Con razón le pusieron después esta leyenda debajo de su retrato:

¡Santo es Fidel, y fue abogado!,
Obra del poder Divino.
Mucho le costó ser capuchino
y morir después martirizado.
Dividió sus importantes riquezas en dos partes: la mitad la repartió a los pobres, y la otra mitad la dio al Sr. Obispo para que hiciera un fondo para costear los estudios a seminaristas pobres.
Un día el abogado contrario a un pleito, le ofreció en secreto una gran cantidad de dinero, con tal de que arreglaran los dos en privado y se le diera la victoria al rico que había cometido la injusticia. Fidel se quedó aterrado al constatar lo fácil que es para un abogado el prestarse a trampas y vender su alma a Satanás por unas monedas como lo hizo Judas. Y dispuso dejar la abogacía y entrar de religioso capuchino. Tenía 35 años.
Como abogado, Fidel se dedicó a defender gratuitamente a los pobres que no tenían con qué costearse un defensor. Su generosidad era tan grande que la gente lo llamaba "El abogado de los pobres". Ya desde muy joven renunciaba a conseguir y estrenar trajes nuevos y el dinero que con eso ahorraba lo repartía entre las gentes más necesitadas. Jamás en su vida de estudiante ni en sus años de profesional tomó licor, ni nadie lo vio en reuniones mundanas o que ofrecieran peligro para la virtud. Sus compañeros ... (ver texto completo)
Tenía una inteligencia muy vivaz y fue enviado a estudiar a la Universidad de Friburgo, donde obtuvo doctorado en ambos derechos, y luego llegó a ser profesor muy estimado de filosofía y letras. Durante seis años fue encargado de la educación de varios jóvenes de las familias principales de Suabia (Alemania), a los cuales llevó por varios países de Europa para que conocieran la cultura y el modo de ser de las diversas naciones. Sus alumnos se quedaban admirados del continuo buen ejemplo de su profesor ... (ver texto completo)
Breve Biografía

Nació en Sigmaringen, Alemania, en 1577.
Etimológicamente: Fidel = Aquel que es digno de confianza, es de origen latino.
Santoral

Fidel de Sigmaringen, Santo
Memoria Litúrgica, 24 de abril

Por: n/a | Fuente: EWTN

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: San Fidel de Sigmaringen, presbítero y mártir, el cual, siendo abogado, decidió entrar en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, llevando una vida observante de vigilias y oraciones. Asiduo en la predicación de la Palabra de Dios, fue enviado a la región de Recia para consolidar la verdadera doctrina, y en Sevis, de Suiza, fue martirizado por los ... (ver texto completo)
Para evaluar juntos nuestra relación:

¿Renovamos el propósito todos los días? ¿Rezamos por nuestro cónyuge, actual o futuro? ¿Cuidamos ambos la castidad conyugal y la pureza del lecho nupcial? ¿Recibimos la Eucaristía frecuentemente? ¿Pedimos perdón? ¿Nos perdonamos? ¿Rezamos en Familia? Todos estos ingredientes nos va a ayudar a tener siempre un matrimonio fuerte y a prueba de infidelidades.
8. El perdón
Nuestra relación puede tener sus altibajos. Podremos, en un mal día, tratarnos mal, aun cuando nos amemos muchísimo. Como dije al principio, la convivencia puede hacernos perder el respeto. Entonces tendremos que perdonarnos. Y pedirnos perdón. En ese orden: estar siempre dispuestos a perdonar primero, y pedirnos perdón en cuanto podamos. Porque un buen matrimonio es la unión de dos buenos perdonadores. Y luego, cuando nos hayamos reconciliado, como hemos ofendido a la hija o el hijo favorito de Dios, ir a pedirle perdón a él de rodillas en el confesionario.

Nuestro matrimonio, ya sea actual o futuro, es lo mejor que vamos a hacer en nuestra vida si estamos llamados a la vocación conyugal. Es nuestro medio de santificación y nuestro camino al Cielo, por lo tanto, ¡merece ser cuidado siempre! Desde antes de comenzarlo hasta que «la muerte nos separe» podremos hacerlo siempre a prueba de infidelidades. ... (ver texto completo)
7. La sexualidad
¡Por supuesto que la vida sexual de la pareja previene infidelidades! San Pablo lo dice en la primera carta a los Corintios: «No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente» (1 Co, 7, 5).

La sexualidad en el matrimonio no solo está permitida, ¡está recomendada! Santo Tomás de Aquino ... (ver texto completo)
6. Renovar las promesas
Cada vez que vayamos a una boda, o después de participar juntos de la Eucaristía, ¡tomémonos unos minutos para renovar nuestros votos! Hagamos de la renovación diaria una oración, como recomienda el Papa Francisco. No necesitas tener una ceremonia especial para renovar tu matrimonio (si quieres puedes hacerlo, no tiene nada de malo) pero la idea es que cada acto de sacrificio y amor en el matrimonio, sea ocasión para que en tu interior renueves el deseo de serle fiel a tu ... (ver texto completo)
5. La castidad conyugal
La castidad no es solo “aguantar hasta que nos casamos”, durante nuestra vida conyugal las relaciones deben regirse por la castidad conyugal. ¿En qué consiste la castidad conyugal? Dejo la palabra al Papa Francisco: «… Es un amor que no usa al otro por el placer, que hace la vida de la otra persona sacra. “Yo te respeto, no quiero usarte”». En la castidad conyugal, cuidamos del otro como de nosotros mismos y como dice San Pablo: «El lecho conyugal sea inmaculado» (Hb 13,4). ... (ver texto completo)
4. La vida de fe
¿No debería ser el primer punto este? Es que los tres están intrínsecamente ligados. Estamos enamorados, pero deberíamos estarlo en Dios. Dialogamos, pero dialogamos de las cosas de Dios. Cada acto de nuestra vida conyugal está abierto a la trascendencia. En el génesis, cuando Dios crea a la humanidad, dice: «A Imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó…». Nuestra vida conyugal tiene que estar fundada sobre la roca, que es Cristo y tener un cemento de unión en una vida de ... (ver texto completo)
3. El diálogo
Desde el principio, pero especialmente una vez que comienza la vida conyugal, el diálogo tiene que ser fluido, constante, siempre presente. Y el diálogo no es solamente comunicación, o “pase de información”. El diálogo significa compenetrarse de la realidad del otro, saber qué le gusta, cómo se siente, cómo está, qué necesita, y una vez averiguado todo eso. ¡Ponerlo en práctica! Para dialogar, tiene que haber un encuentro de corazones, y es encuentro tiene que ser radicalmente profundo. ... (ver texto completo)