Santoral

Ángel de Acri, Santo
Sacerdote, 30 de Octubre

Por: Isabel Orellana Vilches | Fuente: Zenit. org

Presbítero

Martirologio Romano: En Acri, Calabria, Italia, San Ángel de Acri, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que viajó por todo el reino de Nápoles predicando la Palabra de Dios en un estilo adaptado a la gente sencilla. († 1739)
Si usted ha perdido a un ser querido, en verdad lo lamento, y lo entiendo. Pero TENGA FE. ESE SER QUERIDO, ESTÁ GOZANDO DE DIOS. Dios les bendiga

Este artículo fue publicado originalmente por nuestro aliado y amigo:

Padre
SAM

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Pero ¿Por qué no me sentí triste? En primer lugar porque NUNCA ESTUVE SOLO. Dios no me dejó solo, porque Dios me mando uno de mis dos ángeles en la vida, Karlita, que me apoyó y estuvo ahí. Además de muchísimos amigos, hermanos, compañeros que estuvieron pendientes. Y no me sentí triste por una sencilla razón: Dios la quería a ella allá. Para que desde allá, ella realice dos tareas: Rezar e interceder por mí; y prepararme un lugar a donde llegar. Solo puedo decir: “Señor, Gracias infinitas por regalarme ... (ver texto completo)
¿Tenía alguna razón para llorar? Humanamente sí dolió, siempre hay un duelo; pero de la mano de Dios todo adquiere sentido y se vive en paz. Es lógico, perder a un ser querido, y más a tu madre, es algo sumamente duro. Es una pérdida irreparable. Bien dice el dicho “madre, solo hay una”. Y los católicos tenemos dos: la terrenal y la del cielo, nuestra Madre Santísima. Por tanto, humanamente, sí había razón.
3. Mi mamá fue una fiel devota del rezo del santo Rosario toda su vida. Una mujer de oración, y no lo digo porque sea mi madre, lo digo porque es la verdad. Y ¿cuál fue el premio por esto? Mi mamá tuvo el auxilio de los sacramentos en sus últimos días (¡Faltaba más, tiene un hijo sacerdote!), en su velorio aparte de muchísima gente que acompañó, -como ya he mencionado- nos visitaron alrededor de 87 sacerdotes. Tuvimos 3 eucaristías dentro del velorio, aparte del funeral, en el que participamos alrededor ... (ver texto completo)
2. Dios de algún modo me preparó espiritualmente para la muerte de mi madre. Desde el 16 de agosto, en el clero de mi diócesis se dio un fenómeno un tanto inusual… comenzaron a morirse los familiares de algunos sacerdotes… en dos semanas, fallecieron familiares de 5 sacerdotes (en orden: mamá, papá, hermana, hermano) antes de la muerte de mi mamá. Cuando falleció el 4to, en ese orden, un día mientras rezaba sentí que Dios me dijo: prepárate porque seguís vos. Dos días antes de su muerte, le dije a mi mamá: “Mami, me da miedo que Dios se la quiera llevar, se están muriendo los familiares de los curas”. A lo que ella tranquilamente me respondió: “Si eso es lo que Dios quiere, vos y yo tenemos que ser felices”. Por tanto, cuando supe la noticia de su partida, no sentí, como ya dije, tristeza, ni dolor… Dios ya había preparado mi corazón. ... (ver texto completo)
1. Mi madre me contó alguna vez que ella siempre le había pedido dos gracias al Señor antes de morir: la primera, no morir sin antes verme ordenado sacerdote. La segunda, morir en una fiesta de la Virgen. ¿Adivinen qué? Dios le concedió ambas. Ella perteneció toda su vida a la Legión de María, y fue premiada con ello. Me vio y (me) disfrutó dos años como sacerdote, y Dios la llamó un 08 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Madre María. En resumen, Dios tenía ya todo planeado para ella. ... (ver texto completo)
Quisiera compartir 3 detalles en torno a la muerte de mi mamá y el por qué yo no tuve razón para llorar en su velorio y su funeral.
Dios nunca me dejó solo. Muchísimos amigos, amigas, familiares, me acompañaron en la vela. Me acompañaron alrededor de 87 sacerdotes en el transcurso del velorio y el funeral, e incluso en el momento del entierro de mi madre, habíamos 4 sacerdotes acompañando.
Algunos días después, le pregunté a mi papá cómo se sentía… ¡llevaban 52 años de casados! Me respondió, sereno, y con mucha seguridad: “La extraño. Pero llevaba varios días enferma… y no podía soportar verla sufrir. Ahora ella descansa en Dios”. Definitivamente, SOLO DIOS DA ESA PAZ.
Es muy difícil, emocionalmente, controlarse en situaciones como esa. Yo soy el menor de mis hermanos (somos 12) y soy el único religioso. En ese momento, típicamente de ser “el niño de la casa, el chimpe (decimos en mi país, El Salvador) el menor, pues, pasé a ser el hermano mayor. El hermano que tenía que dar palabras de consuelo, el hermano que tenía que fortalecer –como le tocó a san Pedro después que Jesús murió– a los demás. Sin embargo, a pesar del desconsuelo, del desánimo, todos mis hermanos ... (ver texto completo)
Cuando vi el cuerpo sin vida de mi madre… sentí un poco de nostalgia… fue increíble. Esa mujer, todo el tiempo llena de vida, que me esperaba cada semana en casa, que me hacía sentir su calor de madre cuando me abrazaba… ahora yacía ahí, en esa cama, fría, pálida… ya no estaba. Le di un beso en su frente y después la colocamos en la caja donde la tendríamos.
Me puse en camino hacia mi casa, me acompañaba un hermano sacerdote, que ha sido y sigue siendo un modelo y un maestro para mí. En el camino, rezamos el rosario, pedimos por mi mamá, y nos encaminamos a mi casa, donde sería el velorio, para preparar todos los detalles.
Fue un tanto gracioso, ahora que lo veo en retrospectiva… porque no estoy seguro qué sentí en ese momento. No eran ganas de llorar… no era tristeza… tampoco era alegría, obviamente. Era una especie de “estado de suspensión”. Me levanté, me bañé, me fui a rezar a la iglesia, y al volver a mi cuarto le llamé por teléfono a Karlita Estrada, mi mejor amiga. Le comenté lo que había pasado y al escucharla a ella sí lloré un poco. Quizá era más por escucharla a ella, que por mi mamá. Y es que… desde que ... (ver texto completo)
La noche anterior había recibido una llamada de mi hermana: “Jorge, mi mami está un poco delicada. Vamos a ingresarla a la clínica. Reza por ella”. Entonces, cuando el párroco entró a mi cuarto, me miró y me dijo: “Vengo a darte una mala noticia”. Yo sabía perfectamente de qué (o más bien de quién) se trataba. Le quité la palabra y le dije: “ ¿Mi mamá verdad?”; él dijo, “si”.