieron realmente. “Suárez, Carrillo, y los otros dirigentes fueron los copilotos, y el Rey el piloto de la Transición. Pero el motor fue la erosión social ejercida desde abajo”.
Franquismo sin Franco
Sartorius explica que uno de los momentos clave de la Transición fue la destitución de Arias Navarro (el primer Gobierno después de la muerte de Franco) por el Rey, en abril de 1976. “El Gobierno Arias-Fraga era una gravísima amenaza que pretendía perpetuar la dictadura, el franquismo sin Franco”, sostiene.
Legalizar al PCE no estaba previsto, de momento
El otro momento clave fue, según defienden en el libro, la legalización del Partido Comunista, que en principio no estaba prevista por nadie, “hasta después de las primeras elecciones”. “Fue otra vez la presión social lo que provocó la legalización del PCE, sin él unas elecciones no eran creíbles, ni posibles, porque CCOO tenía mucha fuerza y las podría haber impedido”.
España, muy retrasada
Los autores demuestran con documentos que en noviembre de 1975 (cuando murió Franco), contra lo que se afirma, España no era equiparable con Europa, y niegan que, tal como ahora defiende la derecha, el franquismo tuvo “cosas positivas” en los ámbitos económico y social. “Es cierto que hubo cierto desarrollo económico, pero es que España estaba retrasadísima”, dice Sartorius. “La modernización la ha traído la democracia”, apostilla.
La reforma que llevó a la ruptura
Otro de los tópicos que rechazan es el de que no hubo ruptura. Lo que entonces se consideró como la vía de la reforma, frente a la de la ruptura, lo interpretan así. ”El método fue el de la reforma, pero el resultado fue el de una ruptura”, y señalan a la Constitución de 1978, como ejemplo de un texto legal que nada tiene que ver con las leyes de la dictadura. En este sentido, ponen en cuestión el concepto mismo de la “Transición”, puesto que “implica un movimiento natural, como si se llegara sin esfuerzo y siguiendo las leyes de la naturaleza, de la dictadura al democracia, y esto no fue así, hubo una voluntad y una lucha”.
La Transición no empezó hasta 1976
Los autores también niegan, tal como se ha afirmado en alguna ocasión, que el asesinato de Carrero Blanco, en 1973, por obre de ETA fuera el inicio de algún cambio. “no supuso el inicio de nada, porque no cambió mucho las cosas, y además resultaba mucho más complicado para la democracia Arias Navarro, puesto que Carrero era muy monárquico, y para el rey, en cambio, Arias se estaba convirtiendo en un verdadero problema”. La Transición empezó en 1976, realmente.
Para Sartorius la Transición forma parte de nuestro presente democrático, porque “hemos luchado la democracia”. Y por ello considera que la derecha dominante de la España actual no ha sabido romper con la dictadura. “Si la derecha no arregla sus cuentas con la dictadura, no habrá una cultura profunda democrática en al derecha española”.
El PP no viene de la UCD
A ello, el portavoz del grupo parlamentario socialista, Diego López Garrido, que presentó el libro, añadió que “la derecha no sabe expresar quiénes son sus padres políticos, porque no los tiene. Tiene que remontarse a Cánovas del Castillo, porque no puede acogerse a la Historia inmediata, al franquismo. La derecha del Partido Popular no es heredera de la UCD, sino de Alianza Popular”.
Legitimizar el franquismo
Garrido atribuye este hecho a los ocho años del Gobierno de José María Aznar, puesto que “él fue quien dijo ‘La derecha sin complejos’”. Así han podido “dulcificar” el franquismo: “Teniendo en cuenta que la relación con el franquismo es un estigma, en vez de condenarlo, recuperan el franquismo y lo legitimizan”.
Tópicos de la Transición
Nicolás Sartorius cree que “el relato que se hace de la Transición poco tiene que ver con lo que ocurrió realmente”, está lleno de “tópicos, inexactitudes y tergiversaciones” y, lo que es peor, “hay una gran injusticia con los verdaderos actores sociales” de la Transición, que no fueron los dirigentes políticos.
El pueblo hizo un gran papel
“Creemos que hay que elevar la autoestima colectiva” de los españoles, afirma Sartorius, porque en España “hubo una lucha por la democracia”, y esto parece que “se le niega la identidad nacional colectiva”, cuando se dice que la democracia “llegó”, como si fuese una cosa natural, después del franquismo. Las movilizaciones sociales, de trabajadores, de estudiantes, vecinal y de profesionales fue esencial en esa lucha por al democracia.
La calle, protagonista
Relato que ratificó el historiador José Fontana, también presentador del libro: “La dictadura murió en la calle, con la lucha desde abajo, y los dirigentes políticos se han atribuido a menudo victorias que nos e merecen”
Hubo violencia e involución
Alberto Sabio opina que aquéllos fueron “unos años más duros de lo que se ha difundido, con más violencia de la que creemos, y con la presencia de un notable involucionismo civil y militar”. Fueron años de “incertidumbre y de temor”, lo que facilitó la Transición pacífica, puesto que había “una mayor autocontención, una voluntad de negociación y cierto grado de vigilancia mutua entre diferentes sectores sociales”.
El motor del cambio
Sobre el papel de los dirigentes políticos, el tópico, según los autores, les da mayor relevancia de la que tuvieron realmente. “Suárez, Carrillo, y los otros dirigentes fueron los copilotos, y el Rey el piloto de la Transición. Pero el motor fue la erosión social ejercida desde abajo”.
Franquismo sin Franco
Sartorius explica que uno de los momentos clave de la Transición fue la destitución de Arias Navarro (el primer Gobierno después de la muerte de Franco) por el Rey, en abril de 1976. “El Gobierno Arias-Fraga era una gravísima amenaza que pretendía perpetuar la dictadura, el franquismo sin Franco”, sostiene.
Legalizar al PCE no estaba previsto, de momento
El otro momento clave fue, según defienden en el libro, la legalización del Partido Comunista, que en principio no estaba prevista por nadie, “hasta después de las primeras elecciones”. “Fue otra vez la presión social lo que provocó la legalización del PCE, sin él unas elecciones no eran creíbles, ni posibles, porque CCOO tenía mucha fuerza y las podría haber impedido”.
España, muy retrasada
Los autores demuestran con documentos que en noviembre de 1975 (cuando murió Franco), contra lo que se afirma, España no era equiparable con Europa, y niegan que, tal como ahora defiende la derecha, el franquismo tuvo “cosas positivas” en los ámbitos económico y social. “Es cierto que hubo cierto desarrollo económico, pero es que España estaba retrasadísima”, dice Sartorius. “La modernización la ha traído la democracia”, apostilla.
La reforma que llevó a la ruptura
Otro de los tópicos que rechazan es el de que no hubo ruptura. Lo que entonces se consideró como la vía de la reforma, frente a la de la ruptura, lo interpretan así. ”El método fue el de la reforma, pero el resultado fue el de una ruptura”, y señalan a la Constitución de 1978, como ejemplo de un texto legal que nada tiene que ver con las leyes de la dictadura. En este sentido, ponen en cuestión el concepto mismo de la “Transición”, puesto que “implica un movimiento natural, como si se llegara sin esfuerzo y siguiendo las leyes de la naturaleza, de la dictadura al democracia, y esto no fue así, hubo una voluntad y una lucha”.
La Transición no empezó hasta 1976
Los autores también niegan, tal como se ha afirmado en alguna ocasión, que el asesinato de Carrero Blanco, en 1973, por obre de ETA fuera el inicio de algún cambio. “no supuso el inicio de nada, porque no cambió mucho las cosas, y además resultaba mucho más complicado para la democracia Arias Navarro, puesto que Carrero era muy monárquico, y para el rey, en cambio, Arias se estaba convirtiendo en un verdadero problema”. La Transición empezó en 1976, realmente.