Zapatero y Rajoy andan perdidos en el laberinto español y quizás no saben que asisten a un final de régimen, al final de la transición. Pero la puerta de salida a esta situación no está en la España confederal e intervencionista, con más poder para los partidos y sus aparatos o cuadros de dirigentes y camino de las desmembración. La salida, tarde o temprano aparecerá, es otra es bien distinta y más ambiciosa: la de la gran reforma democrática para salir de la transición partitocrática y parlamentaria hoy vigente hacia una democracia plena y presidencialista. Con una justicia independiente, la elección directa de diputados y altos cargos
—incluido el presidente del Gobierno— y un sistema electoral mayoritario y a dos vueltas que impida que minorías nacionalistas como la izquierda —que ni es republicana, ni democrática, ni de izquierdas— ponga en tela de juicio nuestra Historia y la unidad naciona.
—incluido el presidente del Gobierno— y un sistema electoral mayoritario y a dos vueltas que impida que minorías nacionalistas como la izquierda —que ni es republicana, ni democrática, ni de izquierdas— ponga en tela de juicio nuestra Historia y la unidad naciona.