Cada vez que veo los efectos del maremoto en el sudeste asiático, me doy más cuenta de que dios no existe. No vale rezar, nada puede con la fuerza de la naturaleza. Ni estandartes, ni misas, ni imágenes, nadie salva a los pobres. Que el año que viene nos sea leve, que las fuerzas de la tierra no estropeen nuestro sistema de vida, que tan buen resultado da a unos pocos. Y a los que rezan diariamente, que disfruten lo que puedan, como yo hago, que otro mundo no les espera. Ni en el cielo ni en el infierno.