Rehén de posiciones demenciales
Rajoy se la juega definitivamente mañana en Moncloa
“El proceso está en sus fases preliminares y el Gobierno no es ni más optimista ni más pesimista que hace quince días. En esta fase preliminar, y en las sucesivas –en las que yo creo que en algún momento se adentrará- vamos a ser prudentes y discretos (…) Confío en que esas fases preliminares den paso a otras más sustantivas, pero eso creo que va a llevar algún tiempo”, manifestó ayer el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en rueda de prensa convocada a raíz de la noticia de que se habría producido la primera reunión entre el Gobierno y ETA.
Esa noticia ni la confirmó ni la desmintió Rubalcaba. éste se acogió, pues, a una fórmula retórica que en la práctica significa que tal reunión sí tuvo lugar, aunque incorporada a una de esas “fases preliminares” aludidas. Se habría tratado probablemente de un nuevo contacto para fijar orden del día, fecha y enclave del encuentro. Estamos aún en los prolegómenos y el alto el fuego se mantiene, aunque se sucedan episodios inquietantes como el de los dos etarras que escaparon de su detención en Francia, pistola en mano y encañonando a los dos gendarmes.
Trampa o emboscada
Acontece que todo lo anterior coincide casi en el tiempo con el encuentro en Moncloa entre el jefe del Ejecutivo y el jefe de la oposición. Ello ha disparado de nuevo la indignación de la derecha que ahora acusa al Gobierno de haber tendido una especie de trampa o de emboscada a Mariano Rajoy. Cualquier pretexto es bueno –desde la lógica demagógica del PP- para montar una bronca en torno al proceso de paz. Bronca que, por otra parte, también va dirigida al propio Rajoy y que la promueven los sectores más intransigentes de su partido, capitaneados una vez más por Losantos desde la emisora de los obispos.
Férreo cerco
Rajoy actúa en régimen de libertad vigilada. Y, además, parece incapaz de quebrar el férreo cerco del que es objeto. ¿Qué ocurriría si, al salir del palacio presidencial, el líder del PP dijera que compartía muchas de las razones o argumentos de su anfitrión, que nada esencial ha sido vulnerado por el Gobierno a lo largo de los últimos tiempos, que conseguir el fin dialogado de ETA es un objetivo en sí mismo plausible y que el PP se sumaría claramente, a partir de ahora, al esfuerzo común por terminar con la pesadilla etarra, aunque –como es su deber- no pensaba abdicar de la labor fiscalizadora que corresponde en democracia a la oposición? ¿Qué ocurriría, si asimismo Rajoy advirtiera que en el supuesto de que Zapatero cediese a las exigencias políticas de ETA/Batasuna, el PP denunciaría el hecho y, en tal caso, exigiría responsabilidades pero, eso sí, cuando hubiera pruebas tangibles de la cesión, no únicamente cábalas o simples invenciones?
Por fin, hacia el centro
Ocurriría simplemente que Rajoy demostraría su talla de líder. Mañana, el presidente del PP dispone de una gran oportunidad para romper las cadenas que lo mantienen rehén de posiciones que son a menudo demenciales y, desde luego, escasamente democráticas. El PP empezaría a deslizarse, por fin, hacia el centro o el centro-derecha. Desde donde, antes o después, podría vencer en las urnas y regresar al poder. Obstinarse en lo contrario frente a una auténtica cuestión de Estado, cuya solución beneficiaría a la inmensa mayoría de los ciudadanos –de cualquier ideología-, es, sobre todo, un error. Más vale llegar tarde a la cordura, o al sentido común, que no llegar nunca. Este tipo de retrasos no corregidos se acaban pagando muy caros. Rajoy se la juega definitivamente mañana. él sabrá qué hacer.
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