Esta vez has de estar muy atento, querido amigo que controlas la Web. Desde mi casa de Madrid voy a mandar este mismo mensaje las veces que me dé la gana, y aunque me censures con tu actitud fascistoide, no impedirás que alguien me lea antes de que cortes la opinión.
Este Vitor me ha gustado, como todos los Vitor de mi vida que no me perdí ni el de la mili. Y seguiré viniendo a pesar de este alcaldillo que religiosamente tienen que soportar mis amigos, mis vecinos de un pueblo que amo, y al que voy siempre que puedo. Pero hay cosas de las que estoy harto. Este año he querido quedarme a la misa de difuntos, para escuchar a nuestra banda, a la que siempre le tuve apego, quizás por mi amistad con algunos de sus miembros (que ya no están, por cierto).
Y quería hacer dos observaciones a este Vitor. Una porque me encontraba allí mismo, y me quedé de piedra cuando ví que dos señores de color naranja, los de la Protección Civil, querían abrir la puerta de la Umbría. La querían abrir justo a las 8 de la tarde, cuando empezábamos a cantar la Salve. No pudimos ni cantarla ni echar nuestro primer Vitor en paz. Y lo peor fueron los modos. Estoy de acuerdo con la opinión de uno más abajo. Que cesen al impresentable que dirige ese grupo. O que el alcalde dé las disculpas oportunas en público y reconozca el error.
Otra de mis observaciones muy crítica es con el discurso político que nos suelta en una misa que yo quiero dedicar a mis seres queridos que ya no están. Y nos habla de que mi pueblo progresa, ¿en qué?, me pregunto. No hay más que mirar cuando paseamos al lado del estandarte de nuestra Madre Inmaculada. Pueblo con escaso futuro con este alcalde, y con los que le precedieron también. Ideas nuevas, señor alcalde, no rancias. Horcajo ha de hacer la revolución. Entiéndame, no la que usted piensa, no, la revolución que le dé a mi pueblo otro futuro. Y lo más patético es comparar nuestro VITOR con la pipirrana (que dudo que la sepa hacer), el VITOR no se compara de esa forma tan vulgar. Y el cura predicador no es un ingrediente, es un participante más en esta ceremonia de contemplación de nuestra Virgen que cada año tenemos en estos días, y que nos ayuda a vernos por dentro, a reconocer nuestros fallos y a mejorar día a día. Y a pedir perdón cuando hace falta.
Señor alcalde, el año que viene volveré a la misa de difuntos para honrar a mis seres amados que no están a mi lado. Pero cuando comience a hablar, fíjese quien se levanta, yo seré uno de ello.
Viva el Vitor, mi pueblo y todos mis paisanos.
Este Vitor me ha gustado, como todos los Vitor de mi vida que no me perdí ni el de la mili. Y seguiré viniendo a pesar de este alcaldillo que religiosamente tienen que soportar mis amigos, mis vecinos de un pueblo que amo, y al que voy siempre que puedo. Pero hay cosas de las que estoy harto. Este año he querido quedarme a la misa de difuntos, para escuchar a nuestra banda, a la que siempre le tuve apego, quizás por mi amistad con algunos de sus miembros (que ya no están, por cierto).
Y quería hacer dos observaciones a este Vitor. Una porque me encontraba allí mismo, y me quedé de piedra cuando ví que dos señores de color naranja, los de la Protección Civil, querían abrir la puerta de la Umbría. La querían abrir justo a las 8 de la tarde, cuando empezábamos a cantar la Salve. No pudimos ni cantarla ni echar nuestro primer Vitor en paz. Y lo peor fueron los modos. Estoy de acuerdo con la opinión de uno más abajo. Que cesen al impresentable que dirige ese grupo. O que el alcalde dé las disculpas oportunas en público y reconozca el error.
Otra de mis observaciones muy crítica es con el discurso político que nos suelta en una misa que yo quiero dedicar a mis seres queridos que ya no están. Y nos habla de que mi pueblo progresa, ¿en qué?, me pregunto. No hay más que mirar cuando paseamos al lado del estandarte de nuestra Madre Inmaculada. Pueblo con escaso futuro con este alcalde, y con los que le precedieron también. Ideas nuevas, señor alcalde, no rancias. Horcajo ha de hacer la revolución. Entiéndame, no la que usted piensa, no, la revolución que le dé a mi pueblo otro futuro. Y lo más patético es comparar nuestro VITOR con la pipirrana (que dudo que la sepa hacer), el VITOR no se compara de esa forma tan vulgar. Y el cura predicador no es un ingrediente, es un participante más en esta ceremonia de contemplación de nuestra Virgen que cada año tenemos en estos días, y que nos ayuda a vernos por dentro, a reconocer nuestros fallos y a mejorar día a día. Y a pedir perdón cuando hace falta.
Señor alcalde, el año que viene volveré a la misa de difuntos para honrar a mis seres amados que no están a mi lado. Pero cuando comience a hablar, fíjese quien se levanta, yo seré uno de ello.
Viva el Vitor, mi pueblo y todos mis paisanos.