LOS HINOJOSOS: En nombre de Espe, gracias, señor Pumpido Se acerca...

En nombre de Espe, gracias, señor Pumpido

Se acerca el 27 de mayo y el tamayazo apenas aparece en la campaña electoral. Ha tenido el coraje de evocarlo el ministro de Justicia, Fernández Bermejo, quien hace cuatro años era fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Ni él ni el responsable máximo de la Fiscalía Anticorrupción, que entonces era Jiménez Villarejo, pudieron investigar uno de los asuntos más turbios –y más graves- de los treinta años de democracia en España. El fiscal general del Estado, Jesús Cardenal –nombrado para el cargo por el Gobierno Aznar-, lo impidió eficazmente.
Fernández Bermejo fue -meses después de semejante pucherazo- destituido de su función de fiscal jefe madrileño. A Jiménez Villarejo le sucedió otro tanto. En este caso, y para podérselo quitar de encima, el PP modificó la ley vigente, de modo que le aplicaron una normativa redactada específicamente contra él. Lo cierto es que los dos fiscales mencionados acabaron en el cadalso. Fueron técnicamente decapitados. Constituían un peligro potencial y la derecha no estaba dispuesta a correr ningún riesgo.

Ha transcurrido el tiempo y el tamayazo –al paso que vamos- terminará figurando en el catálogo de los crímenes perfectos. ¿A quién benefició la sospechosa huida de los dos socialistas traidores? Está claro. En primer lugar, a Esperanza Aguirre. En segundo término, al PP como partido. Y, en tercera posición, a cuantos han seguido gozando, durante otro cuatrienio más, de un caldo de cultivo político, propicio a los grandes negocios urbanísticos. Aunque Romero de Tejada haya desaparecido del escenario, el romerismo de tajada ha continuado actuando en Madrid y sus alrededores.

El PP ha conseguido una importante proeza. En estas elecciones municipales, hablamos públicamente –también en privado- muchísimo más de Batasuna y de la ANV, por ejemplo, que de la corrupción vinculada al ladrillo. La cortina de humo funciona a las mil maravillas. Se le exige al fiscal general Conde-Pumpido que no deje pasar ni una a los batasunos, pero nadie le recuerda que es una vergüenza sin par que el tamayazo siga durmiendo el sueño de los injustos. En teoría, nadie hubiera tenido que pedirle al sucesor de Cardenal que incentivara algo que pertenece al más estricto sentido común: la acción judicial personándose en un episodio democráticamente repulsivo. Lo hubiera tenido que hacer, Conde Pumpido, por sí solo. Pero no ha hecho nada. En todo caso, y en nombre de Espe, gracias, señor fiscal general del Estado.